Joomla ServiceBest Web HostingWeb Hosting
ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Hungría, pendiente del vertido tóxico

 


Una corriente de lodo rojo se extiende desde el pasado cuatro de octubre a lo largo de la red fluvial de Hungría. Un fallo en el sistema de almacenamiento de residuos de la empresa metalúrgica MAL en el país magiar ha derramado millones de litros de basura tóxica. La marea ha inundado los pueblos próximos al recorrido del río Torna. Nueve personas han fallecido y ha desaparecido cualquier rastro de vida animal y vegetal en sus proximidades.

Un accidente de este tipo supone, en primer orden, junto al daño sufrido por el ecosistema, un claro peligro para salud. Por ejemplo, de entre todas las sustancias químicas, las partículas de aluminio, cuya concentración veinte días después sigue siendo muy elevada, llegan fácilmente a lo más profundo de los pulmones y ocasionan graves infecciones. Por su parte, el níquel o el hierro, presentes en la fuga de la repesa de la fábrica, atacan también al aparato respiratorio desencadenando asma, pulmonía y otros males crónicos.

A pesar de las recomendaciones de la OMS y de que el peligro de una nueva avalancha se repita, la población afectada, próxima a Ajka, ha regresado a sus casas en medio de la polémica y el estupor por la cadena de errores que la ruptura de la balsa ha sacado a relucir.

¿Cómo pudo suceder? es una pregunta que se hacen las autoridades húngaras y que ha provocado que la UE se plantee endurecer la legislación en esta materia. La existente en protección medioambiental es una de las más desarrolladas del mundo, pero no ha funcionado. Y por otro lado, las autoridades dilapidan sus esfuerzos en lanzarse la pelota unos a otros. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, se ha comprometido en estas semanas ha depurar responsabilidades en la empresa responsable del vertido, MAL; mientras, Durao Barroso, desde la Comisión Europea, ha pedido a Hungría una mayor celeridad para detener el vertido.

Este punto es a día de hoy uno de los frentes de batalla que más quebraderos de cabeza ocasionan a autoridades nacional y europea. Se da casi por hecho que las bajas temperaturas y las malas condiciones meteorológicas pueden hacer ceder uno de los principales muros de contención del vertido. Esto significa que existe un riesgo elevado de que el sistema fluvial magiar se contamine en su totalidad. Así lo dictamina un informe redactado por seis expertos de la UE que han estudiado in situ en esta última semana la situación de las aguas del Torna. Aconsejan a Hungría desviar su cauce y colocar más barreras. Aquí ya chocan los puntos de vista de unos y otros sobre cómo actuar.

Si las autoridades de la UE recomiendan al Gobierno húngaro que tenga en cuenta el estudio realizado, éstos, de momento, han anunciado que no se tomarán nuevas medidas. Casi un mes después del accidente, dos millones y medio de metros cúbicos de barro, que contienen basura tóxica, podrían terminar en el cauce del río, que ya arrasó hace unas semanas Kolontár y Devecser, las localidades más próximas a la de Ajka, en la que se encuentra la fábrica de aluminios donde se originó el vertido.

Los científicos que asesoran al Ejecutivo magiar opinan que las peticiones de la UE no son viables porque, en caso de adoptarse, el desvío del río provocaría también una modificación del balance de agua en toda la región con consecuencias directas sobre el entorno. Aunque el Gobierno ha conseguido proteger algunas poblaciones, es incapaz de frenar que la marea de lodo rojizo siga su curso. Ahora bien, al menos hay un punto que les permite respirar tranquilos tras el informe presentado también por la OMS, tras la evaluación de la situación, constatando que las aguas del gigante Danubio se mantienen a salvo de la contaminación.

La tercera en discordia, la empresa de metales, MAL, ha asegurado ante las críticas del Gobierno húngaro que ha cumplido con las normativas europeas y que se han realizado las revisiones pertinentes. En concreto, han afirmado que semanas antes del vertido se revisó la planta y no se había detectado el menor riesgo de fuga. Ahora bien, Interspect ha difundido unas imágenes vía Internet en las que se observa una filtración ya en el mes de junio y que constatan lo contrario.

Más allá de dimes y diretes entre las partes corresponsables de este accidente medioambiental, activistas europeos y expertos en cuestiones medioambientales han lanzado la voz de alarma ante un problema que podría no ser exclusivo de esta planta metalúrgica húngara, sino de otros países de la UE: existe una legislación bien estructurada y definida, pero no se cuenta con los medios suficientes para llevarla a la práctica ni con una experiencia sólida en gestión de desastres ecológicos. En consecuencia, con los datos sobre la mesa si se vuelve a repetir la situación en cualquier otro país, los resultados serían los mismos. Resumidos se concretan en una respuesta tardía y a contrarreloj.

La UE ya está advertida y, de hecho, ha reconocido, en palabras del comisario de Medio Ambiente, Janez Potocnik, que será necesario apuntalar la colaboración colectiva y la actual ley, por ejemplo en la gestión de los fondos para sufragar los gastos derivados de una catástrofe medioambiental. Se baraja la posibilidad de que el estado afectado y la UE cubran a partes iguales el despliegue de la infraestructura necesaria ya se trate de una situación de vertidos tóxicos, un incendio grave o inundaciones de gran magnitud., entre otros. O también de que una hipotética modificación legislativa articule un apartado referente a costes preventivos, que a menudo las empresas evitan y que no les supondrían pérdidas. Sin embargo no siempre se hace, como así parece que sucedió en el caso húngaro, según las imágenes publicadas por Interspect.

Y es también la UE la que debe plantearse si modificar el Fondo de Solidaridad que, por ley, se concede a países que viven una situación de desastre natural, pero no accidentes industriales. Tal es el caso del vertido de basura tóxica en Hungría, que ha desembocado en un problema medioambiental. Son cuestiones léxicas que ahora privan a las personas afectadas de recibir las ayudas correspondientes para recuperar todo lo que han perdido.

Sea como fuere el caso húngaro ha desatado una tormenta de acusaciones que han dejado al descubierto que en materia medioambiental se legisla en la forma pero sin contenido en el fondo. Las empresas responsables no siempre cumplen con sus protocolos, las autoridades locales confiesan no contar con los medios para inspeccionar estas industrias, los gobiernos nacionales se declaran desbordados por la necesidad de un sinfín de medios que palien el mal provocado. Y la UE ordena actuar y acatar un vertido para el que ofrece una ayuda, que no puede llegar por no estar recogida de forma adecuada en la ley. Fisuras en unas y otras partes, que como la de la empresa de aluminio poco a poco siguen filtrando una marea rojiza que lo tiñe todo de contaminación.