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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Mamás del siglo XXI

 

Ser madre en lugares como Afganistán o Níger es mucho más difícil que vivir dicha experiencia en países como Australia o Noruega, pero ¿por qué las mujeres australianas o noruegas cuentan con mejores condiciones para traer a sus hijos al mundo que las afganas o nigerinas? La respuesta parece fácil: el grado de desarrollo que tienen estos Estados, sin embargo, existen otros factores determinantes como son los conocimientos en salud reproductiva que tiene la población.

Al igual que nacer en un determinado lugar del mundo condiciona el futuro desarrollo del bebé y la mejor  o peor calidad de vida de éste como adulto,  el dar a luz en un lugar concreto del planeta puede ser totalmente diferente,  convirtiéndose este momento en una de las mejores experiencias de la vida de la mujer o en un verdadero drama que hace peligrar su salud y su vida. Conscientes de esta desigualdad existente, desde Naciones Unidas se ha querido poner fin a este problema, fijando como uno de sus Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) mejorar la salud materna. Esta meta será alcanzada cuando se consigan dos logros: la reducción en tres cuartas partes de la mortalidad materna, en el período 1990-2015; y la universalización del acceso a la salud reproductiva en 2015.

En el momento en que se establecen los ODM,  los datos recogidos apuntaban que más de medio millón de mujeres (529.000) morían durante el embarazo o el parto, mientras que los casos de lesiones o incapacidades graves multiplicaban dicha cifra por veinte. Dichas informaciones reflejaban como en los casos de mortalidad materna los peor parados suelen ser los propios niños, pues para ellos aumenta el riesgo de caer en la pobreza y de ser víctimas de explotación.

Los datos registrados en ese momento por la Organización Mundial de la Salud (OMS) reflejaban que la región más devastada por la mortalidad materna era África, seguida por Asia (a excepción de Japón), Oceanía (salvo Australia y Nueva Zelanda) y América Latina y el Caribe. En el año 2000, el mayor número de defunciones maternas se registró en la India, con 136.000 casos, seguida por Nigeria, con 37.000. Mientras en los países denominados desarrollados tan solo 1 de cada 2.800 mujeres corría el riesgo de morir durante el embarazo o en el momento del parto.

En esta época ya se apuntaba al desarrollo de los Estados como principal causa de estas tasas y de la situación que vivían las madres en los diferentes países (India ocupaba el puesto 128 en la clasificación de Índice de Desarrollo Humano y Nigeria el 151). Pero también por aquel entonces se señaló la falta de concienciación como motivo; ya que la educación sobre planificación familiar y la prestación de servicios de planificación familiar de buena calidad también pueden contribuir a mejorar la situación.

En 2005, la OMS junto a el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) y el Banco Mundial elabora un nuevo informe sobre la mortalidad materna en el todo el planeta. Dicho documento señalaba que del total estimado de 536.000 defunciones maternas que se produjeron en 2005, el 99% (533 000) correspondía a países en vías de desarrollo. África volvía a ser la región donde hay mayor número de muertes maternas (270.000).

El desarrollo de los países volvía a ser la causa apuntada al comprobar que en la República Democrática del Congo se registraron 32.000 defunciones maternas, mientras que en España la cifra era de 20 muertes. Además, el riesgo de fallecimiento materno en el país africano era de 1 entre 13 y en el territorio español de 1 entre 16.400.

El informe insiste en la necesidad de una mejora de la atención sanitaria a las mujeres, incluida la prevención de embarazos no planeados y abortos peligrosos y la prestación de cuidados de alta calidad en el embarazo y el parto, así como en la atención obstétrica de urgencia.

Han pasado otros cinco años y la organización Save the Children ha lanzado el informe Estado Mundial de las Madres 2010. Los datos no son mucho más esperanzadores. Según dicho documento 343.000 mujeres pierden la vida cada año por complicaciones durante el embarazo o el parto. Además, el informe señala que  Afganistán y Níger son los dos peores países para ser madre en el mundo, mientras que Noruega y Australia son los mejores.

En Afganistán sólo el 14% de los partos son atendidos y 1 de cada 8 mujeres corre el riesgo de morir por complicaciones derivadas del alumbramiento. En Níger, 1 de cada 7 mujeres muere durante el embarazo o en el momento de dar a luz.

De nuevo se vuelve a señalar la educación como factor fundamental en dicho informe. Una mujer en Afganistán recibe una educación formal por un período inferior a cinco años, en Níger las mujeres como máximo van a la escuela durante cuatro años; unas cifras que no se pueden comparar con los 20 años de educación a los que tienen acceso las mujeres de Australia y Nueva Zelanda.

Desde el punto de vista de esta organización las principales causas de este drama son la falta de trabajadores sanitarios, la desigual distribución de estos trabajadores y las pobres condiciones de trabajo a las que se enfrentan. Por otro lado, insisten en la necesidad de que sean las propias mujeres las implicadas en este tipo de trabajos, pues en muchos países existen barreras sociales y culturales que evitan que las mujeres visiten a trabajadores sanitarios masculinos, especialmente en las áreas rurales.

Sin embargo, estos no son los únicos aspectos a tratar. Los casos de mortalidad materna podrían prevenirse mediante las intervenciones oportunas, como programas de maternidad sin riesgo, atención sanitaria gratuita a las madres, contratación de parteras competentes y atención obstétrica de emergencia. Las mujeres tienen que poder decidir por sí mismas el número de hijos que desean tener y el intervalo de tiempo entre los nacimientos. (“La mujer en el año 2000: igualdad entre los géneros, desarrollo y paz para el siglo XXI”. Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer. Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Consejo Económico y Social de Naciones Unidas. Marzo 2010).

Tras este recorrido histórico es fácil adivinar que los ODM no se alcanzarán en el período acordado. Sin embargo, lo que sí es posible es aprender de los errores cometidos y potenciar la educación en salud reproductiva para que así, a partir de una población concienciada, los países, independientemente de su grado de desarrollo, puedan garantizar que todas las madres del siglo XXI contarán con las mismas condiciones para que la llegada al mundo de un nuevo ser no sea ninguna tragedia.