Los gays israelíes vetados en Madrid: cuando social quiere decir político
Los gays que viven en Israel recibieron con estupor la noticia de que la carroza pertrechada para representarlos en la fiesta del orgullo gay de Madrid no podría recorrer la bulliciosa trasera de la Gran vía, en el desfile que simboliza las reivindicaciones y la necesidad que sienten los homosexuales de mostrarse ante sus conciudadanos, con alegría y con total normalidad . El asalto de soldados israelíes a un barco enrolado en la Flotilla de la Libertad, que finalizó con la muerte de diez tripulantes turcos, fue la razón que esgrimió la organización para retirar la invitación a participar en el desfile.
Los gays y lesbianas israelíes, con pocas excepciones, pusieron de manifiesto su indignación en las calles de Tel Aviv. No comprendían las explicaciones dadas por los responsables para apartarlos de la celebración del fin de semana grande de ese movimiento, cuando los homosexuales españoles rinden homenaje a los primeros gays que, desde el mítico barrio de Greenwich Village, enfrentaron la discriminación legal que sufrían.
Y es que, en efecto, la decisión que adoptó la organización no puede justificarse fácilmente.
Las leyes israelíes protegen a los ciudadanos de cualquier conducta discriminatoria relacionada con la orientación sexual. Además, el Tribunal supremo ordenó el reconocimiento de los matrimonios homosexuales celebrados en otros países. Tampoco prohibe la legislación del Estado hebreo la adopción, por parte de parejas del mismo sexo. Los homosexuales pertenecientes a las asociaciones más representativas de Israel tienen opiniones políticas diversas, a veces enfrentadas, respecto a cómo gestiona el gobierno la seguridad del territorio. A buen seguro, algunos han perdido a seres queridos, cuando el autobús en el que se dirigían a su trabajo fue objeto de un atentado terrorista.
Es de suponer que los gays y lesbianas seguirán planteando revindicaciones para ampliar el reconocimiento de sus derechos y de los beneficios sociales en ese país. Pero no cabe ninguna duda de que Israel es un verdadero oasis para los homosexuales de la región, puesto que no son perseguidos ni enviados a prisión, como sí ocurre en su entorno geográfico, salvo en Turquía.
Por lo que se refiere a Tel Aviv, la capital financiera de Israel es también un importante lugar de destino para el turismo homosexual, con un gran número de visitantes que acuden cada año para disfrutar de las posibilidades que le brínda el ambiente gay friendly.
Precisamente el gobierno municipal de Tel Aviv, vetado por los organizadores del Orgullo Gay madrileño para la edición de este verano, ha colaborado en el impulso del turismo homosexual en la ciudad, junto a numerosos empresarios del sector.
De hecho, es considerada la capital gay del Mediterráneo Oriental, y cuenta con un barrio de ambiente, en el que proliferan los clubes nocturnos, bares, saunas o sex shops, exclusivos para esa comunidad. La denominada House of Freedom, que se inauguró hace más de una década, fue concebida como una institución de mediación familiar, entre los padres y los jóvenes que han tenido conflictos en sus casas por llevar una vida sexual diferente.
Son tantos los motivos que respaldan la participación de la carroza patrocinada por tel Aviv en el desfile, que varias asociaciones españolas intervinieron a favor de la readmisión de los gays y lesbianas de Tel Aviv, sin demasiado éxito.
Los organizadores tenían a su disposición múltiples fórmulas para manifestar su disconformidad con la actuación del ejército hebreo, sin necesidad de recurrir a un veto que se niegan incluso a reconocer, escudándose en que no pueden garantizar la seguridad de la delegación patrocinada por el ayuntamiento de Tel Aviv. Pudieron haber tomado una decisión que no supusiera una falta de respeto a unas personas que, al menos en principio, son sus compañeros de lucha. Y que, de paso, reconociera los avances propiciados por los homosexuales de Israel, en la defensa de sus libertades civiles.
Porque, si bien los portavoces oficiales de la Federación de gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales se empeñan a veces en convencernos de lo contrario, su única razón de ser es defender los derechos civiles de la población homosexual, en España y en el mundo.
Había otros cauces para mostrar su preocupación por los derechos de los activistas embarcados en la flotilla que puso proa a Gaza; o para expresar la preocupación por la integridad física de los científicos israelíes que estuvieron a punto de ser linchados por un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid; o para rechazar los incomprensibles vetos que, siguiendo el ejemplo del Orgullo Gay, han supuesto la exclusión de delegaciones israelíes en diversos eventos sociales y culturales.
Los organizadores de las fiestas mayores de chueca han optado por una politización sin tapujos. Han preferido reforzar los atávicos lazos que les unen a los suyos, a quienes comparten su agenda ideológica, desde el empiece hasta el último punto y final. Es evidente que los homosexuales que no coincidan con esos principios serán vistos como enemigos de la causa, y desacreditados ante la sociedad.
Quienes respaldan las actitudes y la decisión adoptada por los organizadores del desfile no pueden estar, jamás, a la vanguardia de una sociedad integradora y abierta, sino en primera fila del servilismo político más rancio y contraproducente.
Al contrario de lo que se pueda pensar, ese comportamiento es demasiado frecuente en muchos de los grupos que escogen los derechos sociales como la forma más barata de hacer política, teniendo en cuenta un análisis de los costes y beneficios.
Siempre que sucede algo similar al boicot a los gays y lesbianas de Tel Aviv, me acuerdo de Superman. Unido para siempre a su silla de ruedas, recibió el mayor desprecio de los activistas discapacitados de los Estados Unidos.
A él no le interesaba la política, sino los avances médicos que le permitieran curarse. Nunca se lo perdonaron.
Carlos Rodríguez Braun lo sintetiza con maestría en una entrada de su Diccionario Políticamente Incorrecto. Social, casi siempre, quiere decir político.





