Fariñas: un Premio más que merecido
Guillermo Fariñas, por derecho propio, se ha convertido en el icono de la disidencia y de la oposición cubana. Su pasada huelga de hambre fue conocida en todo el mundo. Con ella puso de manifiesto la brutalidad de la dictadura de la Isla que niega cualquier voz que sea contraria a los postulados del Marxismo/Leninismo. La conclusión: miseria y pobreza, no sólo económica, sino moral también.
Asimismo, la concesión de este premio ejemplifica otro hecho: la Posición Común Europea, establecida por la UE durante el primer gobierno de José María Aznar, debe mantenerse pues cualquier cesión en la misma, supondría una bocanada de aire fresco para que los hermanos Castro acentúen el liberticidio. El gobierno cubano sólo apuesta por el cortoplacismo. Fariñas ya lo denunció cuando afirmo que “el gobierno juega a mejorar su imagen”.
Siguiendo con este hilo conductor, hay que ser muy precavidos cuando se habla de gestos hacia el régimen. El ex Ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos siempre mostró un exceso de benevolencia hacia los Castro que sólo provocó que éstos vieran legitimada su política represiva. Por ello, antes de hablar de “afianzar reformas”, éstas deberían de ser validadas y sobre todo, ser más exigentes con el gobierno de La Habana, al que se permite lo que a otros se niega. No lo olvidemos: Cuba es una dictadura y lo es desde hace cincuenta años, cualquier otra definición pertenece al mundo de la retórica y del buenismo.
La crisis económica global está afectando de especial manera a Cuba. La situación es desesperada pero el régimen sigue sin darse cuenta de que el comunismo es irreformable. Por el contrario, cree que con un par de retoques, se puede aguantar otros cincuenta años…o más. Lo hemos dicho en estas mismas páginas en artículos recientes: Fidel Castro no extrajo lección alguna de la implosión de la URSS, ni de las causas que la provocaron.
En efecto, los fuegos de artificio empleados durante los últimos meses por parte de la dictadura cubana no han cesado. Cambios en el gobierno o eliminación de un buen número de puestos de trabajo innecesarios, son algunos ejemplos pero que en ningún caso afectan al asunto que ha demandado siempre Fariñas: la libertad.
Continuando con el Premiado, hay un aspecto que no podemos perder de vista: ¿podrá acudir a recoger el galardón?, ¿le permitirán salir de la Isla? Él tiene dudas razonables ya que hace unos años se le impidió viajar a Weimar para recoger otra condecoración. Fariñas es firme: si no puede ir a Estrasburgo, iniciará otra huelga de hambre.
Es triste, pero éste es el único recurso que le ha quedado a la oposición cubana con los riesgos que para la salud conlleva y que puso de manifiesto el fallecimiento de otro gran demócrata, como Orlando Zapata. Éste, una vez muerto, hubo de aguantar que sobre su persona se vertieran todo tipo de mentiras, insultos y descalificaciones por parte de la izquierda más reaccionaria, aquella que sigue viendo a Cuba como un paradigma de la libertad pero que rehúsa deliberadamente vivir allí.
Continuando con las medidas pseudo-democráticas de los Castro, no deben confundirnos las excarcelaciones llevadas a cabo durante el verano. No son liberaciones. Son simplemente expulsiones, así de claro. Cualquier otro nombre que se les dé, pertenece al terreno de la lírica demagógica. Se les obliga a ir a otros países, entre ellos, España, donde un futuro lleno de interrogantes les espera.
Mientras tanto en Cuba, sigue el protagonismo, cuando menos verbal, de Fidel Castro. Sus “reflexiones” se suceden. Ahora su tema central es la posibilidad de una guerra nuclear con la que está asustando a sus compatriotas. El octogenario tirano en sus acusaciones tiene en el punto de mira, como siempre, a Estados Unidos. De las veleidades armamentísticas de Venezuela e Irán nada dice, cuando las intenciones de Chávez y Ahmadineyad son peligrosas. En el bolivariano ha encontrado el iraní alguien que justifique sus lloros por las sanciones que el programa nuclear iraní ha recibido.





