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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

La comunicación en las entidades sin ánimo de lucro

 

Desde su eclosión en la década de los ochenta, el esfuerzo fundamental de las entidades sin ánimo de lucro, entre ellas, las de atención a personas con discapacidad, se ha centrado en ofrecer servicios a sus usuarios.

Acuciados por las circunstancias y carencias existentes, este empeño fue entendido muchas veces como la obligación de contar con más centros, más plazas, mejores profesionales; dar servicio, en suma. A treinta años vista, el resultado puede calificarse como un éxito en términos generales, aunque la distancia temporal haya desvelado también el tributo que hubo que pagar: en unos casos, el debilitamiento del movimiento asociativo en favor de criterios técnicos y, en otros, el desapego hacia cuestiones que no obtuvieran resultados inmediatos,  prácticos y tangibles.

Sólo desde esas necesidades cabe entender la renuencia con que las entidades sin ánimo de lucro, salvo contadas excepciones, han abordado hasta hace muy poco los temas relativos a su proyección, elemento capital en cualquier otro sector y sorprendentemente tangencial en nuestras asociaciones tanto para directivos y profesionales como para usuarios y  familias.

Razones las hubo y las sigue habiendo: algunas tan prosaicas como la falta de recursos económicos o de profesionales cualificados se han aliado durante largo tiempo con otras más difíciles de sustanciarse como los escrúpulos a la hora de incorporar criterios considerados más propios de la empresa; los miedos tradicionales para reivindicar mejoras; o la errónea, y contumaz, consideración de ver la proyección social más como un gasto que como una inversión.

Se ha perdido mucho tiempo, pero hay voluntad de cambio. Un nuevo contexto en el que la estabilidad de las asociaciones está prácticamente asegurada gracias a un mayor respaldo social e institucional, ha permitido dirigir la atención hacia otros asuntos que reclamaban atención sin conseguirlo; entre ellos, la comunicación, leáse también sensibilización y educación,  que cada vez presenta mayor rango hasta el punto de tenerse en cuenta en la redacción de los planes estratégicos de las organizaciones.

El giro es trascendente. En este nuevo ideario, la comunicación de las entidades  no se reduce a la transmisión de  noticias que se hacen públicas con mayor o menor intensidad, con periodicidad más o menos rigurosa para consumo interno. No se trata sólo de informar, sino también de formar, motivar y desarrollar la conciencia cívica de los ciudadanos con el fin de impulsar cambios en sus valores.

La comunicación, así entendida,  adquiere ahora una dimensión mucho más profunda, primero porque sale en busca del mundo exterior liberada del reducto asociativo donde estaba confinada; segundo, porque suma opinión a la información; y finalmente, porque la comunicación pone en valor la misión de nuestras entidades, preocupadas por la transformación de la sociedad y sus actitudes, una diferencia esencial respecto a las entidades privadas que pretenden ocupar nuestros espacios.

No hay duda, por lo tanto, respecto a los fines; tampoco con los destinatarios: junto a la sociedad, hablamos para la escuela, los medios de comunicación en tanto intermediarios y los representantes institucionales a los que debemos comunicar nuestra realidad para que articulen los mecanismos legislativos necesarios para el cambio.

En este intento, contamos con un aliado inexistente hace años y de un potencial inimaginable: las tecnologías de la información y la comunicación, que han democratizado los medios  y multiplicado nuestra capacidad de diálogo con los ciudadanos, constatando que vivimos en un mundo interdependiente del que somos corresponsables.

En nuestro caso, tenemos delante contenidos numerosos y complejos. El reto es formidable: los derechos de las personas; el cumplimiento de las leyes, la eliminación de barreras; la utilización del lenguaje; nuestro papel en el mundo, la familia, el acceso al empleo y la cultura, …. Antes, imaginábamos sueños; ahora  los podemos hacer realidad con tolerancia, respeto e igualdad. Depende de nosotros y de cómo entendemos la responsabilidad de nuestras asociaciones.

Roberto Sobrino San Martín es responsable de Proyección Social de Aspace-Rioja.