Rosi Braidotti, más allá del género
En todo movimiento, sea de la índole que sea (político, cultural, social…) la terminología empleada adquiere una fuerza y una posición eminentemente relevante a la hora de transmitir el mensaje y de elaborar un acervo teórico sólido. Por ello, en cualquier campo de estudio, la definición de los conceptos básicos debe ser discutida y analizada con precisión y minuciosidad, así como deconstruida y refutada siempre que sea necesario. La crítica interna y el análisis (incluso de los fundamentos más elementales) resultan imprescindibles para la construcción de conocimiento y la rearticulación de los objetivos del propio movimiento.
En su artículo Género y postgénero. ¿El futuro de una ilusión?, Rosi Braidotti aborda temas como el sujeto en el feminismo, la revisión del sistema sexo/género y el feminismo y el posmodernismo ante esta misma noción, mientras hace un análisis de las más recientes teorías, cambios y debates establecidos en el seno del movimiento feminista. Como deudora de Irigaray y del feminismo de la diferencia, Braidotti propone además discurrir sobre la positividad de dicha diferencia sexual[1].
La autora revela los límites del sistema sexo/género que durante mucho tiempo ha estado en la base de gran parte de la teoría feminista; un sistema que ha entrado en crisis y que ha sido criticado principalmente desde tres frentes: las teorías postcolonialistas; la epistemología feminista desde el campo de las ciencias naturales; y el pensamiento lesbiano.
Si desde diversos sectores del feminismo se exige y se busca un nuevo enfoque en la teoría feminista, esto supone una ruptura del discurso hegemónico que tiene como resultado la elaboración de nuevas teorías, la exploración de nuevas vías de investigación y actuación, la resignificación de los conceptos y de los sujetos de estudio, así como otros muchos cuestionamientos y permutaciones. Al igual que el ser humano es un sujeto en trance de continuo nacimiento[2], también el feminismo como movimiento teórico y práctico tiene la posibilidad de nacer y renacer hasta llegar más allá de lo que fue en su origen y de lo que es hoy en día.
Del mismo modo que las teóricas chicanas, negras, asiáticas, indígenas y latinas nos hablan de “las opresiones simultáneas y múltiples a las que se enfrentan todas las mujeres de color”[3], Braidotti nos habla de la interrelación del concepto de “género” con otros factores que también pueden analizarse en términos de opresión como la raza, la edad, la sexualidad, la cultura, el sistema económico, los estilos de vida, etc. Así, en palabras de Rosi Braidotti, “todos estamos construidos, o bien como hombres, o bien como mujeres, por ciertas condiciones simbólicas, semióticas y materiales” como las enumeradas anteriormente que nos atraviesan y nos categorizan de forma binaria en base a la diferencia sexual y a toda una serie de factores clasificatorios, donde unos ocupan la posición de lo normativo y otras y otros el de la alteridad. El sesgo dualista sustentado en la diferencia sexual y sumado a todo ese catálogo de “otredades” (mujer, lesbiana, joven, pobre, inmigrante…) conforman el polo negativo del poder, de lo regulado, de lo institucional, de lo que el sistema establecido considera “normal”.
La autora chicana Cherríe Moraga equipara esa alteridad al concepto de pobreza visto desde la perspectiva del poder que ejerce la opresión: “En este país el lesbianismo es una pobreza, como ser oscura, como ser mujer, como ser simplemente pobre. El peligro radica en alinear estas opresiones. El peligro radica en no ser capaz de reconocer la especificidad de la opresión. El peligro radica en tratar de enfrentar esta opresión en términos meramente teóricos. Sin una envoltura emocional sentida en el corazón que surja de nuestra opresión, sin que se nombre al enemigo que llevamos dentro de nosotras mismas y fuera de nosotras, ningún contacto auténtico no jerárquico entre grupos oprimidos puede llevarse a cabo”[4]. Para Gloria Anzaldúa el sistema sexo/género supone de forma contundente “una absoluta dualidad despótica que dice que sólo somos capaces de ser uno u otro”[5].
