La controversia del maltrato infantil y las diferencias culturales
Desde que nace, el ser humano, esta rodeado de una serie de códigos, costumbres y comportamientos culturales que condicionan su aprendizaje y crecimiento y que permiten al individuo desarrollarse plenamente en dicha comunidad. Por determinadas circunstancias una familia o individuo puede verse obligado a abandonar su lugar de origen y por lo tanto su cultura, para adaptarse a otra, en ocasiones, totalmente diferente lo que puede para lugar a un “choque cultural”.
El problema llega cuando estos “choques” o incomprensiones culturales se dan en el seno familiar inmigrante, repercute además en a sus hijos menores y debe ser juzgada por la sociedad de acogida ¿cómo intervenir entonces?
En las siguientes lineas, intentaré describir la situación que tiene lugar ante un posible maltrato o abuso por parte de padres inmigrantes a sus hijos y cómo las autoridades actúan al respecto.
Según la Organización mundial de la Salud (OMS) se entiende como maltrato infantil, cualquier daño físico y emocional, abuso sexual, desatención y tratamiento negligente a los niños, así como su explotación con fines comerciales o de otro tipo.
Su definición parece bastante clara, no así su intervención, más aún cuando una conducta es condenada por unos y no por otros y a su vez deben compartir la misma jurisdicción. En muchas ocasiones el supuesto maltrato hacia los hijos, puede ser entendido como disciplina cuyo objetivo es reforzar la confianza en ellos mismos y enseñar a comportarse debidamente.
¿Qué hacer si éste supuesto maltrato es permitido e incluso valorado positivamente en la cultura de origen de los padres y sin embargo penado legal y moralmente en la sociedad de llegada?
Desde la perspectiva global, el respeto a los derechos humanos es la base de actuación ante una situación poco concreta, a pesar de los muchos beneficios que los padres crean que tienen para sus hijos.
Pero por otro lado, juzgar un comportamiento cultural desde un punto de vista etnocentrista, puede ser un gran error. El relativismo cultural por su parte, defiende la multiculturalidad del planeta por lo tanto la imposibilidad de establecer un único punto de vista a la hora de juzgarla, rechazando el así absolutismo que suele protagonizar estos casos. Siempre que haya un mínimo maltrato, por ejemplo un azote o leve tortazo, aceptado generalmente en nuestra sociedad, será difícil poner límites a los demás siempre que éstos tengan en mismo fin, el de disciplinar. ¿Que varemos utilizar entonces? ¿ Cómo diferenciar maltrato de disciplina?
Algunos expertos, creen que esta diferencia puede recaer en la interpretación que los propios niños hagan de ese comportamiento. Nunca, al recibir un azote de nuestros padres, hemos pensado que estábamos siendo maltratados, sabemos que tal, es consecuencia de un mal comportamiento y lo asumimos como tal, por lo tanto forma parte de nuestra cultura y aprendizaje, sin embargo si lo recibiéramos sin entender cual es el fin del golpe, si pensaríamos que algo esta fuera de control y que no es lo habitual, sabríamos que algo raro está ocurriendo.
En un estudio realizado, a seis comunidades distintas, como fueron, Tailandia China, Filipinas, Italia, India y Kenia, se concluyó tras observar el maltrato que los niños recibían de sus padres, que éste, era inversamente proporcional a la agresividad de los pequeños, es decir, de este modo, China, era el país con él índice más alto de maltrato infantil y sus hijos por su parte, los menos agresivos de todos. Del mismo modo, los niños keniatas, eran los menos maltratados y sin embargo los más agresivos. Así, podemos concluir del estudio que la politica de los padres chinos, productivamente halando, es la más exitosa de las seis, si éstas tienen como objetivo la no agresividad de sus hijos.
Existen por otra parte multitud de casos particulares que nos hacen pensar cuál sería la mejor intervención ante determinadas circunstancias. Es el caso por ejemplo de una familia nigeriana afincada en Nueva York, cuyo hijo de siete años presentaba mal comportamiento en clase, la maestra citó a los padres para una reunión donde el hijo estaba presente. Mientras la maestra le contaba el caso a los progenitores, el padre pegó al hijo con el cinturón y le dio una patada. Ante esto, la maestra advirtió a las autoridades, los padres se defendieron alegando que en Nigeria era habitual tal trato si el hijo había mostrado mal comportamiento y por lo tanto avergonzado a su familia ante los demás.
Si encaminamos el tema hacia el acoso sexual, nos encontramos ante casos tan controvertidos como el de un refugiado Afgano residente en los estado Unidos, que fue acusado de abuso al besar los genitales de si hijo, cuando en su cultura, tal comportamiento es aceptado como muestra de amor y afecto.
Otro caso polémico es el de la medicina tradicional, lo encontramos en una familia del sudeste asiático, cuyo hijo sufrió una fiebres muy altas que decidieron combatir mediante una técnica tradicional consistente en cubrir el cuerpo del pequeño con aceite mentolado y frotar con una moneda con el canto serrado, lo cual provoca contusiones en el cuerpo sobre todo en el torno y en el cuello. A los pocos días no mejoró y decidieron llevar al pequeño al hospital donde finalmente falleció. Los padres fueron acusados de maltrato y llevados a juicio donde perdieron la custodia de sus otros dos hijos. ¿Como debemos enfrentarnos a estas situaciones?
En el caso de culturas diferentes, deben entrar en juego, además de la común vía legal, otros organismos y profesionales como los trabajadores sociales, sociólogos y educadores que serán una pieza clave para entender la cultura de la familia inmigrante y desde ahí resolver el conflicto de la manera más justa posible.
Si partimos de la base de que ambos, padres y autoridades, buscan el beneficio del menor, deben calmarse en primer lugar las tensiones culturales y conocer detenidamente cada uno de los casos ya que en la mayoría de las situaciones que venimos describiendo, éstas suelen saldarse con una pena de los padres, ya sea económica, prisión o la retirada de las custodia de los hijos. Algunos sociólogos creen que un castigo severo de este tipo hacia los progenitores, que puede traer consecuencias negativas para todos, entre ellas, las del propio niño que por vengar a sus padres, puede volverse en contra de la cultura de acogida.
La idea de cruce y en lugar de choque cultural, parece una buena alternativa que se empieza a llevar a cabo en algunos estados de los Estados Unidos, país con alto índice de población inmigrante. Un diálogo cercano y abierto a la búsqueda de soluciones donde los padres inmigrantes y las autoridades junto a profesionales en la materia, puedan expresarse y buscar alternativas mediante talleres, conferencias, charlas... que enseñen diferentes técnicas disciplinarias que no impliquen el daño físico y moral. De este modo, se sacarán conclusiones comunes en busca de un consenso pacífico.





