La lucha por la conservación del tigre
Coincidiendo con el inicio del Año del Tigre en el calendario chino, se ha iniciado una campaña mundial de conservación de la especie que lleva el mismo nombre. A través de ella, el Banco Mundial, la comunidad científica, 39 ONG y gobiernos de varios países pretenden difundir la situación actual de la especie. A parte de perseguir este objetivo, los actos constitucionales, la firma de acuerdos y las campañas de sensibilización buscan encarecidamente concienciar a la sociedad para que ésta se involucre en la búsqueda de soluciones a la rápida pérdida de ejemplares. Este felino se ve amenazado por diversas cuestiones, como son el comercio ilegal de ejemplares o partes de su cuerpo, la caza furtiva, la reducción de su hábitat por la deforestación o y el conflicto con los humanos. Proteger el tigre ya no es cuestión de salvar una especie emblemática y reconocida en todo el mundo. La efectividad o no de esta iniciativa supondrá un barómetro para saber si todavía existe alguna posibilidad de que humanos y animales puedan compartir el planeta.
Los tigres (Panthera tigris) son mamíferos carnívoros, que se clasifican dentro de la familia Felidae y del género Phantera. Este género comenzó a evolucionar hace más de 5 millones de años y los científicos consideran que procede del este de Asia. Existen nueve subespecies de tigres, que los expertos distinguen principalmente por la región en la que viven -y por sus diferencias morfológicas-, quedando catalogados de la siguiente manera: el tigre del sur de China, el del Caspio, el de Indochina, el tigre Malayo, el de Java, el de Bali, el de Siberia, el de Bengala y el tigre de Sumatra.
Sin embargo, resulta imposible encontrar ejemplares en libertad del Tigre del Caspio, el Tigre de Bali y el Tigre de Java. Estas tres subespecies se han visto gravemente esquilmadas a lo largo del siglo XX. Hasta principios de siglo, estos tipos de tigre no se ha habían visto gravemente amenazados, pero desde ese momento en las zonas geográficas donde se encontraban eran considerados como verdaderas plagas, por lo que los gobiernos intentaban eliminar el mayor número de ejemplares para permitir la expansión del territorios, los asentamientos y la agricultura. Otra de las causas es la generalización de la caza de este tipo de animal como deporte y diversión. De estas tres subespecies, el Tigre de Java fue el que más tardó en desaparecer: la muerte del último individuo se documentó en 1980.
Actualmente, una de las especies que se encuentra especialmente en peligro de sobrevivir es el Tigre de Sumatra. A pesar de los diferentes esfuerzos por conservar el máximo número de ejemplares posibles, la población salvaje del Tigre de Sumatra no supera los 500 individuos. En el año 2006 ha sido incluido en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en el año 2006 y en 1990, el gobierno de Indonesia lo incluye en el Acta Número 5 de la Conservación de Recursos Vivientes y sus Ecosistemas. Estas legislaciones establecen que está prohibido matar, poseer o comerciar con ejemplares vivos, muertos o partes de los mismos de las especies incluidas en ellas.
Existe un especial interés por conservar esta especie por parte de la comunidad científica, ya que los últimos análisis de ADN revelan que el Tigre de Sumatra posee unas características genéticas únicas y si los estudios pudieran confirmar este hecho, se convertiría en una nueva especie independiente a la del resto de tigres.
Varias amenazas hacen peligrar la supervivencia de la especie, pero son especialmente tres las que están dificultando la situación al Tigre de Sumatra. Entre ellas, la reducción del hábitat natural donde se encuentra. Los bosques y las junglas están desapareciendo a ritmo vertiginoso desde la década de los cuarenta, debido al rápido crecimiento de la población y el desarrollo de la sociedad. Además, la expansión de las zonas de cultivo y agricultura también destruyen los ecosistemas en los que vive el tigre, provocando muchas veces que las manadas se hayan visto divididas y aisladas. Estos factores repercuten directamente en la complicación entre el conflicto entre tigres y humanos. La falta de espacio y animales para cazar, obliga muchas veces a los tigres a atacar granjas o incluso personas, motivo por el cual muchos residentes o autoridades matan indiscriminadamente ejemplares.
