Australia, aliado incondicional de Corea del Sur en la región
La postura del gobierno de Canberra hay que tenerla en cuenta debido al carácter incondicional de su lealtad hacia Corea del Sur, simbolizada actualmente en Stephen Smith (Ministro de Defensa) y Kevin Rudd (ex Primer Ministro entre 2007-junio de 2010 y titular de la cartera de Exteriores). Históricamente, ha sido una constante de Australia apoyar a las democracias regionales consolidadas, manteniendo con las mismas vínculos indisolubles.
De forma más extensiva, la administración laborista australiana ha defendido el apoyo de Estados Unidos y de Japón a Corea del Sur, llevado a cabo no sólo bajo la forma de declaración oficial, sino de un modo más activo, a través de la realización de maniobras militares conjuntas. Todo ello sin olvidar la advertencia lanzada a China por parte de Barack Obama, exigiendo que condene públicamente el ataque norcoreano y se deje de dobles juegos, lo que podría herir (como así ha sido) la sensibilidad de Pekín.
Este último punto es fundamental y enlaza con varios aspectos de los recientes desarrollos de la política exterior australiana. Por un lado, la desconfianza que el programa militar de China suscita en Australia (y en buena parte de la región) debido a su opacidad, lo que ha generado dudas más que razonables en Canberra. Consecuencia de este hecho, ha sido, por ejemplo, el aumento de la relación bilateral con Japón, donde las cuestiones de seguridad y defensa han adquirido máximo protagonismo.
Por otro lado, y en lo que a la forma de actuar norcoreana se refiere, Stephen Smith y Kevin Rudd también han exigido una mayor implicación de China, sabiendo que es el único valedor mundial de Kim Jong-il. Dicho con otras palabras, Hu Jintao (Presidente de la República Popular China), deberá condenar públicamente a Pyongyang y prescindir de su mal entendida neutralidad pues ésta favorece a Corea del Norte, al mismo tiempo que introduce un factor de riesgo como es la creación de dos bandos: uno vinculado al Sur (Estados Unidos, Japón y Australia, como principales miembros) y otro al Norte (con China como único aliado).
El binomio Rudd-Smith ha defendido en todo momento el modus operandi del Presidente surcoreano Lee Myung-bak tras el ataque sufrido. Ambos políticos descartan que éste haya sido un hecho aislado así como que obedezca a una o varias motivaciones concretas del régimen comunista pues su impermeabilidad hace imposible vaticinar con acierto sus actuaciones presentes y venideras.
Dentro del discurso oficial australiano no conviene perder de vista otros puntos para comprender el actual e incierto panorama que afronta la región. No se trata de centrarse única y exclusivamente en el bombardeo de Yeonpyong, sino que el análisis es mucho más complejo y refrenda que la amenaza norcoreana siempre está presente. A ésta se han sumado algunas otras en fechas recientes, tales como el terrorismo, introduciendo un potencial de inestabilidad que en última instancia revierte negativamente en la prosperidad y seguridad australianas.
Para el gobierno australiano los acontecimientos que estamos presenciando durante estos días forman parte de la cadena de provocaciones y agresiones que durante 2010 Pyongyang viene ejerciendo sobre Corea del Sur. El hundimiento del Cheonan el pasado mes de marzo (que costó la vida a 56 oficiales surcoreanos) o los avances, nada disimulados, en el programa nuclear norcoreano, son las más sobresalientes pero no las únicas.
Asimismo, la agresión de Corea del Norte ha puesto también de manifiesto otro hecho que el actual gobierno laborista viene denunciando desde su llegada al poder en diciembre de 2007: Asia Pacífico se ha convertido en el centro de gravedad mundial en lo que a cuestiones económicas y comerciales se refiere. Sin embargo, presenta una serie de déficits en materia de seguridad alarmantes, que amenazan con convertirse en un obstáculo insuperable.
Australia, en consecuencia, percibe como necesarias pero insuficientes a algunas de las organizaciones que operan en este escenario, como la Asia Pacific Economic Cooperación (APEC) o el East Asia Summit (EAS). Ambas han sido motores fundamentales para el desarrollo de la región pero han prescindido deliberadamente del componente supranacional en lo que a cuestiones de seguridad y defensa se refiere.
Es en este punto donde el Australian Labor Party (ALP) ha centrado buena parte de su programa en política exterior, apostando por diferentes iniciativas de integración que vayan más allá de la mera finalidad económica y en las que tomen parte todas las potencias emergentes de la región, como India o China. Una de ellas fue la fallida propuesta de Asia Pacific Community (APC) que se topó con el nacionalismo ingente de una parte de sus socios potenciales, quedando, consecuentemente, descartada.
Este revés no supuso que primero Kevin Rudd y más tarde Julia Gillard (como Primera Ministra) hayan prescindido en su agenda de las cuestiones de seguridad y defensa. Esta afirmación se ve refrendada por lo acaecido en el pasado meeting de Hanoi de la ASEAN PLUS Defence Ministers, en el que se analizaron las amenazas tradicionales y no tradicionales a la seguridad, o los recientes Acuerdos de Cooperación en materia de Defensa suscritos con Singapur.
En definitiva, Corea del Norte demuestra con sus actuaciones que no es una amenaza potencial sino real para Asia Pacífico. Sin embargo, el conglomerado de intereses existentes en la región, unido a un nacionalismo estatal más que evidente, hacen que cualquier respuesta para poner freno a la beligerancia de Pyongyang responda más a impulsos bilaterales que regionales.





