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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

España y África: cooperación por el desarrollo

La cooperación internacional española ha cobrado en la presente legislatura una importancia nunca antes conocida. El actual gobierno puede presumir -y presume- de haber puesto el listón muy alto en cuanto a donaciones y acciones de cooperación  se refiere [tómese por ejemplo Haití, donde España es el primer donante europeo] y de no haber recortado gastos en este ámbito a pesar de la severa crisis económica. En el caso de África, lo que a priori puede parecer altruismo y solidaridad nacional, puede implicar otro tipo de intereses, que marcan las relaciones estratégicas que unen a España con diferentes puntos del continente vecino. En cualquier caso, ¿es posible saber cuánto hay de solidaridad y cuánto de interés político en las relaciones España-África?

España se declaró país favorable a la cooperación internacional al desarrollo de forma oficial en la Constitución de 1978, cuando en su preámbulo recoge la voluntad de la nación española de colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la tierra. Desde entonces hasta hoy, esta postura se ha perfilado a través de nuevos organismos como la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID), que fue creada diez años después como órgano canalizador de la política española de cooperación internacional al desarrollo. En 1998 la cooperación española asume la lucha contra la pobreza como objetivo prioritario de su acción, a la vez que se promulga la Ley para la cooperación Internacional al Desarrollo.

Desde que la cooperación española perfiló sus herramientas con la AECID y la Ley de cooperación, las líneas de actuación principales han sido: la promoción de programas y proyectos de cooperación, asistencia técnica a instituciones de los países socios, ayuda presupuestaria, microcréditos, becas y lectorados, contribuciones a fondos multilaterales y multidonantes y a programas de organismos internacionales para el desarrollo, acción humanitaria, y ayudas públicas a ONGD y a otros agentes de la cooperación para el desarrollo.

Por su parte, las relaciones entre España y el continente africano se han separado, atendiendo a la evolución histórica, en dos sectores. En primer lugar, el área del Magreb ha sido la máxima prioridad desde que España iniciase sus trabajos en materia de cooperación, por los nexos geopolíticos e históricos derivados del colonialismo y su herencia, y porque representa una serie de intereses estratégicos de importancia para el país europeo. La región del Magreb es la constituída por Mauritania, Marruecos, Túnez, Argelia y Libia, y además de en materia de cooperación, es una pieza clave en la política exterior española, tal y como lo certifica el ministerio encargado de estos asuntos. La proximidad geográfica, la historia en común y los cuantiosos intercambios humanos, económico y culturales que hay entre las zonas se han traducido en que la cooperación española al desarrollo destinada a esta zona promueva primordialmente: la seguridad -por cercanía, a España le interesa que la región sea próspera y pacífica-, el control de la inmigración -puesto que España es un puente hacia Europa-,  la promoción de las relaciones económicas- que actualmente son cuantiosas, sobretodo en materia energética, siendo Libia y Argelia los puntos de los que España extrae gran parte del petróleo y gas natural que necesita-. Tampoco hay que olvidar las potentes inversiones empresariales que España ha realizado en la zona: sólo en Marruecos existen en la actualidad más de 600 empresas españolas y también tienen un volumen importante en Argelia, donde España es primer país inversor en los últimos cinco años, según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. A la vista de estos datos, es obvio que España velará, en la medida de lo posible, porque las cosas en la zona vayan bien. Para ello la cooperación se ha mostrado como una poderosa herrramienta.

La región del África subsahariana presenta oportunidades de actuación diferentes para España. En 2006, el gobierno de Rodríguez Zapatero aprobó el primer Plan África, que marcaría las directrices en materia de cooperación en la zona. Tal plan se renovó en 2009 y hasta 2012 plantea seis líneas de trabajo en la zona tales como el apoyo a procesos de paz y seguridad para la consecución del desarrollo democrático e institucional, la lucha contra el hambre y la pobreza, la promoción de inversiones y relaciones comerciales para un desarrollo socio-económico sostenible, la asociación migratoria, el refuerzo de la relación multilateral España-África y con la Unión Europea, y la consolidación de la presencia política e institucional española en África, así como el crecimiento de la diplomacia pública a través de Casa África. Aunque el Plan África esté ahora en auge, no quiere decir que anteriormente no se hiciese nada por la región, el gobierno de José María Aznar aprobó el llamado Plan de Acción para África Subsahariana 2001-2002, que supuso un primer intento de ordenación de las relaciones con esta zona. El conocido plan del gobierno del Partido Popular se basaba en seis principios que daban prioridad a la cooperación en materia de inmigración, que eran la contribución al logro de la paz y el desarrollo sostenible en la región, la promoción y defensa de los derechos humanos y la democracia, la profundización de las relaciones bilaterales y multilaterales, la ordenación de los flujos migratorios hacia España, la protección de los españoles en la región y el fomento de la lengua y la cultura españolas en la zona.

Con una población inmigrante de procedencia africana -en especial de Marruecos- que ya es una de las más numerosas en nuestro país, junto con Rumanía y Ecuador, según datos del Observatorio Permanente de la Inmigración, no podemos olvidar que el codesarrollo se presenta como otra vía de fomento de la cooperación entre España y África. Según el informe Migraciones y codesarrollo en la crisis financiera internacional, de la Fundación Carolina, aprovechar la masa de inmigrantes y fomentar su derechos a quedarse en nuestro país conviene a España y a las sociedades receptoras de inmigración, en general, y en especial en época de crisis económica. Las remesas benefician al país de procedencia -y superan en algunos casos los fondos de Ayuda Oficial al Desarrollo-. El país receptor de la inmigración, cuenta con una masa de población importante que ya está formada como capital humano a nivel social y laboral, y que sería difícilmente reconstruíble en mitad de una crisis si los inmigrantes regresan a sus países. En síntesis, el codesarrollo implica desarrollo compartido entre norte y sur.

En definitiva, África representa para España innumerables posibilidades de actuación. A nuestro país le interesa velar por la región desde un punto de vista geoestratégico, pero su acción responde al mismo tiempo a una perspectiva de desarrollo humano, porque precisamente del progreso del continente africano se  benefician todas las partes implicadas. Por su parte, las relaciones hipano-africanas se perfilan cada vez más complejas y diversificadas, en función del aumento de los índices de desarrollo del continente del Sur.