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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

La apretada y complicada agenda de David Cameron

 

Desde el 6 de mayo de 2010, los tories fueron conscientes de que no les iba a tocar vivir una “etapa de vino y rosas” al frente del gobierno. En primer lugar estaba la complicada situación económica. La herencia de Brown como Primer Ministro era más cercana a la que legó Callaghan a Thatcher que a la recibida por Blair en 1997.

Los recortes en el gasto público, en consecuencia, aparecieron y han cobrado protagonismo durante los primeros meses, de tal modo que en la Conferencia Anual de Birmingham (octubre de 2010) el Ministro de Economía George Osborne y su figura se superpusieron a temas estrella de antaño como la relación con la Unión Europea, la presencia en Afganistán o el concepto de broken society, idea central esta última en el argumentario de Cameron tras ser elegido líder del partido en diciembre de 2005.

Osborne, al igual que anteriores ministros de economía, ha optado por un perfil bajo, sin dejar demasiados titulares que impliquen, como diría un castizo, más ruido que nueces. Todo lo contrario: si de algo “ha pecad” es de realismo al exponer las medidas y las razones de su necesidad.

Asimismo, ha dado muestras de optimismo. De forma muy gráfica hablaba el pasado 23 de marzo de poner fuel en el depósito de la economía británica y explicó la receta a seguir: estabilidad, credibilidad e impuestos más bajos. La palabra que mejor resume esta fórmula es austeridad, algo con lo que no comulgan los grupos de ultraizquierda del país, quienes como forma de hacer valer sus ideas han organizado varias manifestaciones que han acabado con destrozos del mobiliario público y detenciones.

En cuanto al líder de la oposición, Ed Miliband, se ha sumado a la crítica al gobierno pero sin aportar plan alternativo alguno, mostrando su dependencia de los sindicatos, quienes no lo olvidemos, le auparon al poder. Sin duda alguna, las Unions han visto en Miliband un político mucho más manejable que Brown o que Blair.

Si Osborne transmite un mensaje de optimismo realista, algo parecido puede predicarse del Primer Ministro. Éste en Cardiff analizó todos los temas que preocupan a su gobierno, desde los “heredados” (crisis económica), los compromisos adquiridos para formar gobierno con los liberales-demócratas (referendo sobre el sistema de voto) y los que han irrumpido recientemente (Libia).

Sobre este último punto, hay que destacar el liderazgo que tanto David Cameron como William Hague y Liam Fox (ministros de Exteriores y Defensa, respectivamente) han ejercido. Quizás, no han sido tan nombrados como Sarkozy, pero en cualquier caso, han liderado la reacción occidental contra Gadafi exigiéndole que abandone el poder. Igualmente, han apostado por mantener la intervención militar hasta cuando sea necesario.

Sin duda alguna se trata de un sobreesfuerzo para las arcas británicas que demuestra el compromiso con la democracia y con la defensa de los derechos humanos que siempre ha caracterizado a los gobiernos de Reino Unido. David Cameron fue el primero en solicitar una zona de exclusión área, tengamos siempre presente este hecho, o de pedir la colaboración de los gobiernos árabes moderados, idea central en su doctrina del liberal-conservadurismo.

El escenario libio también ha puesto de manifiesto una de las grandes tesis de Cameron: cualquier intervención militar no sólo deberá estar autorizada por Naciones Unidas sino que la organización encargada de llevarla a cabo debe de ser la OTAN. Finalmente, así ha sido y una vez más,  no le ha templado el pulso a la hora de tomar una decisión que podría ser impopular pero con la que se ha evitado matanzas de civiles.

En definitiva, el actual gobierno británico y su Primer Ministro han dada una nueva muestra de su renuncia deliberada al cálculo electoral, al tiempo que han demostrado, como ya hiciera Winston Churchill frente Hitler, que el apaciguamiento no es la solución frente a quienes tratan de imponer su poder por la fuerza.