Reflexiones sobre la victoria del nacionalismo en Escocia
Esta pequeña nación británica no ha recibido el tratamiento mediático que merece. En 1997 “recuperaba” su Parlamento como parte del programa modernizador que para el Reino Unido traía bajo el brazo Tony Blair y que había sido gestado durante la década de los noventa por organizaciones que representaban a la sociedad civil, especialmente la Convención Constitucional Escocesa.
El New Labour, en todo momento, contempló el proceso descentralizador como una forma de acercar el gobierno de Escocia a los propios escoceses, nunca como el paso previo, o pendiente deslizante, hacia la independencia, como por ejemplo sostenía el Partido Conservador liderado entonces por John Major.
A favor de Blair jugaba entonces un hecho crucial: Escocia era por excelencia el gran bastión electoral del Partido Laborista, tanto es así que en las elecciones británicas de 1997 los tories no obtuvieron ningún diputado allí (ni tampoco en País de Gales).
Siguiendo con este desarrollo cronológico, los primeros comicios autonómicos (1999) y los segundos (2003) dieron al laborismo la victoria, aunque no por mayoría absoluta, lo que les obligó a pactar con los liberales-demócratas. Hasta ahí, nada que se saliera de la lógica ni del guión marcado en el Scotland Act de 1998. Además, en ambos procesos electorales, los nacionalistas no lograron ser una alternativa real de victoria, lo que entre otras consecuencias provocó la dimisión de su líder John Swinney en 2004 y el “retorno” de Alex Salmond.
Sin embargo, a partir de esta segunda legislatura de gobierno liberal-laborista (lib-lab, 2003-2007), el electorado escocés comenzó a distanciarse de su “formación favorita” para lanzarse a los brazos del Scottish National Party (SNP). Primero lo hizo de una forma moderada (2007) pero el 5 de mayo de 2011 de una radical.
A partir de este momento, el escenario pasa a ser otro diametralmente distinto y puede tener repercusiones para la configuración constitucional y territorial de Reino Unido. Recordemos que en la ideología nacionalista la independencia siempre ha ocupado un lugar preferente, si bien en esta campaña no ha abusado de la retórica secesionista…por razones tan pragmáticas como electorales.
La gran pregunta que surge, en consecuencia, es ¿convocará Alex Salmond un referendo sobre la independencia? Aquí aparecen las primeras cautelas, siendo necesario que hagamos algunas precisiones. La primera de ellas referente a que, aunque pueda resultar contradictorio, los escoceses pese a apoyar mayoritariamente al SNP no son independentistas sino que han lanzado un mensaje claro a las formaciones políticas tradicionales y unionistas (laboristas, conservadores y liberales). Éstas han priorizad aspectos generales de su agenda frente a la situación particular de Escocia.
Se trata de una máxima ha sido especialmente perceptible en laboristas y liberales. Así, Ed Miliband ha preferido mirar hacia Westminster en lugar de a Holyrood; Nick Clegg ha estado obsesionado con la reforma del sistema electoral. En cuanto a David Cameron, los conservadores siguen sin ser una alternativa real al gobierno en Escocia pero quizás éste sea un problema menor comparado con la complicada situación económica que vive Reino Unido y que ellos son los encargados de resolver.
En íntima relación con esta idea, no conviene perder de vista que el electorado escocés se ha comportado de forma cortoplacista, castigando indirectamente David Cameron y a Nick Clegg por las medidas de austeridad económica llevadas a cabo durante los últimos meses, tan impopulares como necesarias.
A partir de este momento que vamos a vivir un momento estelar en la vida política británica que se traducirá en un tira y afloja entre los Parlamento de Londres y Edimburgo puesto que el SNP, de convocar referendo, no lo hará de forma inmediata sino que Salmond optará para la táctica de obtener mayores prerrogativas del centro. ¿Gradualismo en la estrategia o triunfo indirecto de la Comisión Callman? Lo único cierto es que se ha puesto de manifiesto que la Devolution es un proceso dinámico y no estático.





