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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Feminismo musulmán a debate

 

Uno de los errores más extendidos asociados al islam refiere a la condición de la mujer. La mujer musulmana es percibida en una situación de inferioridad y bajo las peores condiciones, siendo el velo, u otra prenda semejante, el símbolo mayor de dicha situación, simbolizando todo un mundo de humillaciones y crueldad. En esta línea, quien pretenda liberar a la mujer musulmana debe empezar por pedir que se le quite el velo.

Sin embargo, estos y otros prejuicios son muy reductores y simplificadores. La razón de su existencia estaría,  tomando las palabras de Zoreh Sefaty, una ayatolá iraní mujer, en una entrevista, hace años, al periódico El País[1], en el hecho de que “en Occidente se desconoce que el islam no hace diferencias entre mujeres y hombres”. Por supuesto, debemos tomar esta declaración con alguna cautela, pero es un buen punto de partida para abordar el tema que tenemos ahora en manos, pues como ella también apuntaba “en Europa también las mujeres tienen problemas, en el mundo entero. Y además, al final una mujer es una mujer y un hombre es un hombre”. Baste pensar en  las noticias que casi diariamente salen a la luz y que hablan de la violencia de género, sea en España, en la India o en otras partes del mundo.

En este sentido, los datos[2] apuntan que entre el 40 y el 50% de las mujeres de los países de la Unión Europea experimentan insinuaciones sexuales, contactos físicos no deseados u otras formas de acoso sexual en el lugar de trabajo. Entre el 12 y el 15% de las mujeres en Europa sufren violencia doméstica y algunas de ellas mueren a las manos de sus compañeros, o ex compañeros, afectivos.

La escritora egipcia Leila Ahmed[3] ha denunciado la práctica del Occidente de utilizar la imagen de opresión de la mujer en el Islam para justificar sus objetivos políticos. Como el Islam oprime a la mujer, y esto no va a cambiar, se presenta el abandono del Islam es el único camino para lograr la liberación de la mujer musulmana. Sin embargo, lo que el feminismo islámico defiende es la posibilidad de que las mujeres musulmanas logren la plenitud de sus derechos en el marco del Islam, oponiéndose tanto al Islam patriarcal como al feminismo laicista que es contra el hecho religioso.

Como ejemplo de esta última tendencia, tenemos a otra egipcia, Nawal El Saadawi, que califica de oprimidas a las mujeres musulmanas que se ponen ellas mismas el velo. Además, esta posición feminista de inspiración occidental, en lugar de ayudar a las mujeres musulmanas, les complica la vida, como ha referido[4] Asifa Quraishi hace algunos años en un encuentro en EE.UU.

Curiosamente en el mundo llamado occidental hay hoy en día un debate sobre qué es el feminismo y qué es ser feminista. Si las primeras sufragistas lucharon para que la mujer saliera de sus roles tradicionales y entrara en el mundo del trabajo, hoy en día una nueva escuela de pensamiento insiste que abrazar el papel de “madre que se queda en casa” también es feminismo, siempre que esa sea su elección.

El mundo al que se suele llamar de islámico es una entidad con una extensión geográfica planetaria, con sociedades tan diversas y dispares a nivel cultural, étnico, histórico, de tradiciones y costumbres etc. Así, hablar de mujer en el Islam es una abstracción que no explica nada: ¿de qué mujer(es) hablamos? ¿de qué Islam? ¿dónde? ¿cuándo? ¿por qué? Por otro lado, muchas personas –hombres y mujeres– consideran al Islam como base para la liberación de la mujer y utilizan al Corán como instrumento a favor de esa liberación.

Ya en el siglo XIX Sayyid Mumtaz Ali en la India y Qasim Amin en Egipto defendían en sus corrientes reformistas islámicas el elevar la condición de la mujer, denunciando el monopolio tradicional de los hombres, en particular de los ulemas, respecto a la lectura e interpretación patriarcal y machista del Corán. Esas corrientes se han desarrollado en los últimos años y defienden el derecho de las mujeres a acceder directamente a los textos y a interpretarlos desde una perspectiva de género.

Fátima Mernissi, socióloga de renombre, investigadora en la Universidad Mohammed V, en Rabat, y una de las voces más fuertes del feminismo en el mundo musulmán, nos habla de sus recuerdos a través de los sueños y de las fantasías de las mujeres que con ella compartieron su infancia, y la perplejidad que fue la constatación, mientras viajaba por Europa y EE UU para promover su libro Sueños en el umbral. Memorias de una niña en el harén (El Aleph; Barcelona, 2002) de que para la mayoría de los hombres occidentales la simple mención de la palabra ‘harén’ provocaba las más voluptuosas fantasías sexuales, en las cuales el hombre conseguía dominar mujeres vulnerables cuyo único objetivo era satisfacerles sus deseos; experiencia que más tarde recogería en El harén en Occidente (Espasa-Calpe; Madrid, 2001). Visión occidental que procede, por lo menos, del siglo XVIII, cuando algunos ilustrados tenían semejante actitud para con el Islam. Como ejemplo refiramos Montesquieu que, a pesar de nunca haber estado en Persia/Irán, hizo en sus Cartas Persas, referencias al harén, a la poligamia, al erotismo, a la promiscuidad sexual, o sea, aspectos que tanto deleite causaron y siguen causando en la imaginación europea y occidental, como Fátima Mernissi pudo constatar.

