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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Los parches del Castrismo

Varios años ha estado Fidel Castro alejado de los focos. Como en toda dictadura, no sabemos las razones de que así haya sido, sólo que estaba muy enfermo, sin más matices. Alguna que otra foto suya en chándal es lo más que hemos podido ver de él. Asimismo, hemos podido leer sus “reflexiones” en Granma. En ellas opinaba sobre lo humano y lo divino. Este último año se ha dedicado a asustar los cubanos ante lo que él considera una posible guerra nuclear. ¡Qué poca memoria tiene Fidel Castro! ¿Acaso no se acuerda de la década de los sesenta, cuando su país era un laboratorio al servicio de los experimentos nucleares de la URSS?


Fidel cedió el testigo a su hermano Raúl, con un pasado tan sanguinario como el suyo, o como el de Ernesto Che Guevara. Entre los tres crearon una dictadura comunista que aún se mantiene. La aquiescencia occidental y de buena parte de las elites intelectuales europeas y norteamericanas, también ha influido en su mantenimiento. Sin embargo, los grandes referentes de la cultura cubana se hallan en el exilio. Tal es el caso de Carlos Alberto Montaner o Zoe Valdés.

Fidel Castro construyó un aparato mediático de mucha mayor precisión que el de la Unión Soviética, gracias al cual, ha exportado la imagen de que la sociedad cubana era una víctima del capitalismo. Sin embargo, fueron muchos sus compatriotas los que huyeron a Miami, buscando acomodo en el seno del “ogro capitalista”. La mayoría de ellos, una vez en territorio norteamericano o europeo, han hecho prósperas carreras y han disfrutado de los beneficios de la libertad.

Mientras Moscú y su gerontocracia comunista se mantuvieron con vida, el régimen cubano siguió su curso y participó con su ejército en numerosas aventuras militares en África, por ejemplo, en Angola. Había que extender la doctrina de Carlos Marx y Fidel Castro fue uno de sus grandes peones. Paralelamente, la maquinaria publicitaria del régimen vendía las excelencias y exquisiteces de la educación y de la sanidad cubana, lo que permitía al gobierno reclutar nuevos adeptos dentro y fuera del país.

En los noventa, con la implosión de la URSS y, por tanto, el fin del patronazgo económico, militar e ideológico soviético, Cuba vivió momentos difíciles. Dicho con otras palabras: los cubanos pasaron hambre. La reacción del gobierno fue abrirse al turismo, gracias a lo cual, encontró un analgésico con el que calmar, pero no solucionar, sus males que, por otro lado, eran endémicos.

Sin embargo, en el siglo XXI ya no le quedan ni parches, ni aspirinas. El deterioro a todos los niveles es abismal. Además, la globalización e internet hacen que desde todos los rincones del mundo se compruebe cómo las gasta este régimen comunista. Las recientes huelgas de hambre de Orlando Zapata Tamayo y de Guillermo Fariñas han mostrado hasta que punto llega la inhumanidad del Castrismo, en cualquiera de sus versiones, bien “Fidelista”, “bien Raulista”.

Y ahora llega Fidel avalando las reformas de su hermano Raúl con las cuales se quiere introducir, en pequeñas dosis, la propiedad privada y eliminar (laboralmente hablando) el número de funcionarios del Estado. De nuevo, la progresía occidental aplaude la visión política de Fidel Castro quien, por otro lado, ni de derechos humanos ni de libertad ha dicho una sola palabra. Lo más que hemos visto es una suerte de petición de perdón al colectivo gay cubano, que fue perseguido en nombre de la revolución. Esta expresión o slogan sirvió de pretexto para asesinar a todo aquél que no comulgaba con las tesis comunistas.

Sin embargo, Fidel Castro no se da cuenta de que el comunismo es irreformable. Mijail Gorbachov lo intentó en los ochenta y el resultado fue la desmembración de ese gigante con pies de barro que era la URSS. Al adalid de la Perestroika no le quedó más remedio que apostar por la libertad.

Ah, por si Fidel no lo sabe (o no quiere saberlo), quien más ayudó a Gorbachov en su afán reformista fue Margaret Thatcher, por ello no debe extrañarnos que, si en los países del Este hay una heroína, ésta es la Dama de Hierro y no los Lenin, Stalin o Marx. Esperemos que en Cuba, el día de mañana, su gran libertador sea algún político que tenga como señas de identidad la defensa de la libertad y el desprecio por el relativismo moral.