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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

El voto femenino. Un largo proceso en búsqueda de la igualdad de derechos

 

A día de hoy, en nuestra sociedad, no es raro ver a una mujer en primera línea política, económica o social. Pero como ya es sabido, el camino no fue nada fácil para las pioneras defensoras de los derechos femeninos.

Hasta la segunda mitad del siglo XVIII, principios del XIX, el papel de la mujer estaría principalmente dedicado al trabajo doméstico, al trabajo el campo como jornaleras y excepcionalmente a la enseñanza y a la salud, como matronas o enfermeras. Pero serán la Revolución Industrial y la Posterior Revolución Francesa las que den voz a las mujeres cuando la mujer abandone esa esfera privada y participe en el espacio público, lugar que hasta el momento había sido reservado a los hombres. Estas dos revoluciones pioneras y aires de libertad que no serían abandonadas nunca, ideas de razón, progreso, libertad e igualdad.

Fue en este contexto, donde la mujer europea inició su lucha de derechos.  El Parlamento Inglés fue el primero en 1867 en llevar a debate la primera propuesta europea de voto femenino y aunque fue rechazada, poco a poco  consiguieron derechos para intervenir en los consejos locales, por lo que sus ideas de mano de la Unión Nacional de Sociedades por el Sufragio de las Mujeres[1] se extendieron con cierta rapidez. Los ecos de estos movimientos cruzaron el Atlántico y tomaron fuerza en Estado Unidos el cual con la unión de fuerza de ambos países, consiguió derechos en educación y trabajo, llegando a equipararse incluso  a los derechos masculinos. Sin embargo no será ninguno de estos dos países quien abra la puerta a las mujeres.  El país encargado de dar el primer paso y por lo tanto de hacer historia será Nueva Zelanda en 1983 declarando sufragio universal, más tarde Australia en 1902, seguido de Finlandia en 1905, el primer país europeo.

Por su parte, Inglaterra y Estados, firmes defensores del voto femenino, no conseguirán el voto pleno  hasta 1928 y 1920 respectivamente aunque Estados Unidos no permitió votar a su población negra hasta 1968.

En  España, estos días, celebramos el 75 aniversario del voto femenino . Llegó de manos de la Segunda República, gracias al esfuerzo de valientes mujeres que animadas por los movimientos que estaban teniendo lugar a través del mundo decidieron defender sus derechos e intereses abogando por el pleno derecho de los todos ciudadanos, hombres y mujeres. Una de las grandes protagonistas será la madrileña Clara Campoamor, quién a pensar de no tener tradición política familiar, se inició en ella tras su incorporación como secretaria del periódico La Tribuna. Trabajó de manera activa y decidida, en defensa de los derechos fundamentales, entre ellos el voto femenino como base para la creación de una democracia plena.

Tras la proclamación de la República, el gobierno provisional, mediante decreto, concedía el voto a todos los hombres mayores de 23 años, pudiendo mujeres y curas ser elegidos como diputados. De este modo, frente  a 465 diputados, eran nombradas por primera vez dos mujeres, Clara Campoamor y Victoria Kent.  La primera, diputada por el Partido Republicano Radical y la segunda de la Izquierda Republicana. Fue en su cargo de diputada, cuando Clara Campoamor pronunció un pionero y rotundo discurso, donde de manera vehemente y haciendo referencia a datos históricos y estadísticos defendía el derecho de la mujer al voto: No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos […] aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. […]Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. […]Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros […] Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención[2].

A pesar de lo razonado de su  discurso, no fue tan fácil convencer a los asistentes.  Por paradójico que parezca, la otra diputada Victoria Kent, no aprobaba el voto femenino, por lo que la credibilidad de la primera quedaba un tanto empañada.  Algunos periódicos declaraban a la mañana siguiente, ¿Qué pasará cuando sean 50 [senadoras]?[3] Tampoco sus compañeros de partido, temerosos a la influencia del clero en el sector femenino y por lo tanto en el resultado de las elecciones, apoyaron su discurso.

Pero su voz no fue ni mucho menos callada, su propuesta había sido objeto de discusión y la opinión pública femenina apoyó sus ideas  reformista.  Campoamor fue por ellos elegida para formar parte de los  21 diputados creadores de la Constitución, en este caso, ella era la única mujer. Luchó por la igualdad entre hijos e hijas dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal, todas estas se consiguieron, pero el voto femenino aún se resistía. Se consiguió un anteproyecto de ley que permitía votar exclusivamente a mujeres solteras y viudas considerando que no existía en la familia un referente masculino que pudiera hacerlo.

Finalmente estas propuestas fueron llevadas a la Cámara y tras votación, el histórico Artículo 34 de la Constitución de 1931 establecería la equiparación de derechos electorales para  todos los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de veintitrés años con 161 votos a favor y 121 en contra. En el hemiciclo estalló la emoción de los asistentes y firmes defensores del voto femenino. Los periódicos del día siguiente: La concesión del voto a las mujeres, acordada ayer por la Cámara, determinó un escándalo formidable, que continuó luego en los pasillos. Las opiniones eran contradictorias. El banco azul fue casi asaltado por grupos de diputados que discutían con los ministros y daban pruebas de gran exaltación. (Diario La Voz).

Las primeras elecciones en las que participaron las mujeres fueron en 1933, con victoria de la derecha, situación por la que se culpó a las mujeres y sus votos, aunque lo cierto es que sí influyeron los votos femeninos, el total de los votos masculinos hubiera hecho vencedora a la derecha igualmente.

Tras tanto esfuerzo y lucha, los aires reformistas y democráticos conseguidos por los políticos republicanos, se verían fraguados con el estallido de la Guerra Civil en 1936 y los posteriores años de dictadura. No sería hasta cuarenta años después, en las elecciones de 1977, donde de nuevo la ciudadanía española pudiera ejercer el voto de manera universal y democrática.

A pesar del triunfo de la democracia en nuestro país, no debemos olvidar que aún hoy existen países que no reconocen el voto de sus mujeres. La historia del voto femenino se remonta poco más de cien años. Parece que al mundo le quedan aún algunos años para que hombres y mujeres podamos compartir derechos y espacios que sin duda mejorarían la convivencia entre nosotros.

 

 


[1] National Union of Women's Suffrage Societies (NUWSS).

[2] Discurso de Clara Campoamor a las Cortes el 1 de Octubre de 1931.

[3] Diario La Voz, 2 de Octubre de 1931.