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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Nigeria, la próxima frontera

 

Constantemente en los medios y en las publicaciones especializadas se observa que multitud de países o regiones geográficas son calificados de “estratégicos” para nuestros intereses nacionales o europeos. Sin ánimo de exhaustividad podemos citar Oriente Medio, América Latina, el Magreb, China, Asia Central, Estados Unidos, etc. En consecuencia, casi todo el mundo en cierta medida acaba siendo catalogado como “estratégico”, corriéndose el riesgo de que la palabra pierda completamente su significado. Aun a sabiendas de caer en este error, es importante centrar la atención en los países del África Subsahariana occidental, que, tras el Magreb, son geográficamente la próxima frontera de España y que representan retos, como la inmigración, pero también oportunidades.

En esta región se estableció hace décadas un experimento de integración económica inspirado en el proyecto de construcción europea, la Comunidad Económica del África Occidental (CEDEAO), que cuenta entre otras cosas, con un proyecto de unión monetaria, del que son parte muchos de los estados miembros en general democracias electorales en fase de consolidación. La CEDEAO es posiblemente, con la excepción de Sudáfrica, la región con más posibilidades de desarrollo a medio plazo.

Nigeria, parte de la CEDEAO y sede de su secretariado, si bien no todavía de la moneda única, es el país más importante de África Occidental y, desde luego, uno de los más relevantes de todo el continente.

Ubicado en el golfo de Guinea, y con sus 150 millones de habitantes, es el país más poblado de África, a lo que hay que añadir su estatus de productor de petróleo y gas natural, del que España es un importador destacado. Nigeria, cuya extensión territorial es ligeramente inferior a la suma de España y Francia, ha vivido una historia agitada desde su independencia del Reino Unido en 1960, incluyendo el legado de una cruenta guerra civil (conocida como la guerra de Biafra), y de varios regímenes militares que se sucedieron en el poder desde 1966 civil hasta 1999 salvo en el periodo 1979-1983, y constantes tensiones religiosas derivadas de una población compuesta por un 40 por ciento de cristianos y un 50 por ciento de musulmanes, quienes a su vez pertenecen a un mínimo de 250 grupos étnicos con sus respectivas lenguas (siendo las mayoritarias el hausa, el yoruba y el igbo).

En la actualidad, si bien Nigeria goza del periodo de gobierno civil más largo desde la independencia, las dos últimas elecciones presidenciales (en 2003 y 2007) fueron fraudulentas por lo que el asentamiento pleno de la democracia electoral es todavía una cuestión pendiente. Las elecciones presidenciales de 2011 serán la prueba del nueve de la incipiente consolidación de la democracia y el estado de derecho. El gobierno federal se enfrenta además al conflicto del Delta del Níger, donde una guerrilla lleva años atacando los intereses de la industria del petróleo a causa del deterioro ambiental de la región y el reparto de la renta petrolera.

A los problemas políticos hay que añadir la pobreza generalizada (el 70 por ciento de la población vive con menos de dos dólares al día) y la gran desigualdad en el ingreso, injustificable dada la ingente riqueza en recursos naturales de la que goza Nigeria. La corrupción rampante en el manejo de los recursos públicos, incluyendo la renta petrolera, que representa el 80 por ciento de los mismos, así como la falta de una cultura planificadora y de políticas redistributivas, explican la insuficiente dotación de fondos para la financiación de servicios elementales, incluyendo la educación básica, la sanidad y las infraestructuras, y la existencia de una opulenta elite que pasa los fines de semana de compras en Londres y Dubái, envía a sus vástagos a estudiar al extranjero y que recurre a los servicios médicos de los países ricos para el tratamiento de sus problemas de salud. En estas circunstancias no es de extrañar la proliferación de la criminalidad, incluyendo la lacra de los secuestros económicos, que azota al país.

Nigeria se enfrenta pues al reto de consolidar la democracia, lo que incluye aliviar las tensiones etnoreligiosas, así como hacer frente a la amenaza del fundamentalismo islámico, minoritario pero presente en el norte del país (Hausalandia). Baste recordar el respecto que en el verano de 2009 el grupo terrorista Boko Harem puso a las fuerzas del orden en jaque durante días, en los que arrasaron multitud de edificios públicos en varias ciudades, incluyendo comisarías de policía y prisiones, y que se saldaron con más de un centenar de muertos. La proximidad geográfica de Hausalandia a la peligrosa zona conocida como el Sahel, donde opera la rama magrebí de Al Qaeda, pone de relieve la necesidad de apoyar desde la comunidad internacional, en especial por parte de la UE, los esfuerzos en la región para garantizar la seguridad y promover el desarrollo.

Asimismo es urgente diversificar la economía, excesivamente volcada en la producción de materias primas para la exportación. Con un enorme mercado interior potencial de 150 millones, Nigeria tiene la oportunidad de promover el desarrollo de la agricultura y de la industria autóctona. Es necesario además redistribuir la renta nacional equitativamente, y planificar adecuadamente desde el sector público, materia ésta última en la que la cooperación al desarrollo, incluyendo la española, puede contribuir decisivamente. En Nigeria en particular, dada su gran dotación de riquezas naturales, no es recomendable financiar proyectos de suministro, sino programas de formación y de asistencia técnica para el buen manejo de los recursos existentes. Si bien España ha incluido a la región subsahariana como región prioritaria para la política de cooperación al desarrollo al lanzar el Plan África, Nigeria no es, por el momento, país prioritario.

En definitiva, Nigeria, como otros países del entorno, es un ejemplo de oportunidades perdidas y de potencialidades no realizadas. El principal reto del pueblo nigeriano consiste en hacerse dueño de su destino y dirigirlo por la senda adecuada.