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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

2011 será un año clave para David Cameron

 

Trece años (1997-2010) tuvieron que esperar los tories para regresar al gobierno británico. Durante buena parte de los mismos la indefinición caracterizó su modus operandi. No estaban claros ni su mensaje ni sus objetivos. Esto en buena parte se debió a que el Labour Party de Blair se había apropiado del exitoso discurso caracterizador y configurador del Thatcherismo. Ni William Hague, ni Ian Duncan-Smith ni Michael Howard fueron capaces de presentar a su partido como una formación atractiva, capaz de afrontar con éxito los retos del siglo XXI. David Cameron, por el contrario, sí que supo hacerlo.

En efecto, durante los años en la oposición (diciembre de 2005-mayo de 2010) David Cameron apostó por los principios conservadores de gobierno limitado, importancia de la ley y el orden, el rol de la familia como institución capital de la sociedad o el libre comercio como política adecuada para generar riqueza para todos. Se trataba de recuperarlos y no de renunciar a ellos. Si en el pasado habían demostrado su éxito y su capacidad para mejorar la vida de las personas, ¿por qué no iban a hacerlo en el presente y en el futuro?

Una vez en el gobierno y como Primer Ministro, ha seguido por la misma senda aunque priorizando el contexto doméstico, lo que no significa que las relaciones internacionales hayan quedado descuidadas. Todo lo contrario y en ellas se ha apreciado la característica que está guiando la agenda política del ejecutivo: el pragmatismo. Este aspecto se observa, especialmente, en los partenariados establecidos a modo de relaciones bilaterales con países tan diferentes entre sí como India o China, sin olvidar la revisión de la special relationship con Estados Unidos.

Vayamos por partes. Difícil coyuntura económica la que heredaron los tories. Los años de mandato de Gordon Brown (2007-2010) fueron nefastos. El político escocés recurrió a la vieja política económica, propia de los años setenta, basada esencialmente en el intervencionismo. Sus resultados fueron calamitosos en forma de aumento de paro y de la inflación. En consecuencia, el binomio Cameron-Osborne (Ministro de Economía) han debido introducir las denominadas “medidas impopulares” cuyos réditos no son cortoplacistas pero que en determinados sectores sociales han generado malestar (por ejemplo, entre los estudiantes).

Mientras tanto, sus rivales laboristas han generado pocos titulares significativos, más allá de la lucha fraticida del pasado mes de septiembre entre los hermanos David y Ed Miliband con la victoria final de éste último. Dura tarea la que tiene como líder de la oposición. Además, sus primeras manifestaciones fueron dirigidas a enterrar el “Nuevo Laborismo”. ¿Hacía un guiño a los sindicatos?

2011 no será un año de transición ni para Cameron ni para Miliband y ni, muchos menos, para Nick Clegg, el número dos del gobierno y líder de los liberales-demócratas, quién sí está siendo cuestionado por las bases de su partido. En efecto, además de las medidas que se adopten (la mayoría de naturaleza económica) habrá escenarios que generarán resultados cuantificables, por ejemplo las elecciones de Escocia.

Para David Cameron, Escocia no tiene una importancia baladí, todo lo contrario: supone el primer gran test para volver a ser una One Nation Party, déficit que viene arrastrando su formación desde hace varias décadas. Annabel Goldie (líder del Scottish Conservative and Unionist Party) está ante la gran oportunidad de mostrar que el conservadurismo no es sólo una doctrina o una ideología de consumo inglés sino que puede y debe tener una dimensión escocesa, como ya sucediera en la  gloriosa década de los años cincuenta del siglo XX con Winston Churchill, Anthony Eden o Harold MacMillan.

Y todo ello sin olvidar que el legado laborista no sólo se refiere a la economía sino que hay escenarios como Afganistán donde el gobierno deberá hacer un sobreesfuerzo si quiere cumplir la promesa de retirar a las tropas en 2015. ¿Y la Unión Europea? Hasta ahora los tories, más allá de declaraciones, aún no han mostrado en la práctica su visión crítica sobre su rumbo. Es de prever que harán valer su realismo, calificado de euroescepticismo por algunos, cuando desde Bruselas se apueste por alguno de los grandilocuentes planes de reforma a los que cada cierto tiempo nos tienen acostumbrados su burocracia.

El autor de este artículo ha escrito Cameron: tras  la senda de Churchill y Thatcher (Editorial Siníndice, Logroño,  2011).