El país de los niños robados
Un halo de esperanza rompe el cielo cubierto de desesperación en el caso de los niños robados. Asociados en Anadir, “Afectados por Adopciones Irregulares” han conseguido el respaldo del ministro de Justicia, Francisco Caamaño, y del Fiscal General, Cándido Conde-Pumpido. Y precisamente estos días, cuarenta años después, una madre y una hija (supuestamente muerta) se han encontrado confirmando que esta historia no es leyenda negra de nuestro país sin más. Pasó y habrá que buscar respuesta a muchos interrogantes. De momento queda el halo de luz sobre este primer caso resuelto tras cuatro décadas de dudas, de búsqueda de la identidad, de las raíces y de luchar contra la parafernalia de la mentira en la que aún se encuentran muchas familias de no se sabe el número de posibles casos. De momento, 261 sobre la mesa.
El relato de unos podría confundirse con el de otros, porque se repiten con insistencia las mismas pautas. Claro está que se había tejido una extensa red en la que colaboraban médicos y matronas de distintos centros hospitalarios. Y tampoco cabe la menor duda de que la jerarquía eclesiástica hundió sus dedos en el yugo de lo más miserable que puede hacerse con la vida: robársela a unos padres. Y es ahora cuando una madre desesperada y convencida de que su hija no estaba muerta ha conseguido encontrarla. La partida de defunción que le entregaron era falsa. Pero entonces, década de los años 70, nadie preguntaba ni se atrevía a hacerlo. La ignorancia jugaba malas pasadas, pero el peso de un régimen como el franquista también. Y cuando unos padres eran informados de la muerte de su bebé, nada se cuestionaba. Si pedían ver el cadáver para despedirse ya había una persona encargada, que podía ser la matrona o un sacerdote, quien interpretaba el papel de evitar a los padres el dolor de tener que ver a su hijo muerto. Con un “nos encargamos de todo nosotros” el trance de la muerte quedaba resuelto.
Pero detrás de ese acto impenitente quedaban siempre unos padres o una madre dudosos de lo que había sucedido en el paritorio. Y es que para comprender la envergadura de este caso debemos retrotraernos a aquella época. No se sabe con exactitud hasta cuándo pero sí el momento en que comenzaron a desaparecer esos neonatos de los hospitales españoles en ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Málaga, Cádiz, Valencia o Bilbao. Las investigaciones sacan a relucir el daño que hizo la guerra civil y el resquemor que subyugaba los primeros días de la dictadura. Franco, obsesionado por acabar con cualquier resquicio del Comunismo, se afanó en borrar cualquier huella ideológica republicana (de izquierdas). Así comenzó todo. Quitando de los brazos de unas madres sin culpa de nada a sus bebés. Ellas que lo habían perdido todo, incluida su dignidad, y a las que sólo les quedaba en una España rota y resentida lo único que les pertenecía por derecho propio: sus hijos. Se pensaba entonces que romper familias republicanas era un seguro a largo plazo de evitar que resurgiera el temido fantasma comunista. Pero además pululaba por el ambiente represor la moral de la época que no permitía ver con buenos ojos, si acaso comprensivos, el nacimiento en madres solteras y jóvenes, algo que fue viciando hasta el espanto el robo de neonatos. Por eso aquellas mujeres que acudían a los hospitales de las capitales de provincia a dar a luz volvían al pueblo de la misma manera en la que habían salido, o eso creían familiares y vecinos. Ellas, que habían decidido ser madres en un mundo retrógrado y conservador hasta el extremo, y que tenían que ocultar sus embarazos de las críticas y miradas de los demás, se veían privadas del derecho de ser madres.
Son historias anónimas que se repiten en los testimonios que la asociación creada para dar voz y buscar el apoyo institucional a su causa ha ido recopilando durante meses. Desde sospechas que han minado la memoria de padres con el dolor de la duda nunca resuelta hasta hijos que con el tiempo supieron que fueron adoptados, pero jamás robados, y que ahora con la sombra de la negra historia planeando sobre sus cabezas se replantean quienes son. De hecho no son pocos los afectados que se pusieron en contacto con esta asociación contándoles su caso para ponerse manos a la obra y buscar a sus verdaderas familias. Y poco a poco se descubrió que el drama de estos niños sin identidad se fue estirando en el tiempo más allá del franquismo hasta bien avanzada la democracia. Tanto es así que se piensa que hasta 1.995 pudieron robarse bebés en los hospitales españoles. La pregunta es cómo y porqué hasta esas fechas.
