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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

El precio del dinero brasileño para El Salvador


El pasado febrero el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, visitó El Salvador por segunda vez en dos años. Antes de él, nunca un presidente brasileño había puesto los pies en las tierras cuzcatlecas. Cuando vino la primera vez en 2008, como invitado en la Cumbre de jefes de Estado del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), Antonio Saca aun era el mandatario, pero la cita privada fue con el entonces candidato a presidencia, Mauricio Funes, en una clara demostración de su apoyo electoralmente importante en aquel momento del juego. Tener la imagen pegada a la de un internacionalmente respetado y moderado presidente de izquierda del continente latinoamericano era esencial en la polarizada disputa política salvadoreña y daba el tono de las direcciones de las futuras prioridades de las relaciones exteriores del país. Los análisis daban cuenta de lo que se acabó confirmando – la relación de El Salvador con Brasil se ha convertido en una estrategia clave de la política salvadoreña.

Brasil es parte del grupo de países líderes en acciones de cooperación de modalidad Sur-Sur. Ésta se ha consolidado dentro de la cooperación internacional al desarrollo y conforma hoy una de las tendencias más significativas en este ámbito: la actuación de países de renta media que se mantienen como receptores de fondos de Ayuda Oficial al Desarrollo a la vez que implementan proyectos de asistencia técnica e intercambio de experiencias.

En la cooperación Sur-Sur en Iberoamérica, Brasil está entre los países que más donan. El Salvador, a su turno, entre los que más reciben. La actual y exclusiva relación recién gestada y manifiesta por ambas naciones, incluso facilitada por las relaciones personales entre los mandatarios, tiene su primera materialización en esta otorgación de Brasil de un crédito por 300 millones de dólares a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para renovar la flota de buses que ofrecen servicio de transporte colectivo en El Salvador.

Brasil es hoy el más importante “player” del tablero geopolítico de Sudamérica y está ganando cada vez más relevancia en los asuntos políticos de América Central. A parte de su participación protagonista en la crisis de Honduras, el Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil) crea pasaje para el desarrollo de su concepto de “liderazgo sin hegemonía” en el hemisferio aumentando su influencia en Centroamérica a través de El Salvador.

En un momento en que los Estados Unidos buscan recuperar posiciones de influencia en el continente, que no tuvieran tanta notabilidad durante la era Bush debido a las energías dispensadas en Afganistán e Iraq, Brasil inventa formas de expansión económica y políticas, sin recurrir al imperialismo bélico tradicional.El estado brasileño se esfuerza en el trabajo de la integración suramericana, impulsando la Unión de Naciones Suramericana (UNASUR) y el Consejo de Defensa Suramericano, pero sabe que una eventual unión del SICA y del Mercosur podría ampliar decisivamente su papel de potencia regional. El Salvador actualmente, dada las viejas y buenas relaciones existentes el PT y el FMLN, y teniendo la presencia de una antigua “compañera” en el centro neurálgico del gobierno salvadoreño, es el camino natural para expandir esa estrategia. Pero no es solo esto.

Hay también el factor “invitación irrecusable para El Salvador”, como define el gobierno brasileño en el blog de la Presidencia de la República, Blog do Planalto. Expandir la producción de etanol en el marco del Acuerdo Brasil-Estados Unidos sobre Biocombustibles es otra prioridad del gobierno brasileño. Brasil es el país con mayor experiencia mundial en este sector debido a su programa de producción de etanol a partir de la caña de azúcar que fue implementado en escala nacional. Los Estados Unidos y el Brasil - los dos principales productores mundiales de etanol - acordaran en 2007 impulsar la producción del combustible a nivel regional y multilateral con el objetivo de convertirlo en un commodity. En la ocasión de la firma del acuerdo, Lula dijo que “si financiamos proyectos de producción de etanol en países pobres y luego esta producción es comprada por los países ricos, entonces estaremos creando empleo y desarrollo”.

Durante la Cumbre del SICA en 2008, en la primera visita de Lula a El Salvador, un encuentro empresarial Brasil-SICA también ha sido llevado a cabo y el biocombustible fue uno de los principales puntos debatidos como oportunidades de negocio entre los dos países. Mauricio Funes en la época declaró: “Un país como Brasil puede transferirnos tecnología y ayudarnos para que también aprovechemos el Tratado de Libre Comercio que tenemos con los Estados Unidos. La tecnología brasileña, y de esta manera reducir nuestra factura petrolera, es un aporte fundamental para el crecimiento de la economía salvadoreña. Creemos en destinar la caña de azúcar para la producción del biocombustible y no el maíz, porque esto no implicaría poner en riesgo nuestra seguridad alimentaria”.

Oportunidad para ampliar su liderazgo hemisférico y espacio para la producción de biocombustible. Este es precio brasileño para ofertar el préstamo de 300 millones de dólares a El Salvador. Si una compensa la otra, es una respuesta que las necesidades e intereses estratégicos de ambos estados pronto nos dará.