Los Bancos del Tiempo, más que una alternativa a la economía de mercado
En los tiempos que corren, parece que todo gira entorno a la crisis económica en la que nos hallamos inmersos. Iniciativas sociales, como los Banco del Tiempo (Bdt), no escapan a esta tendencia. Sin embargo, los Bdt son algo más que una respuesta alternativa a la crisis o una medida de ahorro. Lejos de quedarse en una mera cuestión económica, este proyecto, bien enfocado, es una herramienta útil de fomento del asociacionismo, así como una fórmula para la integración muy poderosa.
Pero veamos primero, ¿qué es un Banco del Tiempo? A pesar de las características que diferencian a unos y otros, la esencia es común a todos: un Bdt es una red ciudadana abierta a todo aquel que quiera pertenecer, en la que los usuarios ofrecen y demandan servicios de diversa índole. Lo más característico de este tipo de agrupaciones es la ausencia de intercambio económico, que es sustituido por una moneda no tangible cuyo valor es la hora.
De esta forma, todos los servicios, ya sea el cuidado de personas dependientes, una sesión de asesoramiento psicológico o ayuda en la limpieza de casa, están valorados de la misma forma: el tiempo que se ha invertido en la realización de dicha tarea.
Aunque actualmente en España los Bdt tienen una relevancia considerable con aproximadamente 180 sedes ya en marcha, (70 de ellas en Galicia), no podemos atribuirnos la gestación de esta idea que [1]comenzó en realidad con el llamado “trueque moderno” puesto en marcha en Canadá por jóvenes con pocos recursos económicos que en 1976 fundaron el sistema 'Community Exchange”: intercambio comunitario al margen del intercambio económico.
En 1982, también en Canadá, Michael Linton lanza el sistema de intercambio conocido como LETS (Local Exchange Trading System) basado en el uso del “green dolar” para intercambios de carácter local. Este sistema se extendió llegando a Nueva Zelanda, Reino Unido y Australia en poco tiempo.
En Australia, debido a la crisis económica vivida a causa de la entrada de Reino Unido en la Comunidad Económica Europea, los LETS se extendieron por todo el país a partir de 1992 impulsados por el propio gobierno con la ayuda de Linton. Este proyecto alcanzó tal importancia en el país, que algunas empresas llegaron a aceptar monedas LETS como forma complementaria de cobro.
Argentina también importó el sistema y en 1995 poco más de una veintena de personas pusieron en marcha el primer club de trueque en Buenos Aires. Los usuarios dejaban en la sede del club sus productos y/o información acerca de sus servicios y a cambio recibían una tarjeta que les serviría para adquirir productos y servicios de otros usuarios cuando éstos les resultasen necesario. En 1996, ante la considerable crecida del proyecto, se establece la “red global de trueque solidario” que une a todos los clubes del país. La grave crisis económica que vivió Argentina en 2002, supuso un crecimiento tal que llegaron a registrarse cinco mil clubes en todo el país en los que llegaron participar más de 6 millones de personas.
Con principios similares a los de los LETS, nace en Estados Unidos en los años 80, el 'Time Dollar' que ya establece la equivalencia de valor-tiempo utilizada hasta la actualidad en los Bdt.
Los Bdt son herederos de los LETS y del sistema de los Time Dollar y se basan en los mismos principios que estas redes pioneras: la confianza mutua y la cooperación entre los usuarios, la integración de personas sin recursos económicos en el sistema, la búsqueda de opciones alternativas a la convivencia comunitaria y las transacciones económicas habituales, así como en el fomento de la igualdad de oportunidades.
Con estas premisas, el proyecto llega a Europa en 1992, cuando el Sindicato de Pensionistas de Parma, en Italia, pone en marcha el primer Bdt como recurso para resolver los pequeños escollos de la vida cotidiana de sus usuarios. El proyecto se extendió rápidamente y actualmente el país ya cuenta con más de trescientos centros de este tipo.
En 1998, esta misma idea llega a Reino Unido donde el primer Bdt se establece en un centro médico londinense. El objetivo es demostrar los beneficios que en cuestión de salud podían conllevar este tipo de relaciones en las que se recibe una ayuda, un servicio, pero también se fomenta la propia autonomía a través de la 'obligación' que adquiere el usuario de devolver ese tiempo del que se ha beneficiado con sus propias habilidades.