Ella muestra, sin embargo, una visión de la mujer como un ser fuerte, inteligente, que no se somete… pero que debe respetar las hudud o fronteras para ser feliz. Fronteras que pueden ser físicas, que empiezan en la puerta de casa, o sociales, que sitúan a los hombres en un sitio y las mujeres en otro. La ruptura con dichas fronteras parece encontrar su justificación en la memoria del profeta Mahoma, quien no habría hecho diferenciación entre hombres y mujeres o entre ricos y pobres.

Por otro lado, la autora refiere la ilusión que había en la década de los cuarenta y cincuenta, del siglo XX, sobre el movimiento nacionalista marroquí que defendía una nueva época con nuevas leyes en las que las mujeres serían iguales a los hombres delante la ley, similar a lo que había ocurrido en Egipto y Turquía, y donde la modernidad, simbolizada, por ejemplo, por el idioma francés, podría coexistir con la tradición, simbolizada por todo lo que era árabe. Pero, casi cincuenta años después, la situación seguía igual, o incluso peor, en lo que a la poligamia y divorcio se refería.

Respecto al harén, que etimológicamente deriva de haram, o sea: prohibido o tabú, Mernissi describe las distintas situaciones: la vida en la ciudad era diferente de la del campo, pues aquí, donde ella vivía, había mayor libertad y mayor contacto con la naturaleza, además de no haber todas las reglas que había en la casa y harén de Fez. Por otro lado, las mujeres tenían opiniones diferentes y opuestas en lo que a la separación de hombres y mujeres se refería y al papel del harén: había las que los defendían y había las que se oponían, como su propia madre, que intentaba crear un futuro diferente del suyo para sus hijas a través, por ejemplo, de la prohibición de usar el pañuelo, o velo, y fomentando la utilización de prendas occidentales, consideradas como signo de modernidad.

Esta división entre las mujeres era motivo para que se hablase de la solidaridad femenina, asunto sensible para algunas que consideraban que la falta de tal vínculo hacía que las mujeres permaneciesen en la situación en que estaban y, por lo tanto, muestra a las mujeres como las peores enemigas de ellas mismas.

Fátima Mernissi sostiene que la imagen que poseen los hombres musulmanes respecto a las mujeres es contraria a la visión extendida entre los occidentales: estas son inteligentes y, por lo tanto, peligrosas. También reta a la creencia compartida sobre la cultura femenina en Occidente de que las mujeres aquí tienen sus derechos más asegurados que en cualquier otra parte del mundo.

Ya para concluir, insistiremos en que la condición de la mujer en el Islam no es simple ni se puede reducir a unas pocas palabras. Si en algunas situaciones geográficas y culturales la mujer está en inferioridad y bajo las peores condiciones, lo cierto es que son muchos los hombres y mujeres que intentan elevar su posición, respetando sus tradiciones, cultura y religión. Es decir: aquello a lo que se suele llamar feminismo islámico defiende la posibilidad de que las mujeres musulmanas logren la plenitud de sus derechos en el marco del islam, oponiéndose tanto al islam patriarcal como al feminismo laicista.

Hay muchas formas de ser feminista, de defender la elevación de la condición de la mujer, y en este sentido, para muchas mujeres, usar el velo, u otra prenda semejante, no es símbolo de inferioridad. Al revés, es una forma de afirmar sus creencias, cultura e identidad, al mismo tiempo que defienden la liberación de la mujer de las prácticas machistas. No es casualidad que en los últimos tiempos la industria de la moda entorno al hiyab está creciendo y, además, el velo no tiene que significar opresión.

Las actitudes y prácticas que Fátima Mernissi encontró en Occidente, si en la forma son diferentes, en la esencia son iguales a aquellas que denuncian los detractores del islam: la dominación de las mujeres por los hombres. En fin: la sucesión de equívocos, malentendidos y la misoginia, sea occidental sea oriental, no hace sino limitar y dificultar la comunicación entre culturas.

 


[1] ESPINOSA, Ángeles: “El islam no hace diferencias entre mujeres y hombres” en El País, sección de Internacional, 12 de junio de 2006. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/islam/hace/diferencias/mujeres/hombres/elpporint/20060612elpepuint_1/Tes

[2] Datos disponibles en la página Web  Di NO – ÚNETE para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres, llamamiento mundial de UNIFEM de lucha contra la violencia hacia la mujer. Disponible en http://www.saynotoviolence.org/es/el-tema/datos-y-cifras

[3] AHMED, Leila: Women and Gender in Islam: Historical Roots of a Modern Debate; Yale University Press, Londres, 1992.

[4] DEDRICK, Allison : Feminism can’t solve all, Muslim speaker advises en The Stanford Daily, 26 de mayo de 2006. Disponible en http://www.stanforddaily.com/2006/05/26/feminism-cant-solve-all-muslim-speaker-advises/