El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (I)
Un acercamiento al marco circunstancial e histórico
Pocos analistas políticos vieron en las revueltas que se iniciaron a finales del año 2010 en Túnez la chispa que iba a desencadenar una serie de cambios en las instituciones que ostentaban el poder de manera autoritaria en diversos países árabe-musulmanes. Las revoluciones, los cambios sociales suelen llegar de puntillas y por lo general, desde dentro. Mientras que las grandes intervenciones de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán primero y en Irak después, no han provocado cambios significativos en los países del entorno, lo ocurrido en Túnez ha tenido mucha más repercusión en el Norte de África y en algunos países de Oriente Medio.
Pensar que cambios profundos en las sociedades tienen explicaciones sencillas es un reduccionismo peligroso, pese a que ciertas necesidades periodísticas puedan hacer entender lo contrario, pero no está mal explicar sucintamente el entorno en el que se han desencadenado estos cambios. La crisis económica, propiciada por la acción de los Bancos Centrales y los gobiernos en Occidentes a través de la imposición de tipos de interés bajos, ha empobrecido a todo el mundo directa o indirectamente, limitando las inversiones, dificultando las que son rentables y distrayendo capitales hacia terrenos poco productivos. Los crecimientos demográficos en los países árabes y la concentración de buena parte de la población en grandes ciudades también ha sido un factor a tener en cuenta pues estas revueltas se han iniciado en las grandes urbes, no en el ámbito rural. El desempleo ha generado un descontento social que, si bien también ha sido aprovechado por los grupos terroristas y por el integrismo religioso, ha trascendido más allá de sus particulares intereses. El desarrollo de las nuevas tecnologías de comunicación (telefonía móvil, internet, redes sociales, etc.), aunque con menos impacto que en las sociedades occidentales, han sido también muy importantes porque por primera vez han permitido cierta libertad en el flujo de la información, haciendo que la masa crítica de personas que iniciaron las revueltas sea menor que en otros momentos históricos y que la información llegara a sitios lejanos en poco tiempo.
No menos importante ha sido la cronología de los acontecimientos y la naturaleza de los primeros (y de momento únicos) regímenes en caer. Tanto Túnez como Egipto, siendo dos países de naturaleza dictatorial eran dos regímenes cercanos y por ello, dependientes de Occidente, con sistemas políticos más abiertos a cambios y con libertad relativa comparada con la de sus vecinos. Las primeras sangres en ambas revueltas, más que una represión brutal, provocaron que los presidentes-dictadores se pensaran seriamente en un cambio del sistema. Las presiones externas de sus aliados y las internas tuvieron éxito, las facciones victoriosas eligieron el camino menos cruento y en ambos casos, los cambios se están produciendo de momento en una calma tensa.
La certeza de este éxito llegó con prontitud a otros países, lo que empezó a desencadenar una ola de cambios que con mayor o menor éxito, todavía continúan produciéndose. Resulta complicado realizar predicciones en este entorno cambiante, de forma que el acierto es más fruto de la suerte que del racionamiento lógico. En poco tiempo, Bahréin, Argelia, Libia (en plena guerra civil), Marruecos, Siria (quizá el que más problemas tiene de los de la línea dura), Yemen y Jordania se vieron obligados a tomar una serie de medidas encaminadas a evitar lo ocurrido en Túnez y Egipto. Los regímenes más brutales como Libia, Siria o Yemen han optado por la represión mientras que otros, menos sanguinarios, por cambios en las atribuciones de las instituciones de poder, con cambios nominales en el gobierno, eliminando normativas más represoras e incrementando el grado de libertad. No deja de ser paradójico que de alguna manera el famoso eje del mal que habían venido denunciando diferentes administraciones estadounidenses y que tanto rechazo tuvo en los círculos progresistas, se vea ahora confirmado por algunas de estas organizaciones que han denunciado los regímenes de Libia, Siria o Yemen por su brutal represión. Estos regímenes no han dudado en utilizar la ayuda de aliados tan cercanos en los métodos como lejanos en la distancia. El presidente Obama acaba de denunciar la colaboración entre Siria e Irán en la represión de las protestas en este último país.
Un acercamiento económico
Asistimos al enésimo fracaso del intervencionismo político y económico. La totalidad de los países del norte de África y de Oriente Medio, menos Israel, son sistemas totalitarios basados bien en la tradición religiosa e histórica islámica, como la gran mayoría de las monarquías, bien en regímenes presidencialistas de partido único donde el presidente se comporta en la práctica como los monarcas vecinos. Buena parte de ellos se acercaron en algún momento a la Unión Soviética, asimilando de ella o adaptando a sus fines la economía de carácter socialista, con nacionalizaciones e intervenciones en aquellos sectores que consideraban estratégicos. Otros, pocos, se apoyaron en Estados Unidos y en otros países occidentales y, dentro del marco bipolar de la Guerra Fría, fueron bienvenidos como aliados. Algunos, como gran parte de las monarquías de la Península Arábiga, Egipto y Libia, por diferentes razones, cambiaron de bando en algún momento. Ninguno de ellos, apostaron por la libertad económica, sólo entre la nacionalización de la economía o la alianza entre el Estado y ciertas empresas, propias o extranjeras. Cuando la crisis llegó, la propia rigidez de estos sistemas intensificó los efectos negativos en unas sociedades ya por su propia naturaleza empobrecidas.
No todas las economías árabes del norte de África y de Oriente Medio están basadas en la exportación de petróleo, gas natural y otros hidrocarburos, la faceta agrícola y artesana, la del turismo y la mano de obra poco cualificada y barata son otros soportes que se han visto afectados por los acontecimientos de los últimos años. Europa está cerrando las puertas a los inmigrantes, acuciado por problemas económicos y políticos internos, por lo que buena parte de las partidas económicas que venían de estas zonas se han visto reducidas. Economías como la china o la india son mejores destinos para los inversores que los ven países con más posibilidades y sobre todo, más estables social y políticamente. La mano de obra barata se busca en Asia y no tanto en África. La libertad es esencial si se quiere afrontar todos estos problemas y no hay mucha.
Todo lo anterior ha empobrecido la zona de manera alarmante. La dependencia de una materia prima como el petróleo desincentiva la inversión en otros sectores que en caso de crisis pueden servir de alternativa inversora y generadora de empleo. El control de la economía por unos pocos, ligados a las instituciones estatales, impide que el mercado haga su labor, que la riqueza generada se reparta entre los ciudadanos. Las monarquías árabes, los partidos únicos impiden de esta manera el desarrollo social y económico.

Continuar leyendo, del mismo autor y serie:
- El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (II) | Acercamiento político
- El mundo islámico entre la evolución, la involución y la intervención (III) | El papel de Occidente





