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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Serbia, ¿Hacia la UE?


Los equilibrios de la región, que ya han demostrado en su historia cuan delicados son, hacen inevitable que se mire a los países que se han quedado en la lista de espera para entrar en la UE. Así pues para Macedonia y Montenegro el camino parece allanarse con el tiempo, y, la vía hacia Europa se ha complicado por la crisis económica, es el viejo núcleo central de Yugoslavia quien está siendo noticia. Serbia, el gigante de los Balcanes, ha vuelto a hacer hablar de sí tanto en el mundo del deporte (los triunfos de Djokivic) como en el de la política, donde los importantes avances de los últimos meses podrían ser unos pasos hacia un futuro europeo. Sin embargo, a pesar del arresto del Ratko Mladic, no se puede afirmar que Serbia esté mucho más cercana a Europa que antes. Si es verdad que su colaboración con el tribunal de La Haya ha sido reconocida, parece que las reales condiciones puestas por Bruselas responden más a criterios de tipo, además que jurídico, económico, cultural y de soberanía nacional sobre sus viejos territorios.

El país balcánico había presentado en 2009 su petición formal para formar parte de la UE, a la que la Comunidad había contestado en su relación anual sobre la ampliación de la Unión de octubre del mismo año. Ya en ese informe se ponían de relieve los principales obstáculos que Belgrado habría tenido que superar para llegar al nivel de los 27: la alta corrupción política, la criminalidad organizada, la colaboración en la captura de los últimos criminales de guerra, los retrasos en ámbito administrativo, jurídico y económico y el reconocimiento de la independencia de Kosovo.

Entre los logros de Serbia en estos ámbitos destaca, por su eco mediático e importancia judicial, la detención por parte de las autoridades serbias del criminal de guerra Ratko Mladic, cuyo proceso en el Tribunal de La Haya ha empezado este último mes de junio. Sin embargo, el informe de la comisión europea había desatado el optimismo en las esferas del poder público nacional sobre el posible ingreso de Serbia en la Unión, al ver que los términos del documento de la unión empezaban por primera vez a hablar no de hipótesis sino de fechas, fijando el ingreso de este estado entre 2014 y 2018.

Era el año 2009 cuando, tras la constante colaboración de Serbia con el Tribunal Internacional para los crímenes en Yugoslavia (ICTY, por sus siglas en inglés), la UE desbloqueaba el tratado comercial con el país balcánico que le permitía "fortalecer y ampliar la relación ya establecida con la Unión Europea" . En la práctica, con el acuerdo, ya presentado en abril de 2008 pero rechazado por la falta de cooperación del país con el ICTY, se reducían las tasas aduaneras sobre los productos de la UE y se preveía el establecimiento gradual del libre comercio con la Unión de productos industriales y agrícolas dentro de seis años. La primera consecuencia del acuerdo por parte del Gobierno serbio fue la bajada de las tasas aduaneras sobre materias prima en un 70% y sobre productos agrícolas en entre el 80 y el 95%, pese a las duras críticas de la oposición.

Según datos de la Unión Europea, el acceso de sus países miembros al mercado serbio incrementó "de manera sustancial" a partir del 1 de enero de 2009 : a lo largo de ese año, la exportación de bienes y servicios desde y hacia la UE se estabilizó en un 54% del total de las exportaciones del país. Por aquel entonces, los diplomáticos de Bruselas veían las medidas serbas como un claro acercamiento de las partes en el casting para la nueva estrella de la bandera europea. Primera prueba de que esto era así fue la inmediata entrada en vigor, el 19 de  diciembre de 2009, de la liberalización de los visados para los ciudadanos serbios que quisiesen viajar a los países signatarios de los acuerdos de Schengen.

Los acuerdos en el planos económico pasaron todas las pruebas en el parlamento serbio, así como la cooperación del país con el ICTY, hasta llegar a la fundamental fecha del arresto de Ratko Mladic. En esa ocasión, el 26 de mayo, el presidente serbio Boris Tadic no escondió su optimismo: "el arresto ha abierto las puertas de la Unión Europea a Serbia" . En su encuentro con el presidente de la Unión Europea Herman Van Rumpoy, el pasado 6 de junio, declaró, quizás también pensando en las elecciones de 2012, sus expectativas para el cambio. Habló abiertamente de un cambio del estatus de Serbia a país candidato antes del final de este año y de la apertura de las negociaciones para la adhesión a principios de 2012.

Pero, varios diplomáticos de la Unión han pedido prudencia. No gustó a Bélgica y a Suecia la gran cantidad de peticiones de asilo político que llegaron a sus embajadas  a partir de 2009. Los dos países, que no obvia remarcar que nunca destacaron por sus políticas abiertas hacia los demás miembros, pusieron de relieve que no puede haber perseguidos políticos en un país que quiere ser miembro de la Unión. Sin embargo, también hay otro problema pendiente que pesa en las decisiones sobre el futuro de Serbia. Se trata, obviamente, del estado de Kosovo, cuya independencia bajo control de la ONU, declarada el 17 de febrero de 2008, fue reconocida por 22 miembros de la Unión (no lo hicieron España, Grecia, Chipre y Rumania). Tampoco Serbia lo ha reconocido, pues hasta esa fecha era administrado por el gobierno de Belgrado.

