Hugo Chávez: victimismo, paranoia y liberticidio
A Chávez se le acaban los chivos expiatorios en su Venezuela natal. La Iglesia, la prensa, la oposición política, las grandes empresas…contra todos ellos ha aplicado su dialéctica incendiaria y sus amenazas. Sin embargo, las carencias entre sus compatriotas aumentan, en paralelo a las de los ciudadanos de todos aquellos regímenes patrocinados por el Chavismo, especialmente Cuba y Nicaragua.
Además, “su” proyecto populista se ha estancado. Las elecciones celebradas este año en América Latina así lo han corroborado y las que tienen previsto efectuarse el próximo 3 de octubre en Brasil, tienen previsto seguir esta misma dinámica. Chávez ha tratado de influir sobre la candidata de Lula, Dilma Rousseff, sin que ésta se haya dado por aludida.
Con todo ello, el principal enemigo de Chávez en la región, Álvaro Uribe, le ha lanzado un órdago, declarando y afirmando que tiene pruebas de que terroristas de las FARC se encuentran en Venezuela. La reacción de Chávez ha sido furibunda, rompiendo relaciones diplomáticas con Colombia, país que sí se toma en serio la lucha contra el terrorismo y las cuestiones de seguridad. No olvidemos que la acusación efectuada por Uribe-Silva ya la formuló en 2008 el opositor al Chavismo, ahora exiliado en Perú, Manuel Rosales.
El gobierno colombiano presentó ante la OEA las pruebas de sus acusaciones, sin encontrar, por otro lado, respuesta o apoyo de la mencionada organización, la cual ha apostado, de nuevo, por el apaciguamiento. José Miguel Insulza, una vez más, cuando alguien cuestiona el proyecto bolivariano, recurre a la retórica diplomática. El chileno no tuvo la misma paciencia cuando de Honduras y Micheletti se trató, de tal modo que la expulsión del pequeño país centroamericano de la OEA fue fulminante. Por el contrario, cuando se trata de Chávez, lo mismo que cuando afecta a los Ortega o Morales de turno, la táctica es buscar el diálogo.
Ahora el turno es para la UNASUR, sin duda una prueba de fuego para esta organización de nuevo cuño. Néstor Kirchner, cuyos problemas en Argentina son grandes (más aún, tras el fracaso de su selección en el mundial de fútbol de Sudáfrica), deberá hacer las veces de mediador. Veremos qué sucede.
En cuanto a Chávez, hizo caso omiso a las propuestas pro-diálogo de Insulza y no sólo rompió las relaciones con Colombia sino que posteriormente habló de que el gobierno de Bogotá, en conjunción con la Casa Blanca, está preparando un magnicidio contra su persona. Es el habitual recurso a apagar los fuegos con gasolina, tan característico en el populismo latinoamericano, tan típico en el bolivarianismo.
Es sorprende que el Chavismo, y en general la izquierda latinoamericana, sigan cargando sus tintas contra Estados Unidos. ¿No quedamos en que Obama nada tenía que ver con Bush? Parece que no. La realidad es bien distinta y mucho más simple.
Obama, como su predecesor en el cargo, si por algo está caracterizando su política hacia América Latina es porque ésta ocupa un lugar secundario en su agenda, puesto que Irán, Irak, Afganistán y Corea del Norte tienen un lugar preferente en la misma. El caso de Honduras el pasado verano fue un buen ejemplo de esta tesis. Entonces pudimos ver cómo la Casa Blanca fue siempre por detrás de los acontecimientos y una vez zanjada la cuestión con las elecciones de noviembre de 2009, permitió que Manuel Zelaya profiriera fuertes acusaciones hacia la dupla Obama-Clinton.
En definitiva, las cosas son como son y no se pueden ni cambiar ni adulterar. El candidato de Uribe, Juan Manuel Santos, ganó las elecciones presidenciales de Colombia de una manera abrumadora, lo que en cierta medida fue un éxito de su antecesor. Sin embargo, lo que suceda en las elecciones venezolanas de septiembre es una incógnita. Los casos de corrupción gubernamental que día a día se conocen, hacen que la oposición tenga motivos para el optimismo, pero su división habitual provoca que tales expectativas se vean rebajadas.
De momento, lo único cierto es que los senadores chilenos de la Democracia Cristiana vieron como su presencia como observadores electorales en los próximos comicios venezolanos era vetada por Chávez con insultos y con acusaciones de haber sido pinochetistas, demostrando lo poco que sabe de la reciente historia del país andino el dirigente bolivariano.





