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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

La Unión Europea ante su gran reto ruso

 

 

La influencia de la Unión Europea (UE) en el mundo es cada vez mayor, en consonancia con su peso económico, demográfico, comercial y diplomático. Con casi 500 millones de habitantes, la UE es la tercera población del planeta, después de China e India. Su PIB combinado es el mayor del globo y representa la cuarta parte de la producción mundial. Es la primera potencia comercial, con el 20% de las importaciones y exportaciones internacionales. Es sede de la tercera parte de las 500 mayores compañías de la tierra. Tiene una divisa de referencia, el euro.  Es el principal donante de ayuda al desarrollo y ayuda humanitaria. Y cuenta con 130 delegaciones y oficinas de representación en todo el mundo, que trabajan en colaboración con las misiones diplomáticas de los 27 Estados Miembros (EEMM).

Como actor político activo, la UE es capaz de promover sus valores y, probablemente, de proteger sus intereses de seguridad a través de una Política Exterior Común (PEC), que ha desarrollado sus capacidades civiles y militares para la gestión de crisis, y que le permite contribuir a la defensa de los derechos humanos y a la implantación del imperio de la ley en cualquier lugar. En este sentido, la obligación de los EEMM de acudir en ayuda de uno de ellos en caso de ataque (cláusula de asistencia mutua recogida por el Tratado de Lisboa), sin perjuicio de la neutralidad o de la pertenencia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), revela la importancia de la Política Común de Seguridad y Defensa (antigua Política Europea de Seguridad y Defensa-PESD) en relación a la dimensión geopolítica adquirida por la Unión desde que hace frontera con Rusia.

Aunque no hay motivo alguno para temer el peligro de una nueva carrera armamentística en que Europa vuelva a ser el escenario de rivalidades, la UE tiene que entender que necesita de la colaboración de los rusos en todos los asuntos internacionales. Asimismo, la cooperación con los vecinos directos de la Unión requiere una asociación activa con Rusia, lo que implica, en el futuro, la necesidad de  europeizar aún más estas relaciones y volver a definir su contenido y sus formas y hacer hincapié en que la relación se basa en la premura de llevar a cabo reformas democráticas. Sin embargo, Rusia se siente la gran perdedora de la unificación de Europa porque ha tenido que asumir nuevos derechos de aduanas, que han abierto la puerta a todo tipo de especulaciones sobre las pérdidas ligadas a los cambios producidos por la quinta ampliación de la UE.

Desde el luego, el camino no ha sido fácil para Rusia, un país que ha tenido que trazar nuevas fronteras y sigue buscando un lugar entre los grandes al heredar de la Unión Soviética casi todo salvo la categoría de superpotencia de la que ésta gozaba. En estos momentos, en que se ha comprometido en una nueva vía, con importante logros dado el inmenso potencial de recursos en su territorio, su regreso a la escena internacional parece real. De hecho, las fabulosas riquezas en petróleo y gaz natural son los fundamentos de la nueva geopolítica rusa. Y no se olvide que Gazpromm es un Estado dentro de otro Estado.

En ese contexto, el ingreso de Rusia en la UE sigue constituyendo un tabú. Nunca ha presentado oficialmente su aspiración a una candidatura de adhesión a la Unión. En el caso eventual que esto se produjera, muchos estiman que debería plantearse en términos de fusión ya que el tamaño del territorio ruso es cuatro veces mayor al de la UE. En cualquier caso, una negociación en dicho sentido nunca tomaría menos de una década. Mientras tanto, la cláusula de asistencia mutua puede desarrollar toda su virtualidad, sobre todo, por la parte de disuasión que ésta puede desplegar ante el hecho de que Rusia puede significar una amenaza para las actuales fronteras de la Unión.