Eso sí, en esta red donde cada bebé robado y entregado a sus nuevos padres implicaba un plan trazado con la precisión de un bisturí no participaba todo el colectivo médico. Lejos de esto, se ha comenzado a saber que muchos profesionales que trabajaban mano a mano con los ladrones de niños jamás sospecharon lo más mínimo de tal atrocidad. Ahora bien, quienes estaban dentro de la red del tráfico de bebés lo tenían todo perfectamente calculado. Planes urdidos al detalle y sin dejar escapar un hilo del que tirar para deshacer el entramado del robo. Se habla mucho de la Clínica San Ramón de Madrid, donde se practicó este hurto de recién nacidos que ahora son hombres y mujeres que viven con la duda existencial de saber quiénes fueron sus padres y si eran entregados voluntariamente o arrancados bajo una mentira de los brazos de su madre el nacer. Muchos de los entonces padres primerizos, embebidos en una cultura bastante distinta a la actual, creían y daban por válidos argumentos que hoy resultan irrisorios, como un problema en el sistema auditivo que provocó la muerte irreversible en uno pequeño. Es un testimonio real de padres desgarrados por la compraventa de lotes de niños que iban a parar como productos de supermercado a otros puntos de España.
Descubrir después de toda una vida que tus padres no son de verdad quienes te trajeron al mundo sino que fuiste un niño robado es un palo muy difícil de asumir, que en Anadir han escuchado bastante en los últimos tiempos. Madrid pero también Andalucía y Cataluña son las comunidades autónomas con un mayor número de casos en las oleadas de hurtos que se sucedieron especialmente desde la década de los años 50 y con especial incidencia en los últimos años del franquismo. Ante la fiscalía han presentado un documento en el que se habla de delitos graves: tráfico de niños, falsificación de documentos públicos (defunciones de los niños), secuestro y detención ilegal. Ninguno de ellos prescribe y merece la pena buscara culpables y devolver la dignidad y la identidad a aquellos padres e hijos, a aquellas familias rotas que aún puedan recuperar lo robado, que no lo perdido. Por eso Justicia ha decidido facilitar y agilizar el acceso a las pruebas de ADN de todos aquellos asociados de Anadir que desean encontrar a sus padres biológicos.
Además esta situación podría haberse mantenido hasta 1.987, año en que se modificó la ley de adopción tapando un agujero que facilitó estos tejemanejes. Entonces se regularizó de tal forma que pasaba al control de la Administración. Antes, como demuestran algunos testimonios, el pago de una cantidad por ejemplo de 50.000 pesetas era suficiente para que un bebé cambiara de familia. Un mercado negro en toda regla que ha hecho vivir en la mentira a un número indeterminado de niños y que el juez Baltasar Garzón ha llegado a cifrar en 30.000. También hay que decir que muchos de los compradores no sabían que participaban de esta compraventa porque suponían que estaban llevando a cabo una adopción regular y que el dinero que aportaban era una cantidad en concepto de ayuda a la madre o de gastos que correspondían a lo que se supone que era el hecho de adoptar. No era así: alimentaban la red de tráfico de menores.
Este caso que ha sorprendido y conmocionado a la sociedad española se ha convertido además en un serio problema no sólo personal y psicológico de búsqueda de identidad. Muchos historiales médicos, por ejemplo, son falsos. Se desconoce por tanto el origen del historial clínico de a saber cuántas miles de personas, que al nacer perdieron esa huella al recibir una personalidad que no era la suya. Hasta ahora sólo asoma la punta de un gran iceberg. Queda por resolver todos los casos confirmados y confirmar los dudosos, buscar y hallar culpables y despejar muchos porqués.
Las redes sociales e Internet, en general, están contribuyendo a que cada día se conozcan más datos y salgan a la luz más casos. Descubrir que la vida que has vivido es una mentira es un duro golpe emocional. El peso de la Historia a menudo lo es como está sucediendo en nuestro caso, pero no es menos cierto que el tiempo acaba poniendo todo en su sitio y tarde o temprano estos niños robados recuperarán su identidad. La dignidad, suya y la de sus padres, quedó en un paritorio envuelto en sangre y empapado en dinero de médicos, matronas y curas.





