Los 12 meses de sufrimiento de Haití
Cuando sólo habían transcurrido 12 días del recién estrenado 2010, Haití sufrió un devastador terremoto de 7,3 grados en la escala Richter que destruyó el país y costó la vida a cerca de 200.000 personas. Desde ese momento, la reconstrucción se convirtió en la prioridad de las autoridades y la comunidad internacional realizó importantes promesas de ayuda. También los médicos desplazados en la zona advirtieron de la alta probabilidad de que se desarrollaran epidemias ya que los haitianos que sobrevivieron se encontraron con unas condiciones sanitarias pésimas: cadáveres por las calles, escasez de agua, además de la falta de material y personal médico.
Los meses transcurrían y poco a poco la ayuda iba llegando (lejana al 100% de lo comprometido por las potencias mundiales ocupadas en resolver la crisis financiera) hasta que el pasado mes de octubre se daba la voz de alarma, se registraban los primeros casos de cólera en la zona de Artibonita y Centro con 138 muertes y 1.526 afectados, según datos del ministerio haitiano de Salud Pública y Población. Así, la amenaza constante de una epidemia se convirtió en realidad y la enfermedad avanzó a gran velocidad en los posteriores meses.
El siguiente temor de las autoridades haitianas era que el cólera llegará a la capital, Puerto Príncipe, donde se encuentra gran parte de los 10.085.214 habitantes del país. Pero a principios del mes de noviembre se confirman los primeros afectados por el brote en la capital. A partir de este momento, la propagación de la enfermedad se dispara y así, según los últimos datos publicados por la Organización Panamericana de la Salud, hubo 91.770 consultas hospitalarias por esta enfermedad. Mientras la cifra de fallecidos a causa del cólera es de 2.071 y las personas hospitalizadas son ya 43.243. Estas dimensiones que ha alcanzado la epidemia podrían aún ser mayores, pues según estima la Organización Mundial de la Salud (OMS) se podría llegar a los 650.000 afectados.
Las condiciones en las que han vivido millones de haitianos refugiados en campamentos en los meses posteriores al terremoto de enero se vieron agravadas tras el paso del huracán Tomás a principios de noviembre. Las lluvias asociadas a este fenómeno meteorológico provocaron importantes inundaciones que no sólo costaron la vida de varias personas sino que agravó la propagación de la enfermedad. El cólera es una infección intestinal causada por una bacteria transmitida a través del agua o de los alimentos contaminados, por lo que el nuevo escenario que dejó Tomás a su paso por Haití se convirtió en un nuevo foco de ésta y otras enfermedades.
Ante este panorama, la celebración de las elecciones presidenciales, aplazadas desde el mes de febrero y celebradas finalmente el 28 de noviembre, se convirtieron en una muestra del descontento de la población y la inestabilidad que vive el país. Los estragos que está causando el cólera han hecho que la población crea que sus dirigentes no están haciendo lo suficiente por acabar con una enfermedad que está aniquilando a la mayoría de los haitianos. De esta manera, se han desarrollado los primeros disturbios entre los partidarios de los diferentes candidatos, algo que frena la lucha contra la epidemia.
Desde el ámbito internacional los llamamientos a la ayuda son constantes. El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha asegurado que para acabar con el cólera hay que hacer llegar a toda la población haitiana el tratamiento adecuado, para lo que se requiere una respuesta masiva e inmediata de otras naciones, pues hay que recordar que los medios con los que cuenta Haití son los correspondientes al de un país con un índice de desarrollo humano bajo (0,404) y que ocupa el puesto 145 del ranking de 169, según el informe de 2010.
Una de las respuestas más destacables es la de Cuba, tal como reconocen la ONU y la OMS. El régimen cubano mandó en un primer momento a Haití 300 médicos adicionales, que se sumaban a los 1.700 miembros de la misión médica que se envió en marzo para atender a los damnificados por el terremoto. Así, la Brigada Médica Cubana en este país caribeño está en la actualidad formada por 908 miembros y atiende al 30 o 40% de los pacientes de cólera.
Sin embargo, a pesar de esta inestimable ayuda y la labor desarrollada por diferentes ONG y asociaciones sanitarias, la epidemia de cólera sigue descontrolada en Haití. Las últimas informaciones hablaban de que el origen de la enfermedad podría encontrarse en los cascos azules nepalíes. Según un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y el Instituto de Biociencia del Pacífico de California, la cepa de cólera podría proceder del sur de Asia, concretamente de Bangladesh, y estar asociada a un brote de hace 49 años que se originó en Indonesia. Pero esta información lejos de usarse para frenar la enfermedad, ha originado un odio feroz de la población contra los miembros de Naciones Unidas desplegados en el país.
Una vez más, como en otras epidemias, la vacunación y la aplicación de los tratamientos correspondientes siguen siendo la solución a un grave problema de salud pública. Sin embargo, la pobreza que ya caracteriza a Haití impide que sea el propio Estado el que solucione el caos generado por el cólera. La dependencia del exterior se ha hecho más crucial que nunca. Ahora son los terceros Estados los que deben responder si no quieren ver como un país es consumido por una enfermedad que tiene remedio.





