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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

En el hogar del miedo

En España existen 800.000 niños y niñas[1] que cuando llegan del colegio a casa no encuentran un espacio donde hacer los deberes y en el que continuar sus juegos. Al contrario, los gritos, los insultos y los golpes son el ambiente que les esperan pues son hogares en los que impera el miedo y el terror, hogares donde los malos tratos contra la mujer son diarios. En la mayoría de las ocasiones sus madres no abandonan este escenario de terror por los propios niños: no quieren que sean víctimas de una familia desestructurada, comprenden la necesidad de tener una figura paterna... y por la propia esperanza de recuperar la familia que se había propuesto en la que el hombre amaba y respetaba a su mujer y sus hijos.

Estos hogares del miedo existen también más allá de las fronteras españolas. Aunque es muy difícil de cuantificar y no siempre es objeto de análisis, algunos informes de asociaciones se atreven a indicar datos como los referidos a Guatemala en el año 2008 que apuntan hacia al menos 80 menores huérfanos de madre a causa de la violencia de género o a Perú donde algunas entidades señalan que al menos 144 menores se habrían quedado huérfanos de madre y en algunos casos también de padre, debido al suicidio del maltratador tras haber acabado con su víctima por cuestiones de género. En España, según Save the Children para el año 2010, hay al menos 40 huérfanos consecuencia de la violencia familiar. Una tendencia que parece estar lejos de desaparecer.

Pero ¿qué consecuencias tiene la violencia de género para los niños? El ser testigos y víctimas de este tipo de violencia genera en los menores problemas tanto físicos como psicológicos que repercuten en su desarrollo como personas e incluso afectan a su socialización. Entre las consecuencias físicas se encuentran: el retraso en el crecimiento, trastornos en la conducta alimentaria (anorexia, bulimia,...), dificultad o problemas en el sueño, menos habilidades motoras, síntomas psicosomáticos (alergias, asmas, ezcemas, cefaleas, dolor abdominal, ...)[2]

En el plano psicológico, los traumas generados por la violencia de género en sus hogares son aún más graves y permanentes. Así los niños que han vivido en casas donde ha habido malos tratos pueden desarrollar problemas emocionales como ansiedad, ira, depresión, aislamiento, trastornos de la autoestima, estrés post-traumático, proceso traumático, trastornos del apego o de la vinculación; problemas cognitivos como alteración del rendimiento escolar, retraso del desarrollo cognitivo o retraso en el aprendizaje del lenguaje y del desarrollo verbal; problemas de conducta como violencia hacia los demás, rabietas, desinhibición, inmadurez, déficit de atención o hiperactividad, toxodependencias o conductas autodestructivas; y también problemas sociales como escasas habilidades sociales, introspección o retraimiento y trastornos de la empatía.

El desarrollo de estos problemas en el menor dependerán de cada caso y sus características: edad del niño, género, nivel de desarrollo, frecuencia de los malos tratos, etc. Pero sin duda será un factor importante para evitar su desarrollo una mayor protección de los niños y niñas indirectas de la violencia de género.

Ante esta situación parece fundamental la actuación del Estado, a través del poder judicial, que es quien puede alejar al maltratador tanto de la mujer como de los propios menores, garantizando así su seguridad física y emocional. En España la Ley Integral Contra la Violencia de Género (1/2004, de 28 de diciembre) expone que “las situaciones de violencia sobre la mujer afectan también a los menores que se encuentran dentro de su entorno familiar, víctimas directas o indirectas de esta violencia. La Ley contempla también su protección no sólo para la tutela de los derechos de los menores, sino para garantizar de forma efectiva las medidas de protección adoptadas respecto de la mujer”.

En este sentido la ley pretende ofrecer un servicio social específico a los menores hijos de mujeres maltratadas “con el fin de prevenir y evitar de forma eficaz las situaciones que puedan comportar daños psíquicos y físicos a los menores que viven en entornos familiares donde existe violencia de género”. En la misma línea fue aprobada una moción en el Senado el 16 de septiembre de 2009 que solicitaba "el reconocimiento normativo de los niños como víctimas directas de la violencia de género, y la adopción de medidas para destinar los recursos necesarios para el tratamiento y seguimiento de su situación personal"[3].

Sin embargo, desde varias organizaciones dedicadas a la infancia se reclama la ampliación y el refuerzo de estos recursos que hasta el momento resultan ineficaces. Además, señalan la necesidad de coordinar estas medidas judiciales con las del ámbito sanitario, social y educativo. En este sentido se proponen vías de actuación como las siguientes, en las que tienen que estar implicados responsables de todas las áreas citadas: proporcionar un ambiente seguro y estructurado, enseñar estrategias de autoprotección, romper el silencio y el secretismo, aprender a neutralizar los síntomas de estrés post-traumático, ayudar a comprender y generar respuestas positivas frente a la violencia y aumentar la autoestima.

En definitiva, una lucha en todos los frentes para conseguir que, dentro de lo posible, los niños y niñas que han vivido en los hogares del miedo, donde la violencia de género ha sido su día a día, recuperen su vida y preocupaciones propias de su edad y superen la pesadilla por la que han visto pasar a sus madres.

 


[1] Datos ofrecidos por Save the Children en la campaña realizada en colaboración con el Ministerio de Sanidad, Política social e Igualdad español: ‘En la violencia de género no hay una sola víctima’, 2010.

[2] Aguilar Redorta, Lola: Niños y niñas expuestos a la violencia de género: una forma de maltrato infantil, Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Recurso on line sin fecha.

[3] Agencia EFE, Madrid, 16/09/2009.