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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (II)

 

 

Un acercamiento político

Los sistemas políticos en los que domina la libertad no surgen de manera espontánea en un momento dado sino que suelen ser consecuencia de un proceso que ha durado décadas, sino siglos, durante el cual se han ido creando una serie de instituciones y tradiciones sobre los que se asienta esa libertad. Los derechos de propiedad, la libertad de expresión, la protección de la vida, la igualdad ante la ley, la reivindicación del individuo sobre el grupo son algunos de los principios y tradiciones sobre los que se cimienta buena parte de la filosofía occidental que se remontan a la Grecia clásica. No es seguro que las tradiciones y las instituciones que surgen del mundo musulmán hayan caminado por senderos similares, si bien puede que en épocas pretéritas, hayan tenido ciertos parecidos.

Así pues, cabe preguntarse si las revueltas que están produciéndose en estos países tienen como objetivo la consecución de sistemas democráticos, a imagen de los que existen en Occidente, o realmente buscan otro orden social que desde la perspectiva de los manifestantes sea más justo que los que ahora existen, pero sin socavar profundamente las instituciones y tradiciones que sobre las que está basada la sociedad musulmana.

Hasta ahora mismo los súbditos y ciudadanos de los países árabes no han sido demasiado turbulentos a la hora de buscar nuevos caminos sociales y políticos. Sus revoluciones han transcurrido desde una perspectiva religiosa, como lo demuestra el éxito del integrismo islámico o desde un simple cambio en quien ostenta el poder (como lo fue en su momento Egipto al derrocar a la monarquía para instalar al Movimiento de Oficiales Libres del que es sucesor Hosni Mubarak). Tradicionalmente la sucesión violenta ha sido habitual en estos países, pero no siempre han supuesto grandes movimientos sociales (quizá con la excepción iraní y el ascenso del régimen de los ayatolás, pero debemos recordar que esta variante del islam es persa, no árabe) y mucho menos espontáneos y ajenos a las facciones que aspiran a ocupar el poder.

No debemos pasar por alto que no siempre la gente quiere libertad, no al menos en el sentido en el que entendemos en Europa. Es probable que muchas personas de las sociedades musulmanas vean estos conceptos de libertad, individualidad, derechos humanos o división de poderes como ajenos a sus propias tradiciones e incluso como una imposición de los extranjeros sobre sus gentes y por esa razón, reaccionen de manera violenta ante ellos. Sin embargo, si no quieren libertad (y su corolario responsabilidad sobre las consecuencias de la libertad) si quieren estabilidad, un sistema que les permita seguir con sus tradiciones, con su religión, un sistema donde la fuerza del colectivo y la tradición religiosa e histórica tenga más peso que los juegos de poder, pero también que el propio individuo. Cabe preguntarse si en el fondo los partidarios y líderes de las revuelta no se cuestionan la naturaleza del sistema sino de quién lo dirige y de su gestión que les ha empobrecido, igual que en Occidente no nos planteamos la misma naturaleza de la democracia que en algunos casos, casi adoramos, sino de quién se presenta a las siguientes elecciones.

No está claro que estas revueltas vayan a evolucionar hacia un sistema más democrático y abierto ya que al menos a corto y medio plazo, la tendencia en la zona es la vuelta a sistemas más teocráticos como demuestra el proceso que vive la laica Turquía (de nuevo debemos recordar que este país no es un país árabe, sino turco, e históricamente ambos colectivos no se han llevado todo lo bien que se podría pensar), donde en las últimas décadas se ha producido un giro hacia el radicalismo religioso o la imposición en el cosmopolita Líbano de un régimen cada vez más controlado por Hizbolá que incluso está coartando la gran presencia cristiana en la región.

Mientras que en Occidente se ha producido una clara separación entre religión y política, en las sociedades musulmanas esta distinción no es en absoluto evidente y ambas tradiciones se conjugan para muchos una sola. El monarca puede ser líder espiritual, sucesor de Mahoma y en algunos países se usan directamente las leyes islámicas para regir la moral de la comunidad sin que ningún parlamento dicte otras que puedan servir como alternativa. En otros casos, sobre todo en zonas rurales, los sistemas políticos son más cercanos a los sistemas tribales que a las sociedades occidentales. Las revueltas urbanas no tienen por qué ser apoyadas por estas sociedades más tradicionales y las tribus pueden tener más poder del que cabría esperar.

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