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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

El ejemplo británico

 

David Cameron, Gordon Brown y Nick Clegg. Tres líderes que aspiraban al número 10 de Downing Street. Durante 2008 y 2009, los sondeos auguraban una victoria abrumadora para los tories. Sin embargo, conforme se acercó el día de las votaciones, las distancias se ajustaron. A ello había que unir el “factor Clegg” cuyo ruido mediático no se tradujo en tantos escaños como muchos pensaron.

David Cameron hizo valer los pronósticos y fue el ganador. Los tories, después de los trece años de travesía por el desierto bajo los liderazgos de William Hague, Ian Duncan Smith y Michael Howard, volvían al gobierno. El trabajo en pro de la modernización y el cambio efectuado desde diciembre de 2005 daba sus frutos. Eso sí, determinados conceptos propios de la tradición conservadora británica (responsabilidad, libre comercio, Estado mínimo…) mantuvieron su rol central en la articulación del programa.

Conservadores y liberales rápidamente se pusieron de acuerdo y sellaron un pacto de gobierno. Este hecho define, al mismo tiempo que caracteriza, la naturaleza del sistema político británico: fair play absoluto. Ganar-Ganar. Prolongar las discusiones en temas bizantinos hubiera sido fatal para el devenir del país.

Este pacto con los liberales, ¿resta brillo al triunfo de Cameron? En absoluto. Más bien al contrario, engrandece a la democracia británica, capaz de practicar la alternancia en el poder sin que ello se traduzca en un ejercicio de filias y fobias.

Winston Churchill, Anthony Eden y Harold McMillan, sólo por citar algunos ejemplos en forma de nombres propios, en los ya lejanos años cincuenta del pasado siglo, asumieron como suyo el discurso pro Estado de Bienestar lanzado por Clement Attlee en 1945. Décadas después, Blair hizo lo mismo con el marco económico y político diseñado por el Tacherismo, modernizando a su partido y eliminando viejas cargas ideológicas (Cláusula IV) que lo alejaban del electorado.

No debemos pensar que durante los próximos cinco años vaya a producirse simetría entre conservadores y liberales en cuantas propuestas formulen. En efecto, hay escenarios que amenazan con ser problemáticos. Uno de ellos, quizás el principal, la Unión Europea, pero ya desde el inicio los tories han dejado claras sus cartas con el nombramiento de William Hague como Ministro de Exteriores, quien en 2001, lanzó la campaña Keep the Pound. Asimismo, y por si había dudas, el atlantismo, esto es, la relación con Estados Unidos, seguirá siendo especial.

Quedan por ver cómo evolucionan otros escenarios, especialmente el relativo a la reforma constitucional. En este sentido, los tories meses atrás apostaron por la Comisión Calman destinada a aumentar las prerrogativas del Parlamento de Edimburgo, por lo que parece obvio que el centralismo queda descartado como política oficial del partido. Los liberales defienden el federalismo. El logro del término medio, en consecuencia, será el objetivo a perseguir a partir de ahora. De momento un aviso: Danny Alexander (liberal) ha sido nombrado Ministro para Escocia.

Para los liberales, integrarse en el gobierno, supone una vuelta a la primera plana política. Desplazados desde la década de los años veinte al tercer lugar en el escalafón, tratarán de hacer recordar las gloriosas épocas de William Gladstone y de David Lloyd George. Por ello, es fundamental que no incurran en radicalismos de ningún tipo. Un excesivo énfasis en la reforma electoral puede hacer que el electorado los perciba como una formación más interesada en su beneficio personal que en el del país.

¿Y el Labour Party? Tras la dimisión de Gordon Brown el proceso sucesorio ha quedado abierto. Van apareciendo varios nombres, algunos representantes del Blairismo como David Miliband y otros más orientados a la izquierda, como Ed Miliband y sobro todo, Ed Balls.

¿Se presentará John Cruddas? Está por verse. Recordemos que éste durante los años finales de Brown exigió que el partido se renovara, entendiendo por renovación un discurso de corte más izquierdista. Su discurso es más radical que el de los anteriores. Los sindicatos tendrán mucho que decir en los próximos meses pues son la fuente principal de financiación del partido. El 25 de septiembre tendremos la respuesta.

En definitiva, las elecciones británicas monopolizaron la atención durante las primeras semanas de mayo. Se produjo cambio en el gobierno. Los tories han regresado con una hornada de políticos jóvenes como Osborne, Hague o Fox que tratarán de imitar el ejemplo ofrecido por sus antepasados: ser el partido de la clase media.