¿Y nosotras dónde estamos?
¿Cómo aparecen las mujeres representadas en los medios de comunicación? ¿La perspectiva de género es obviada por los media y los profesionales que trabajan en ellos? ¿Son los medios un actor fundamental en la educación de las personas y en su formación como ciudadanos y ciudadanas?
Comunicación, educación, televisión, radio, red, lengua, alfabetización, imagen, palabra… todos estos términos son femeninos. Probablemente resulte una coincidencia capciosa para algunos y quizás alguien tilde este comienzo de “demagogia lingüística”, pero en un mundo mediático y educativo con una visión eminentemente andrógena, es inevitable reflexionar sobre el papel que juega la mujer en esta sociedad del conocimiento de la cual la gran mayoría quedan excluidas, sin voz, por la persistencia de los roles de género que todavía hoy, en pleno siglo XXI, se siguen transmitiendo a través de los medios de comunicación y de la escuela, entre otros muchos agentes de socialización.
Más allá del sexo con el que se nace o se identifica cada persona, el género se construye mediante la educación, las creencias, las costumbres, los valores y el contexto político y económico que una determinada sociedad adopta. Por lo tanto, no se nace mujer u hombre, sino que se aprende a serlo y los medios de comunicación tienen una responsabilidad social formidable en ese aprendizaje y construcción de los roles que desempeñan los seres humanos a lo largo de su vida
Organizaciones pro derechos humanos han denunciado en reiteradas ocasiones los abusos que a diario sufren las niñas en todo el mundo. Muchas de ellas han acabado aceptando que las burlas, el acoso, las bromas y los gestos de naturaleza sexual explícita, así como los castigos exagerados e incluso las actividades sexuales no deseadas son el precio que tienen que pagar por su educación. Esas situaciones prácticamente nunca son objeto de interés para los grandes medios de comunicación. ¿Se invisibiliza conscientemente en los medios la discriminación por razón de sexo?
Aunque es una cuestión más que probada que la educación de las mujeres fomenta el desarrollo de los países, queda mucho camino por recorrer, sobre todo en cuanto a concienciación y sensibilización social. La pedagogía de género debe pasar de ser una cuestión meramente electoralista en la agenda de los gobiernos para convertirse en un eje transversal de sus políticas en todas las esferas del tejido social, donde evidentemente los medios de comunicación de masas juegan un papel fundamental.
Y en este punto educación y medios de comunicación se interconectan. El vocablo latino communicare significa “poner en común” y en ese compartir comunitario del saber del que forman parte tanto la comunicación como la educación deberíamos estar incluidos todos y todas, sin excepciones de clase social, raza, género ni de ninguna otra índole. El poder socializador de los medios de comunicación debe analizarse y abordarse de forma responsable teniendo en cuenta que forma parte de la educación e información que los niños reciben fuera de la escuela. Conocer la representación que hacen los medios de comunicación de mujeres y hombres y observar cuáles han sido los avances que se han producido en los últimos años permite exigir a los medios y a los profesionales de los mismos un tratamiento serio de la información a favor de la igualdad de género, que se corresponda con la realidad actual.
En el Informe Nacional de Monitoreo de los Medios se constata que las mujeres están presentes en la información en un porcentaje muy inferior a su presencia activa en la sociedad. Las menciones femeninas y su presencia en las noticias solamente alcanzan el 23% en los informativos televisivos, el 12% en los radiofónicos y el 22% en la prensa. 4 de cada 10 mujeres no aparecen descritas con ningún cargo u ocupación específica; las mujeres reclamadas como expertas son el 2% y las portavoces el 12%. Por otra parte, el colectivo femenino sigue personificando un rol detestable, el de las víctimas, en el que son identificadas el 28% de las mujeres, mientras que los hombres en esta misma situación son el 10%.
Esta invisibilidad es la prueba de que las mujeres siguen al margen de la dinámica de los medios de comunicación. Si esta es la imagen generalizada, el “conocimiento” divulgado, ¿qué tipo de educación en igualdad de género están ofreciendo los medios? ¿Existe una verdadera sensibilización hacia la perspectiva de género?
Hoy por hoy, los estudios globales en materia de comunicación y educación desde una perspectiva de género demuestran que continúa existiendo un modelo masculino y una invisibilidad de las mujeres en diversos aspectos que van desde quién ostenta los cargos directivos en las instituciones educativas y en periódicos, canales de televisión y emisoras de radio, hasta llegar, evidentemente, a los libros de texto que siguen obviando las contribuciones que las mujeres han hecho a la vida cultural, científica, histórica, artística, etc. Los valores implícitos forman parte del imaginario tradicionalmente masculino; no existe una preocupación real, ni recursos materiales ni humanos para la educación emocional-sexual, ni la reflexión sobre la violencia de género, que haga posible que los alumnos puedan desprenderse de los estereotipos y de las actitudes machistas. Por el contrario, se reproduce un anodino intento de incluir ciertos contenidos para sensibilizar al alumnado y al público en general sobre la equidad y la violencia de género, pero que no tratan los problemas en profundidad ni hacen partícipe a los niños y niñas de esa realidad de la que ellos más que nadie son agentes de cambio o transmisores de vetustas relaciones de desigualdad.
La reciente Ley de Igualdad española regula de manera clara la presencia de las mujeres en el ámbito político y en la empresa privada. La paradoja reside en que esta ley que expresa de forma detallada las pautas a seguir en cuanto a la forma de articular los órganos de gobierno en lo referente a género en las empresas privadas y los partidos políticos, consiente y tolera que los medios de comunicación y las instituciones educativas, cimientos fundamentales de la Democracia en un estado de derecho, sigan promoviendo situaciones discriminatorias.
Sin un empoderamiento real de la mujer en los medios de comunicación, resulta prácticamente imposible hablar de libre expresión. Los medios, al igual que la escuela, son productores de identidad por lo que la representación ofrecida para consumo de audiencias sigue contribuyendo en gran medida a un reforzamiento del sistema social existente. Por ello, existe una alarmante necesidad de creación y uso de imágenes heterogéneas, más reales y proporcionadas, de acuerdo con la contribución social de las mujeres y la determinación de las labores públicas y privadas que realmente éstas llevan a cabo. De esta necesidad se desprende que si los medios de comunicación no siguen el mismo ritmo vital que las mujeres, éstos ejercen una fuerza de freno respecto a la igualdad de género en la sociedad que perpetúa la visión patriarcal del mundo.





