La lucha africana contra la malaria
La malaria o paludismo ha sido una enfermedad conocida desde hace siglos por la humanidad. Afectó a europeos y españoles, provocando dolor y miles de muertes; sin embargo, las cifras no son comparables con los estragos que en los últimos años esta enfermedad está causando en África. No hay que obviar que también se registran casos de malaria en el resto del mundo, en países de Asia, América Latina, Oriente Próximo y en algunas zonas de Europa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2006 la enfermedad estaba presente en 109 países y territorios.
El paludismo es causado por parásitos del género Plasmodium que se transmiten al ser humano por la picadura de mosquitos infectados. Esta posibilidad de transmisión es mayor en las regiones denominadas ‘endémicas’ que reúnen una serie de factores como las precipitaciones, la proximidad de los lugares de cría a las personas y las especies de mosquitos presentes en la zona.
Muchas zonas de África, por su clima y ecología, son parte de estas regiones ‘endémicas’. A los aspectos naturales propios de cada uno de estos países africanos hay que añadir la falta de desarrollo que hace que la canalización de aguas sea prácticamente inexistente y que la prevención y el tratamiento de la enfermedad no puedan abarcar a toda la población.
Según la OMS, alrededor de 3,3 mil millones de personas, la mitad de la población mundial, está en riesgo de contraer malaria. Cada año, esta situación conduce a casi 250 millones de casos de paludismo y 800.000 muertes en todo el planeta. África es el escenario donde se producen la mayoría de estos casos, el 86% de las infecciones que se dan al año. Además, la enfermedad es especialmente cruenta con dos de los colectivos más vulnerables: las mujeres embarazadas y los niños.
En África, la malaria lleva a la muerte de alrededor de 10.000 mujeres embarazadas y hasta 200.000 niños anualmente. Es decir, el paludismo es la causa de una de cada cinco muertes infantiles en África. Se calcula que un niño africano tiene en promedio de 1,6 a 5,4 episodios de fiebre palúdica por año y que cada 30 segundos muere un menor a causa de la malaria en este continente.
Esta sangría que provoca la enfermedad parasitaria que nos ocupa en los países africanos es también una seria barrera para el desarrollo de los mismos. La economía de estos Estados es incapaz de salir a flote cuando gran parte de su capital humano de producción, los miles de hombres y mujeres afectados por la malaria, muere sin ningún remedio. Según la Alianza Europea contra la Malaria, cada año la lucha contra esta enfermedad cuesta a África 12 billones de dólares del Producto Nacional Bruto (PNB). Este gasto ha frenado el crecimiento económico del continente en un 1,3% anual.
Esta institución también señala otros efectos indirectos que la malaria produce en la economía de los países africanos. Además de la reducción de la productividad laboral, anteriormente mencionada, con un incremento de las bajas por enfermedad, absentismo y mortalidad prematura de la mano de obra; estos países denominados ‘endémicos’ ven como terceros Estados optan por no invertir en su industria, comercio exterior y turismo.
También la malaria causa importantes pérdidas en las economías familiares y en la comunidad local, pues las zonas agrícolas, al no tener mano de obra suficiente, no son cultivadas para obtener la máxima productividad y, por otro lado, las familias tienen que hacerse cargo del importante coste económico que suponen los tratamientos y los sistemas de prevención.
La malaria es también la mayor causa del absentismo escolar y se estima que reduce la capacidad de aprendizaje del 35% al 60% en los niños que acuden a los colegios. Las personas pobres son las más afectadas pues tienen menos acceso a los servicios de salud, a la información y a las medidas de prevención y tratamiento.
Ante esta situación, parece que África estuviera sumida en una espiral: la economía de los Estados africanos no prospera porque su mano de obra, base del sistema productivo, está enferma. Pero luchar contra la malaria es imposible si no existe una economía fuerte capaz de dar cabida a los tratamientos y reformas necesarias para prevenir el contagio del paludismo entre su población.
El pesimismo al que puede conducir esta situación no debe cegar ante posibles soluciones: la ayuda internacional para luchar contra la malaria es fundamental para que los Estados africanos consigan tener los sistemas de prevención y tratamiento necesarios con los que asegurar la salud de su población. Así, los ciudadanos africanos sanos serán los encargados de hacer frente a la siguiente batalla: la lucha contra la pobreza y por el desarrollo en África.