A pesar de que Rosi Braidotti pertenece a las teóricas de la diferencia sexual y, por ello, acepta la raíz biológica de la misma, de su análisis se desprende un conocimiento mucho más completo de la diversidad y de la complejidad a la que debe enfrentarse la construcción del sujeto “mujer”, así como de su necesaria actuación política y de la multiplicidad de ejes transversales que se interrelacionan con el género afectando a esa construcción. Para Braidotti, “el objetivo del feminismo no debe ser negar la diferencia, [ya que] hacerlo confirmaría la lógica falocéntrica que sólo reconoce la igualdad en términos masculinos”[6].
A tenor del concepto de “mujer” también cabe destacar la fobia actual que dicho término junto al de “feminismo” despiertan en amplios sectores de nuestra sociedad. En relación a esto, Rosi Braidotti sostiene que la palabra “género” resulta “más tranquilizadora en el mundo académico que la expresión «estudios feministas», más explícitamente política”[7].
Según Teresa Maldonado, activista de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, existe una amplia diversidad de diferencias incluso entre las propias mujeres, pero no todas deben ser reivindicadas, ya que muchas de ellas se sustentan en la desigualdad. Se daba a la lectura crítica del artículo de Rosi Braidotti, precisamente haciendo hincapié en la terminología que se emplea dentro del propio movimiento feminista y es indispensablemente en ese punto dejar totalmente claro que lo contrario de la igualdad no es la diferencia, sino la desigualdad. La diferencia sexual defendida por Braidotti puede ser comprensible e incluso aceptable en ciertos aspectos, siempre y cuando no siembre más desigualdades de las ya existentes tanto entre hombres y mujeres como entre las propias mujeres y los sujetos que no se identifican con ninguna de las dos categorías.
Al inicio de la lucha feminista, el concepto de género sirvió para acometer contra el determinismo biológico enarbolado por el patriarcado y exponer la subordinación y la opresión de las mujeres como algo social y no natural. Hoy por hoy, ante la deconstrucción del sistema sexo/género (puntal de la diferencia sexual) y del propio sujeto del feminismo y ante la aceptación de la diversidad de esos sujetos, se empieza a hablar de “conjuntos difusos de género”[8] frente al binarismo. De esta manera se empieza a crear ese futuro de una ilusión que reza en el título del texto de Braidotti y se combate la opacidad del concepto de “género” y de las percepciones, significados e interpretaciones imprecisas que de ahí se derivan.
[1] Diferencia sexual entendida como vinculación directa al cuerpo sexuado.
[2] La idea de que el ser humano es un ser en continuo nacimiento es de María Zambrano. Para este trabajo ha sido recogida del prólogo escrito por María-Milagros Rivera Garretas para la edición del año 2003 de la obra de Virginia Woolf, Un cuarto propio.
[3] Combahee River Colletive. Declaración de 1978.
[4] Extracto del texto “La güera”, de Cherríe Moraga. En Esta puente, mi espalda. Pág. 21.
[5] Extracto del texto “Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan”, de Gloria Anzaldúa. En Otras inapropiables. Pág. 76.
[6] Extraído del artículo de Mª Luisa Femenías y Mª de los Ángeles Ruíz, “Rosi Braidotti: de la diferencia sexual a la condición nómade”, incluido en la Revista Escuela de Historia, nº3, 2004.
http://www.unsa.edu.ar/histocat/revista/revista0304.htm
[7] Observación de Rosi Braidotti en lo concerniente al concepto de “género” vinculado a la práctica institucional. “Género y postgénero: ¿el futuro de una ilusión?”. En Feminismo, diferencia sexual y subjetividad nómade. Pág. 133.
[8] Expresión sobre la que se debatió ampliamente en las pasadas Jornadas Feministas Estatales celebradas en Granada entre los días 5 y 7 de Diciembre de 2009.