La 'New Economics Foundation', entidad que recogió el legado de los Time Dollar en Reino Unido, lanzó en el año 2000, con el apoyo de la BBC y el Ministerio del Interior Inglés, una gran campaña para impulsar la creación de nuevos Bdt. Actualmente la red de Bdt de Reino Unido es una de las mejores organizadas del mundo.
Como hemos visto, el nacimiento y desarrollo de los Bdt y redes afines responde a dos motivaciones fundamentales: por una parte la búsqueda de una economía alternativa, especialmente en tiempos de crisis, y por otra -relegada a un segundo plano al menos si atendemos a este recorrido histórico-, el desarrollo de un sistema de convivencia comunitaria que favorezca la integración de personas que sin él, verían mermada su participación como ciudadanos activos en su entorno.
Sin embargo, las experiencias ya mencionadas puestas en marcha en el Reino Unido, que fueron evaluadas por sus impulsores, dejaron entrever un gran valor intrínseco a este sistema de convivencia comunitaria: se demostró que personas que habitualmente no trabajan como voluntarias y a menudo sufren una alta tasa de desempleo (personas con discapacidad, con pocos recursos económicos, entre otros), sí prestaban sus servicios a través de los Banco del Tiempo.
En cualquier caso, no es necesario que nos remitamos a experiencias lejanas como ésta. Actualmente, en las secretarías de los Bdt de España, se constata en el día a día la participación de personas desempleadas, jubiladas, con discapacidad, inmigrantes... si bien es cierto que la pertenencia a este tipo de redes nos abre la puerta a una serie de servicios que quizá nos resultarían prohibitivos de no pertenecer a ella, también lo es que el mayor valor de estas iniciativas reside en su capacidad integradora.
El propio funcionamiento de la red revaloriza el potencial de la persona, le da un valor a sus capacidades y habilidades que en otros circuitos transaccionales pueden pasar desapercibidos. Además, estos sistemas de intercambio tienen la capacidad de dar un empuje a los valores de cooperación y solidaridad que la ciudadanía ya posee de forma intrínseca, pero que no siempre encuentran una forma de desarrollarse.
Este proyecto responde así a varias necesidades sociales: fomenta la cooperación ciudadana, establece una red social que fortalece el tejido asociativo del lugar en el que se implanta y fomenta la igualdad en su sentido más amplio.
En una sociedad en la que prima la desconfianza hacia el otro, el miedo a lo ajeno, a lo diferente, el individualismo y los hábitos de vida enfocados al consumo, no siempre es fácil llegar a la gente con este tipo de iniciativas. No es fácil, pero tampoco es imposible. Sembrando confianza y entusiasmo, se cosecha confianza y entusiasmo, y las cifras lo demuestran. Tomemos como ejemplo el Banco del Tiempo de Logroño [que presta servicios en la capital de Comunidad Autónoma española, uniprovincial, de La Rioja, donde se registran 152.986 habitantes empadronados]: a punto de terminar el año, cuenta con casi 250 socios realmente activos, que a lo largo de estos últimos once meses han intercambiado 1.560 horas, frente a las 430 intercambiadas el pasado año.
Los números demuestran que se puede ir a más. La mejora, en cualquier caso, no reside en el crecimiento del número de horas intercambiadas, sino en lo que estas cifras significan: hoy, los vecinos de Logroño tienen a su alcance una red comunitaria en funcionamiento que puede brindarles apoyo si lo necesitan, que refuerza y da salida a sus capacidades, aumenta sus posibilidades de mantenerse integrados y activos en su entorno al margen de sus ingresos, procedencia y demás condicionantes, al parecer determinantes en otros ámbitos de la vida, pero irrelevantes en éste.
No olvidamos que los Bdt son una alternativa -tímida, al menos en España- a la economía de mercado, ni restamos valor a lo que en este sentido pueden significar, pero desde luego el mayor valor de los mismos reside en su capacidad de unir, reforzar las relaciones entre ciudadanos y favorecer la integración de los mismos con todos los beneficios que a nivel personal y comunitario esto puede suponer.
[1] Gisbert Quero, Julio: Banco del Tiempo/Historia; Banco del Tiempo de San Javier. Recurso consultado el 16 de noviembre de 2010 en la página Web del Banco del Tiempo de San Javier. (http://bancodeltiempo.sanjavier.es/bdl.php?id=4)





