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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Cuba: cambiar para que todo siga igual

 

De nuevo, Cuba protagonista de la actualidad internacional y de nuevo por el ya manido tema de que la dictadura dice que va a introducir reformas. Es la misma cantinela que llevamos escuchando desde que se produjo la llegada al poder de Raúl Castro, con quien la represión se ha acentuado, a pesar de que su lenguaje haya sido más dulce que el de su hermano.

En efecto, durante el gobierno de Raúl, la dictadura permitió que Orlando Zapata Tamayo muriese mientras exigía derechos para sus compatriotas, hostigó a las Damas de Blanco en sus pacificas concentraciones e impidió que Guillermo Fariñas acudiese a Estrasburgo a recoger el Premio Sajarov concedido por el Parlamento Europeo. Esta es la verdadera naturaleza del comunismo cubano.

Cuba es el penúltimo bastión del comunismo (el último es Corea del Norte) aunque a efectos de marketing, la Isla ocupa el primer lugar. En este sentido, los hermanos Castro han sabido jugar como nadie con el victimismo como arma para la supervivencia política. Lo demostraron tras la implosión de la URSS y del resto de “democracias populares” del Este de Europa.

Que el comunismo en Cuba aún no haya desaparecido, no debemos contemplarlo como un ejemplo de que esta liberticida ideología pueda ser potencialmente exitosa. Más bien todo lo contrario y un buen ejemplo de ello es que en los últimos meses si un concepto, un vocablo ha salido de la boca de su gobierno, éste ha sido el de “reformas” las cuales tienen la finalidad de seguir con el socialismo como modelo para dirigir (nunca mejor dicho) el futuro del país.

De la misma manera, no debemos olvidar que quienes se han autodenominado encargados de llevar a la práctica el cambio o las reformas, es la gerontocracia que ha mantenido los principales cargos en el establishment político y económico desde hace más de 50 años. Con esto queda demostrado que el consenso y la búsqueda de acuerdos con la oposición no forma parte de la estrategia del Partido Comunista cubano.

En efecto, Raúl Castro ha formulado una suerte de autocrítica para avalar pequeños cambios que en última instancia tienen como fin perpetuar la dictadura. Él no ha dudado en arremeter contra el excesivo tamaño del Estado, contra sus innumerables cargas burocráticas…pero en lo esencial, no ha dicho ni una sola palabra sobre las libertades y sobre los derechos humanos de los cubanos. Y claro está, gran parte de su diatriba ha ido dirigida contra el bloqueo y contra la posición común.

Parece que esta dinastía familiar opta por un modelo político y económico similar al de China, un capitalismo de Estado. Sin embargo, Cuba no goza del poderío militar de China y quizás sea por esta razón por lo que el régimen castrista es percibido con mayores simpatías por las autoproclamadas elites intelectuales occidentales (por eso, y por el antiamericanismo militante profesado) para quienes cualquier medida de maquillaje de los Castro es una buen pretexto para arremeter contra la posición común adoptada por la Unión Europea.

Asimismo, el gobierno cubano es consciente no sólo de su precariedad actual sino de un hecho que discurre en paralelo. Venezuela, el gran subsidiador de La Habana, no tiene la fortaleza económica de los años precedentes. El Chavismo atraviesa uno de sus momentos más delicados, algo que pudo comprobarse en las pasadas elecciones legislativas de septiembre, donde la oposición política, cada vez más y mejor articulada, demostró que el denominado socialismo del siglo XXI puede ser vencido por medios democráticos.

El propio Hugo Chávez ha asumido un rol más de corte intelectual que se tradujo en su afirmación de que el socialismo es la única vía para salvar a la humanidad, un socialismo que, evidentemente, para el venezolano debe de ser impuesto por la vía de la revolución. Como en Cuba.