La agenda internacional de Lula en su etapa final de gobierno
En primer lugar, para evitar toda duda, polémica o suspicacia, hay que dejar claro que los años de gobierno de Lula se saldan positivamente. Su programa “Hambre Cero” ha sido un éxito. Ha frenado la exclusión social en el país, al mismo tiempo que ha sabido captar inversiones de capital extranjeras, rechazando intencionada y voluntariamente, cualquier veleidad nacionalizadora.
Asimismo, no ha buscado polémicas innecesarias con Estados Unidos, aún cuando Bush era el inquilino de la Casa Blanca. Su apuesta por la energía nuclear con fines estrictamente pacíficos y civiles, no ha generado reacciones en contra por parte de la comunidad internacional, ni siquiera entre sus vecinos regionales.
Lula no ha practicado la demagogia ni el victimismo; tampoco ha mermado las libertades de sus compatriotas. Medidas como las adoptadas recientemente por el gobierno de Caracas (las guerrillas comunicacionales, con “disparos ideológicos”, Héctor Navarro dixit) no han formado parte del vocabulario ni de las decisiones del otrora líder sindical. Todo lo contrario, en el pasado más reciente, Lula condenó la retirada de la licencias (eufemismo empleado por el populismo chavista) a RCTV y Globovisión. La respuesta Nicolás Maduro (Ministro de Exteriores de Venezuela) fue la descalificación sin argumentos del brasileño, recurriendo al viejo tópico de que era un enviado del “imperialismo estadounidense”. Aún con ello, Lula no se amedrentó.
El resultado es que Brasil es un socio creíble en el panorama internacional. Así, su reciente acuerdo de defensa con Estados Unidos, al contrario que el suscrito por Colombia, no ha recibido exabruptos por parte del sector populista de la región liderado por Chávez, secundado por Correa, Chávez y Morales, y bendecido ideológicamente por Fidel Castro desde Cuba. Con éste último, Lula no ha caído en la actitud reverencial pero sí que ha mostrado una enorme condescendencia amparada en la defensa de los intereses comerciales brasileños. Las visitas a La Habana se han repetido durante su mandato.
Con certeza podemos afirmar que Lula tiene un proyecto propio con el que aspira a que su país sea un key player en el panorama internacional. Las Cumbres de la IBSA (Brasil, India y Sudáfrica) y de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) han tenido la misma constante por parte de Brasil: defensa de la reforma de las instituciones internacionales, especialmente de Naciones Unidas, buscando que las economías emergentes tengan más peso, pues sólo así se podrán hacer frente a los retos de la globalización. Igualmente, ha buscado soluciones a conflictos que caracterizan el escenario internacional, por ejemplo, el árabe-israelí. Con todo ello podemos concluir que Lula, una vez puso en orden el escenario doméstico, ha concedido prioridad a las relaciones exteriores.
Esta aspiración es loable. El riesgo, sin embargo, es que ha utilizado las recientes reuniones aludidas para seguir mostrándose como el valedor de Irán en la comunidad internacional. Este fenómeno se ha repetido (peligrosamente) en los últimos tiempos sin formularse Lula una pregunta necesaria: ¿quiere, verdaderamente, Ahmadineyad dialogar con Occidente? El nombramiento de Vahidi como Ministro de Defensa dejó bien claras sus intenciones, además de provocar en septiembre pasado un encontronazo (dialéctico) con la Presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.
La tripleta Lula-Amorín (Ministro de Exteriores)-Jobim (Ministro de Defensa), apuesta por el diálogo con el régimen de Teherán con un énfasis que no encuentra paralelismo en la condena ni hacia el programa nuclear iraní (y sus trampas reiteradas a la comunidad internacional) ni hacia las habituales amenazas al Estado de Israel. Ninguna de estas acciones fueron criticadas con vehemencia por Lula, de haberlo hecho hubiera aumentado su prestigio internacional como estadista, pero optó justo por lo contrario. Tampoco se han percibido reproches a la represión de la oposición post 12 de junio, ni apoyo de ningún tipo a las propuestas de democratización del régimen que amplios sectores de la sociedad iraní demandan.
La inminente celebración de comicios en el país carioca hará que el protagonismo mediático de Lula aumente en apoyo a su candidata Dilma Rousseff que, recordemos, actualmente no lidera las encuestas, aunque va recortando paulatinamente la desventaja con respecto a José Serra. La duda es saber, ¿qué parte del discurso acentuará Lula? Lo único que queda claro es que ambos candidatos aceptan su legado aunque recalcan que tratarán de superarlo pues parten de la (ambiciosa) tesis de que Brasil “aún puede hacer más”.





