Evitar una nueva guerra civil en Costa de Marfil
Desde 2002 hasta 2007 Costa de Marfil vivió una cruenta guerra civil, tras un intento fallido de golpe de Estado. Sin embargo, este hecho que parecía parte del pasado podría reavivarse en la actualidad con el caos que se ha instaurado en el país africano desde el pasado 28 de noviembre, cuando se celebró la segunda ronda de las elecciones presidenciales, las primeras celebradas en diez años. La pérdida del poder por parte del que hasta el momento era el presidente del país, Laurent Gbagbo, y la victoria del candidato opositor, Alassane Ouattara, fue algo no asimilado por el primero, quien se ha negado durante más de un mes a abandonar el poder. La justificación de esta decisión se debe a que Gbagbo cree que hubo fraude en la celebración de los comicios, opinión que contrasta con la de los partidarios de Ouattara y de gran parte de la comunidad internacional, quien a través de Naciones Unidas validó los resultados electorales reconociéndolos como la opinión del pueblo marfileño.
Tras algo más de un mes de numerosos llamamientos a Gbagbo para que este ceda el poder, la intervención de la comunidad internacional en la crisis marfileña parece más probable que nunca. Así, Naciones Unidas ha anunciado que intentará enviar al país 2.000 cascos azules adicionales para reforzar a las tropas de la Operación de las Naciones Unidas en Costa de Marfil (ONUCI), compuesta desde el 30 de noviembre de 2010 por 9.105 agentes uniformados. Este operativo de la ONU lleva operando en Costa de Marfil desde abril de 2004, cuando sustituye a la Misión de las Naciones Unidas en Costa de Marfil (MINUCI). A partir de ese momento la ONUCI pudo cumplir con algunos de los objetivos planteados al inicio de la misión como vigilar el cese del fuego y los movimientos de los grupos armados; realizar operaciones de identificación de la población e inscripción de electores; proteger al personal de la ONU, la población civil y a otras instituciones. Sin embargo, otras metas planteadas parecen lejos de ser alcanzadas: el desarme, desmovilización, reinserción, repatriación y reasentamiento; desarmar y desmantelar a las milicias; o mantener el orden público.
A la luz de esta realidad, cabe preguntarse si para esta nueva etapa histórica que está viviendo la sociedad marfileña deben ser estos mismos fines los que prevalezcan en la acción de Naciones Unidas.
Pero no sólo Naciones Unidas está dispuesta a actuar para evitar la reactivación de la guerra civil en Costa de Marfil. Así, la Unión Africana, por orden de su Consejo de Paz y de Seguridad, ha confiado a una comisión especial la iniciación de contactos y de consultas diplomáticas para lograr una solución pacífica e inmediata a la crisis marfileña. Esta organización regional no duda en destacar la importancia de respetar la voluntad del pueblo de Costa de Marfil, expresada en las últimas elecciones, de las que consideran vencedor legítimo a Alassane Ouattara. De esta manera, la propia Unión Africana se une al llamamiento de Naciones Unidas y solicita al hasta ahora presidente Gbagbo el abandono del poder.
Además, junto a la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), la Unión Africana mandó el pasado mes de diciembre una delegación especial al país formada por los presidentes de Benín, Cabo Verde y Sierra Leona y el primer ministro de Kenia, con el objetivo de advertir a Gbagbo de que si no cedía, podría enfrentarse a una intervención militar.
Por su parte, la CEDEAO también se ha reunido con el objetivo de analizar la evolución de los acontecimientos en el país marfileño. En su última sesión extraordinaria del 24 de diciembre, los miembros de esta organización se mostraron preocupados por el rápido deterioro de la política y de la seguridad en Costa de Marfil caracterizado por el incremento de la violencia, el uso de mercenarios para cometer atrocidades, las muertes, así como el aumento de la tensión entre las diferentes etnias que habitan en este país del África Occidental. Como medidas a tomar, la CEDEAO asume que hay algo indiscutible: Alassane Ouattara es el legítimo presidente de Costa de Marfil. Por este motivo se muestra partidaria de aprobar restricciones financieras, de viajes y otras sanciones impuestas por organizaciones regionales o de ámbito internacional. Si a pesar de esto, el presidente Gbagbo se resiste a abandonar su postura, la CEDEAO no descarta tomar otras medidas como el uso legítimo de la fuerza para lograr lo que denominan los objetivos del pueblo marfileño.
Sin embargo, pese a esta fuerte oposición a Gbagbo, tanto dentro como fuera del continente africano, el que hasta ahora ha sido presidente de Costa de Marfil podría haber encontrado un importante apoyo en el cuestionado presidente de Zimbabue, Robert Mugabe. Según las últimas informaciones aparecidas en diversos medios de comunicación, un enviado de Gbagbo podría haber viajado a Zimbabue para reunirse con un miembro del gobierno de Mugabe, buscando así un apoyo en el ámbito africano. La idea que desde la delegación marfileña se ha intentado vender es que es necesario un recuento de votos y alcanzar la solución pacífica a través de una amplia comisión internacional encabezada por la Unión Africana.
Esta reciente toma de contacto por parte de Gbagbo podría ser una señal de cómo desea el presidente saliente que acabe el conflicto: imitando lo ocurrido en Zimbabue hace unos años, con la formación de un gobierno de unidad entre Mugabe (perdedor de las elecciones) y el líder del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), Morgan Tsvangirai, hoy primer ministro y vencedor de las elecciones de 2008. Sin embargo, esta fórmula ya ha sido descartada por la comunidad internacional, que apuesta por la salida de Gbagbo y la entrada de Ouattara en la presidencia como única solución.
Por ahora, la situación está en un punto muerto similar al de hace un mes: Gbagbo sigue en el poder, Ouattara cuenta con el apoyo de la comunidad internacional y la inestabilidad sigue generando muertos y más muertos en suelo marfileño. Los días transcurren lo que puede radicalizar las posturas de las partes enfrentadas llevando al país de nuevo al abismo de la guerra civil. Evitar llegar a esto está tanto dentro como fuera de las fronteras de Costa de Marfil, un país que sueña con superar los años de enfrentamiento, sangre y dolor.





