¿Reciclando iniciativas europeas?
Parece que ya nada nuevo se inventa, sacamos del fondo del armario un traje que nos pusimos durante muchos años. Quizá con una pequeña modificación pudiera volver a usarse sin llamar demasiado la atención. Es lo que en una primera mirada se podría pensar de la nueva iniciativa comunitaria “Social Innovation Europe” (la Europa de la Innovación Social). Parece que simplemente se ha cambiado el nombre: ahora vamos a llamar “innovación” lo que a simple vista recuerda una simple repetición.
El pasado mes de marzo, el Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso presentaba en Bruselas la iniciativa comunitaria “Innovación social”, esperando de ella que lograra lo que los estructuras del Estado del bienestar no han sido capaces de conseguir: la eliminación de la exclusión social en los países europeos. Y esto ha sido debido a su rigidez o al distanciamiento existente entre ellas y las necesidades de los ciudadanos más desfavorecidos y sus familias. Las estructuras de los Estados del bienestar no han podido con el reto de la exclusión. ¿A quién pasarle ahora el desafío? A la familia, al vecindario, a las organizaciones sin ánimo de lucro. En definitiva, la ciudadanía viene otra vez en ayuda de un Estado al que le invitan a retroceder. En los años ochenta se apostaba por una futura red pública de servicios sociales en la que el gobierno en ese momento tenía puestas grandes esperanzas para hacer frente a la exclusión y a la pobreza. A pesar de los resultados brillantes en los últimos decenios es como si hoy, con los recortes en todos los países europeos de la financiación pública y las experiencias exitosas a pequeña escala habría que volver a las antiguas estrategias.
En mayo de 2010 se publicó un informe poco conocido: Empowering people, driving change: Social innovation in the European Union (que podríamos traducir como: Capacitar a las personas, impulsar el cambio: Innovación Social en la Unión Europea), resultante del seminario organizado un año antes por el BEPA (por sus siglas en inglés: Bureau of European Policy Advisers, Oficina de Asesores Políticos Europeos), para recoger las actuaciones con carácter innovador que se estaban analizando desde diferentes Direcciones Generales de la Comisión, en los ámbitos de sus respectivas competencias.
Los desafíos (cambio climático, envejecimiento, desempleo, inmigración, justicia social) se han agudizado con la crisis global haciendo necesario un nuevo enfoque hacia la dimensión social de Europa. En un período en que los recursos son limitados se vuelve imprescindible encontrar nuevas soluciones y es en este sentido en el que los desafíos sociales pueden convertirse también oportunidades si se estimula dicha innovación con el aprovechamiento de las tecnologías de la información y de la comunicación en la provisión de servicios de salud, atenciones a personas mayores, educación, formación de los y las inmigrantes. Muchas iniciativas se han descubierto en los Estados Miembros que vale la pena difundir ya que parten de otros actores distintos del Estado, con un enfoque diferente y con la participación de los propios beneficiarios. ¿Quién es capaz de experimentar a pequeña escala esos nuevos enfoques para trabajar con la población excluida de tantos servicios? Es aquí donde aparece el antiguo traje al que aludíamos al principio. Pero no nos referimos simplemente a un cambio de nombre, sino a la asunción de un estilo diferente. La innovación es social en sus fines y en sus medios. Específicamente se trata de las nuevas ideas (productos, servicios y modelos) que simultáneamente remedian las necesidades sociales (de una forma más efectiva que otras alternativas) y crean nuevas relaciones sociales de colaboración.
Las expectativas son grandes. La Comisión, aunque reconoce que el concepto de innovación social no es completamente entendido por el gran público, tiene fe en la innovación social para tratar la exclusión y anima a los grupos de la sociedad civil y a los llamados “empresarios sociales” para participar en esta iniciativa que promueve nuevos enfoques en la provisión de servicios públicos. Y es que la iniciativa quiere[1] abrir la válvula de la creatividad de iniciativas solidarias, de asociaciones y de empresarios sociales para encontrar nuevas formas de solucionar las crecientes necesidades sociales que no son adecuadamente alcanzadas por el mercado o el sector público y que están especialmente dirigidas hacia los grupos vulnerables de la sociedad.
Para lograrlo, la nueva iniciativa prevé el desarrollo de una base de datos online que permitiría a todos los actores sociales aprender y conocer los diferentes enfoques en la provisión de servicios que se han ensayado en otros países o lo que es lo mismo: favorecería el acceso e intercambio de “buenas prácticas” en materia social, con una estructura de “gran red”. Y como conseguir la implicación de todos los actores de la sociedad requiere de la capacitación de los diferentes actores de la sociedad, la Iniciativa prevé paralelamente dotar de las herramientas formativas necesarias a los ciudadanos, particularmente aquellos que se encuentren en una situación desfavorecida o de mayor vulnerabilidad. Pero eso no es todo: la Europa de la Innovación Social no quiere limitarse a buscar soluciones alternativas o nuevas ayudas que pudieran focalizarse en los grupos sociales más desfavorecidos. También pretende crear y mejorar las relaciones sociales y los modelos de gobernanza a través de nuevas formas de organización y de interacción entre el sector público, las organizaciones de la sociedad civil, las empresas privadas y los ciudadanos[2].
En definitiva, la crisis económica desatada en 2008 ha puesto en evidencia la dimensión cada vez más social de los grandes desafíos globales de la primera década del siglo XXI, entre los que se encuentra el desempleo -vinculado a la exclusión- social, el envejecimiento y el cambio climático[3]. Y ello ocurre precisamente en un momento de escasez de recursos, que requiere de nuevas ideas, soluciones (creativas), pero con presupuestos limitados. Ante estos condicionantes surgen los debates sociales y, desde Europa, aunque no sólo, se apuesta por la “Innovación social”, un término a veces ambiguo del que resulta una iniciativa poco innovadora y menos conocida entre los ciudadanos, que tiene sin embargo un objetivo ambicioso: implicar en una gran red a todas las partes interesadas (particulares, entidades públicas y privadas, instituciones, etc.) en el desarrollo de los Estados de Bienestar y, de modo más directo, en la satisfacción de las necesidades sociales más acuciantes.
[1] Discurso de José Manuel Durão Barroso, Presidente de la Comisión Europea: Europe leading social innovation (Europa encabezando la innovación social), en su intervención del 17 de marzo de 2011, en Bruselas. Disponible on line con la referencia: SPEECH/11/190.
[2] Discurso de László Andor,Comisario Europeo de Empleo, Asuntos sociales e Inclusión, con motivo del lanzamiento de la iniciativa “Social Innovation Europe” (la Europa de la Innovación Social). Pronunciado en Bruselas el 16 de marzo de 2011 y disponible on line con la referencia: SPEECH/11/189.
[3] HUBERT, Agnès (coord.): Empowering people, driving change: Social innovation in the European Union; BEPA, Bruselas, mayo de 2010.





