El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (III)
El papel de Occidente
Emparejar democracia con libertad es un error que se comete demasiadas veces en Occidente, pero eso no ha impedido que tal identificación se haya convertido en un referente, cuando no una justificación, para muchas acciones políticas y militares. Los políticos occidentales han asistido extrañados ante los acontecimientos ocurridos en el Norte de África y Oriente Medio y han decidido venderlo como una búsqueda de libertad y democracia por parte de los manifestantes. Durante las revueltas de Túnez, pero sobre todo en las de Egipto, desde Washington, Londres, París y otras capitales se presionó a los presidentes para que abandonaran el poder y dieran paso a otros dirigentes. Ambos sistemas reaccionaron en el último momento tal como habían pedido los políticos occidentales. Las siguientes revueltas en Libia, Siria, Yemen y demás países árabes se acometieron de la misma manera. Mientras que países como Marruecos, Jordania o Argelia pusieron sus barbas a remojar y realizaron cambios constitucionales que contentaron aparentemente a los descontentos, en los primeros, los dictadores de la línea dura apostaron por la represión.
Algunos políticos occidentales, en especial el presidente francés Nicolás Sakorzy, cometieron un error de pensar que el guión de lo acaecido en Túnez y Egipto se iba a repetir al dedillo. No sólo la economía necesita de estabilidad, también la política la busca. Las revueltas que estallaron en Libia pusieron en peligro los intereses económicos, en concreto los relacionados con el petróleo y el gas natural de algunas empresas europeas, en especial francesas, italianas y españolas. Estados Unidos apoyó diplomáticamente a sus aliados europeos y estos vieron como podían quitarse de un plumazo un “aliado” incómodo, su anterior enemigo Muamar el Gadafi, salvando estos valiosos contratos. En este caso, la ONU colaboró con los intereses y se autorizó la intervención, siempre y cuando no se usaran tropas de tierra y se utilizará para defender a la población civil de los excesos bélicos de ambas partes beligerantes.
El resultado no ha podido ser más desastroso. No siempre pueden ganar los que gustan. Pese a que en los primeros días, el régimen de Gadafi estuvo en un brete de desaparecer, más en la imaginación de los medios de comunicación que en la realidad, y se especuló con su huida del país, sus fuerzas poco a poco se recompusieron y de haber aplastado rápidamente a los rebeldes, y recuperar el statu quo, se ha pasado a un conflicto civil donde los rebeldes tienen el apoyo de la OTAN, que no sabe cómo salir del lugar, estableciéndose un equilibrio que es posible que suponga mucho más derramamiento de sangre que el que pretendía evitar, sin olvidar que los contratos con empresas occidentales corren mucho peligro. China puede ser un excelente amigo de una nueva Libia con la familia Gadafi en el poder.
La pregunta sería qué buscan los diferentes gobiernos occidentales con la implicación en estos conflictos. Por una parte, no debe buscar disminuir el número de víctimas porque lo que está ocurriendo en Yemen o en Siria es tan grave, sino más, de lo que estaba ocurriendo en Libia y la ONU no se ha planteado ninguna acción.
Si miramos los intereses económicos, sobre todo los petroleros, reconoceremos que la manera de actuar ha sido especialmente torpe, por no decir estúpida. Se ha dado la impresión al resto de regímenes que Europa no es un socio de confianza, que no respeta los acuerdos, no es que no corra en ayuda del aliado (que podría entenderse como que no quiere inmiscuirse en un asunto interno) sino que corre a darle la puntilla. Además, existen otros mercados más seguros como los asiáticos donde vender el crudo que es fuente de riqueza de estas sociedades, al menos fuente de riqueza para las clases dirigentes.
La tercera posibilidad es que Francia, adalid y promotor de la intervención, haya querido incrementar su esfera de influencia en el Norte de África, donde desde el siglo XIX, incluso antes, tiene fuertes intereses geoestratégicos, siendo tradicionalmente la principal potencia colonial de la zona. Asistimos de nuevo a una situación esperpéntica pues lo conseguido ha sido precisamente lo contrario, una puerta para la entrada de otras potencias e intereses. Además, debemos recordar que Estados Unidos está demasiado metido en dos guerras como para acudir a solucionar los problemas de un aliado que muchas veces le ha salido rana.
Tampoco podemos pasar por alto la hipocresía occidental. Asistimos a una guerra, la libia, que no se trata como una guerra. Ningún conflicto militar se ha ganado desde el aíre, ningún conflicto militar se ha ganado sin que fuerzas en tierra hayan tomado el terreno y hayan acabado el ejército enemigo y los focos de resistencia. La oposición libia apenas tiene fuerza para con el apoyo aéreo de la OTAN pasar del empate. El conflicto se alargará hasta no se sabe cuándo gracias a la intervención occidental. Mientras, en España no se quiere hablar de guerra porque es palabra tabú y la violencia se oculta o se disfraza de acción humanitaria o de otro concepto más retorcido, pero es que en el resto de países occidentales se dan situaciones similares. Francia no ha tenido ningún problema para intervenir en Costa de Marfil y detener al dictador, pero en este caso los intereses son otros así como la geoestrategia del conflicto. La superburocracia mundial, la ONU, no ha tenido que dar ningún permiso y las ONG y otras organizaciones civiles no han puesto el grito en el cielo. ¿Será quizá porque no está implicado Estados Unidos, parece que los muertos lo son menos? Lo cierto es que las matanzas que se produjeron durante las semanas que pasaron hasta la detención de Laurent Gbagbo, fueron mucho más sangrientas y numerosas que las ocurridas en Libia.

Leer artículos previos, del mismo autor:
- El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (I) | Acercamiento circunstancial, histórico y económico
- El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (II) | Acercamiento político