En este punto Bruselas no se ha mostrado flexible y, además, apunta a los líderes serbios como los culpables de los retrasos en las negociaciones. Tadic afirmó, tras el arresto de Mladic, que "dentro de 30 ó 40 días"  habría vuelto a sentarse a la mesa con los delegados albanokosovares, aunque su actitud de 'boicoteo' de las cumbres internacionales a las que se haya invitado a Kosovo (la visita de Obama a Varsovia el 28 de Mayo; los festejos para la Unidad de Italia el 2 de junio) no es una buena señal.

A pesar de todo se están aplicando algunos acuerdos bilaterales, y eso que la diferencia de visión sobre ellos destaca en las declaraciones de las partes implicadas.El 4 de julio se aplicaba un primer acuerdo  entre Belgrado y Pristina, firmado en abril en Bruselas. Con este primer trato, que todavía no ha entrado en vigor oficialmente, se establece que los ciudadanos de Kosovo podrán entrar en Serbia con sus documentos de identidad nacionales, aunque la policía aduanera serbia tendrá que aprobarlos con un documento especial que permita su circulación en el país. Algo parecido a un 'microvisto' que se adjunte al DNI. Además, en el caso de que entraran en su ex patria en coche, los albanokosovares tendrán que llevar consigo unas 'placas provisionales' con los que las fuerzas de seguridad serbias puedan reconocerles.

Serbia ha iniciado los trámites para in Pero como suele decirse, y a menudo pasa en política, cada parte lee el acontecimiento según le conviene. En sus primeras declaraciones tras el acuerdo los diplomáticos de Pristina han comentado que se trata del "primer paso hacia el reconocimiento serbio de la independencia de Kosovo" , así lo ha declarado Edita Tahiri, enviada a Bruselas por la Asamblea del país. Por otra parte, el serbio Borislav Stefanovic ha asegurado que no se trata de un reconocimiento "ni implícito ni explícito"  de la independencia de Pristina. En el gobierno de Belgrado, la oposición al Partido Demócrata de Tadic asegura que se trata de una decisión que va en contra del real interés nacional.

Resulta claro que el posible ingreso de Serbia en la UE pasa por Kosovo. Pero existen otros factores, más intrínsecos a la población del país balcánico y que difícilmente quedarán reflejados en los acuerdos internacionales, que no dejan de ser particularmente delicados en la cuestión. El aspecto religioso podría ser uno de ellos. Ningún estado europeo cuenta con una variedad religiosa como la de Serbia, en cuya constitución se permite la libertad de culto: en el país, según datos oficiales, el 85% de la población es serbio-ortodoxa, el 5,5% es católica, el 1,1% es protestante y el 3,2% musulmán. A nivel regional, las diferencias se hacen más claras. En la región de Voivodina, en el norte del país, el 25% de la población es católica o protestante, mientras que el 90% de los habitantes de la Serbia central son de confesión ortodoxa.  En Kosovo, incluyendo la zona norte de la región que sigue siendo parte de Serbia, la población es musulmana al 90%. Más allá de las cifras, hay que recordar que la religión en Serbia siguió siempre los pasos marcados por los impulsos de la sociedad: con la llegada de Milosevic y del nacionalismo serbio la religión ortodoxa serbia volvió a tener un trato distintivo en un país con una gran variedad de cultos. Bajo esta fórmula de nacionalismo apoyado en la religión fue de donde salieron las primeras chispas de la guerra de los Balcanes (1992-1995) y las ambiciones del proyecto de Milosevic,  la 'Gran Serbia'. Y en esta misma cuestión religiosa reside también la palatina exclusión de los albanokosovares, el 90% de los cuales son musulmanes, de la sociedad serbia.

El último dato que se puede aportar antes de que el tiempo y el trabajo de los diplomáticos puedan dar respuestas sobre un futuro europeo de Serbia es quizás la opinión de sus ciudadanos, recopilada en varios sondeos oficiales en los últimos años. Los datos, que sabemos bien cómo cambian con el paso de las estaciones políticas y financieras, indican que si en noviembre de 2009 el 71% de los serbios se confesaba  favorable al ingreso de su nación en la UE, en 2010 el dato caía al 58% a mediados de ese año. Las últimas cifras aportadas por las agencias serbias confirman la bajada: en abril de 2011, solo el 42% de los ciudadanos apoyaba un posible futuro europeo para su país.

La captura de Mladic ha sido seguramente una demostración del compromiso del Gobierno serbio con la justicia, en un Parlamento donde todavía hay muchos miembros de la nomenclatura de la era Milosevic. Sin embargo, como se recordaba anteriormente, las claves para abrir la puerta de Europa que Serbia necesita tocan también asuntos de envergadura internacional, desde los tratados económicos con la UE hasta su relación con Kosovo, sin dejar al lado el tema religioso. Más allá de la crisis económica, que está atravesando tanto la UE como Serbia, hay que destacar que la pérdida progresiva de la soberanía sobre Kosovo, el recuerdo de los 78 días de bombardeos de la OTAN con bombas de racimo y armas de uranio empobrecido, tan vivos en las generaciones de mediana edad, o la memoria de un pasado vivido como un apéndice raro e incompresible (¿Oriente u Occidente?) para Europa quizás sean argumentos que siguen teniendo más vigencia que cualquier acuerdo internacional en las opiniones de los serbios sobre su posible futuro europeo.