La eficiencia energética
En nuestro país, España, el principal origen de la energía que consumimos, más de un ochenta por ciento, es importada, lo que nos hace muy dependientes de otros países y, además, de fuentes altamente contaminantes como el petróleo, el gas natural y, en menor medida aunque significativa, el carbón.
Está energía se emplea básicamente en el transporte y la producción de energía eléctrica. Respecto al último sector, el país cuenta esencialmente con centrales termoeléctricas, hidroeléctricas y nucleares, y un mínimo porcentaje de energías renovables. Con todo y eso, cabe decir que somos unos de los países líderes en el mundo en este tipo de energías limpias, especialmente en solar y eólica.
Además las tendencias indican que en los próximos años habrá un incremento de consumo de electricidad, debido principalmente a un aumento demográfico y al desarrollo económico, esta tendencia se aplica tanto a nivel mundial, como a nuestro país. Por todo ello, es importante un cambio de dirección impulsando un incremento de las energías renovables y la eficiencia energética.
En España existe un organismo promovido por la Unión Europea, IDEA (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía), el mismo se dedica a la implementación de Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética para España y el Plan de Energías Renovables 2005-2010. Asimismo realiza tanto seguimientos informativos sobre la coyuntura energética del país, como campañas de sensibilización.
Los mayores consumidores de energía eléctrica son la industria y el sector residencial. El primero ha sufrido un significativo descenso en los últimos años, además las empresas industriales están obligadas, por ley, al uso de tecnologías cada vez más limpias y eficientes. Sin embargo, el segundo sector que mencinado ha seguido aumentando a ritmo imparable a medida que se han generalizado, sobre todo, los sistemas de climatización y las viviendas residenciales. Estos datos que nos llevan a la conclusión de que todas las personas, desde nuestras casas, somos un gran potencial para contribuir de gran manera al ahorro y optimización de energía.
El primer y mayor inconveniente u obstáculo para mejorar la eficiencia energética es el concepto de inversión económica, inherente a la adquisición de nuevas tecnologías, por ejemplo una bombilla de bajo consumo o un electrodoméstico eficiente. Y aunque nos veamos retribuidos a largo plazo, es difícil ver este ahorro desde un momento presente, acentuado por la difícil situación económica actual.
Quizás lo mejor sea verlo gráficamente con un simple ejemplo. Si desglosamos una factura de electricidad, la iluminación en un hogar representa una tercera parte de la energía que consumimos. Imaginemos que cambiamos en nuestro hogar cinco bombillas convencionales (incandescentes), por aquellas de bajo consumo (hasta un ochenta por ciento menos de energía, unos veintidós vatios frente a cien vatios de una fuente incandescente). Los datos arrojados por un simulador son los siguientes: podemos ahorrar hasta sesenta euros al año en energía eléctrica, esto es, habremos recuperado nuestra inversión en un solo año, ya que estas bombillas cuestan unos ocho euros, y habremos evitado unas emisiones equivalentes a unos trescientos cuarenta kilogramos de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Además la duración de este tipo de iluminación de bajo consumo es de hasta diez veces más, esto viene a corresponder a un margen entre unos cinco y diez años, dependiendo de la utilización.
Otra buena parte del consumo (más de una tercera parte de la factura) lo realizan aparatos climatizadores, a continuación encontramos neveras y frigoríficos ya que están conectados a la red de forma continua, seguidos de televisiones y ordenadores, y por último, la lavadora. Todos estos electrodomésticos completan el groso de nuestro consumo. Para información del consumidor, todos estos dispositivos tienen una etiqueta que marca su eficiencia energética, respecto a siete clases diferenciadas desde la A a la G (de mayor a menor eficiencia). Asimismo existe una diferencia de hasta un treinta por ciento de consumo de un aparato calificado como C a otro calificado como A.
Como recomendaciones generales, diremos que:
- Nuestro hogar debe estar bien aislado para evitar pérdidas de frío/calor. Además de mantener una temperatura de veintidós grados en invierno y unos veinticinco en verano, estas temperaturas suponen un confort térmico, evitando despilfarros de energía.
- La adquisición de electrodomésticos de bajo consumo (A), por ejemplo una lavadora de bajo consumo a lo largo de su vida útil puede ahorrarnos hasta quinientos euros a lo largo de su vida útil, compensando la diferencia de precio. Además hay que seguir los consejos de limpieza y mantenimiento que nos indique el fabricante.
- Apagar totalmente aparatos como televisiones, mini cadenas, ordenadores. Individualmente no suponen un gran consumo, pero la suma del conjunto, puede llegar a constituir hasta un diez por ciento de consumo en la factura.
- Uso de iluminación de bajo consumo, en lugares donde usemos más de una hora al día iluminación artificial.
- Uso racional de la electricidad, esto es, el uso con conciencia, consumir lo necesario y utilizar la energía eléctrica de manera eficiente y óptimo, previniendo y evitando mal gastos.
El conjunto de todas estas medidas nos revertirán beneficios económicos, como hemos visto, además de medioambientales en cuanto al uso de energías, desgraciadamente altamente contaminantes que nos vemos obligados a utilizar, al disponer de muy pocas alternativas energéticas limpias.