Por último, la mayor amenaza a la que se enfrenta el tigre de Sumatra es al comercio ilegal y la caza furtiva. Tradicionalmente, se han utilizado las diferentes partes del tigre en la medicina tradicional china y la religión, motivo por el cual es habitual la venta ilegal de dichas piezas. Por lo general, las partes más utilizadas para este tipo de prácticas son los colmillos, las garras, el pelo o los bigotes, la piel, y los huesos. La venta de estos elementos se realiza de forma clandestina en mercados, joyerías y tiendas de medicina tradicional, ya que la legislación internacional y de Indonesia prohíben estas prácticas. Según el informe, “Tiger Trade Revisted in Sumatra”, publicado por la organización ecologista Traffic en el año 2006, de las 28 ciudades encuestadas en la isla, ocho tenían algún tipo de pieza de tigre a la venta. El informe estimaba que, por el número de elementos encontrados en el mercado, 23 tigres habían sido cazados furtivamente. Sin embargo, los autores recogen que en los últimos años se ha producido un descenso en estas prácticas, quizá debido a que la justicia indonesa ha condenado con multas y prisión a diversos comerciantes y cazadores.
En los últimos años se ha tomado conciencia de los peligros que amenazan la supervivencia del tigre. El fin de este animal supone la extinción de un gran depredador y su función como regulador natural dentro de los ecosistemas, ya que su desaparición acarrea un aumento desproporcionado en la población de herbívoros, lo que según provocaría modificaciones en la regeneración forestal, y a largo plazo, cambios en la flora y la fauna. Es decir, proteger al tigre y a su hábitat natural tiene como efecto colateral la protección de otras especies que viven en la zona y la conservación de los territorios en los que habita.
Además, según Global Tigre Initiative (GTI), promovida por el Banco Mundial y respaldada por 39 ONG, el tigre constituye una figura importante dentro de la cultura (literatura, arte, religión y mitología) de las sociedades asiáticas, y por lo tanto debería considerarse su conservación ya no solo desde el punto de vista ecológico, sino también como la protección de un valor cultural.
La pérdida acelerada de los lugares donde vive el tigre, unida a otras amenazas, ha provocado que en un siglo aproximadamente, y según datos de la organización WWF, se haya pasado de una población de 100.000 a principios de siglo XX, a los 3200 ejemplares que se pueden contabilizar hoy en todo el mundo.
Es por este motivo, que se intentan buscar soluciones desde diversos frentes. El Año del Tigre ha puesto en el punto de mira a este animal, por lo que diversas instituciones y organizaciones han comenzado campañas de protección y sensibilización con esta causa.
Los gobiernos de Bangladesh, Birmania, Bután, Camboya, China, India, Indonesia, Laos, Malasia, Nepal, Rusia, Tailandia y Vietnam ya se han comprometido con la iniciativa de doblar la población de tigres para el año 2022, coincidiendo con la llegada del nuevo Año del Tigre en los países asiáticos. Estos 13 estados se reunieron el pasado mes de febrero en Tailandia para celebrar la 1ª Conferencia Ministerial para la Conservación del Tigre y decidir qué medidas (locales, regionales y nacionales) se implantarán para tratar de salvar la especie.
Vladimir Putin, pese a haber declarado abiertamente que practica la caza de tigre siberiano, ha sido quien ha convocado para el próximo mes de septiembre una nueva reunión ministerial en Rusia. En ella, se pretende hacer una evaluación de las medidas y se tomarán nuevas decisiones sobre el rumbo que debe tomarse en la conservación del tigre.
El Año del Tigre supone, en definitiva, un punto de inflexión en la lucha por la conservación de la especie. En el fondo, estos actos ponen de manifiesto la necesidad psicológica de saber si el ser humano es capaz de revertir la situación ecológica actual, es decir, si no es demasiado tarde para poder remendar los errores medioambientales que se han cometido hasta ahora. La efectividad de las acciones será un indicador que muestre si hay algún tipo de solución a estos problemas, o en el caso contrario, si ya es una batalla perdida. Lo que sí es seguro, es que el Año del Tigre es una muestra del creciente interés por crear una sociedad capaz de continuar creciendo y desarrollándose, sin que ello implique ser una amenaza para el resto de las especies.





