Migración y desarrollo en África
La complejidad intrínseca a la dinámica poblacional de África, sus heterogéneos movimientos humanos, constituye uno de los elementos determinantes en la evolución de las sociedades africanas. Los tradicionales desplazamientos en el continente, relacionados con el propio modo de vida africano, han dejado paso a otros, no siempre de carácter voluntario, marcados por las expectativas de mejora de vida o incluso de supervivencia ante crisis agudas. El mapa de geografía humana se (re)construye permanentemente en el Sur ante una distribución poblacional no natural, que tampoco quiere ajustarse a las reglas del mercado.
Los vínculos históricos, económicos, étnicos, culturales, lingüísticos y políticos han alimentado la migración intrarregional, interregional e internacional en África, así como la migración entre el continente y las antiguas metrópolis. De dichos flujos migratorios surgen áreas de importancia humana y económica, que presentan la peculiaridad de ser confluencia de movimientos inmigración, emigración y tránsito, a los que se suma el fenómeno creciente y global del transnacionalismo. Son estas áreas geográficas: (1) el Magreb, (2) el África Austral y Central, (3) el cuarteto Camerún-Nigeria-Benin-Costa de Marfil y (4) el cuarteto Mauritania-Senegal-Gambia-Guinea Bissau. Son éstas regiones que concentran los datos estimativos en materia de migraciones para todo el continente y que apuntan hacia la existencia, en la actualidad, de 16,3 millones de inmigrantes en toda África y cerca de 13,5 millones desplazados en su propio país. A nivel global señalan que si ya hoy los inmigrantes africanos representan un quinto del total mundial, en el año 2025 uno de cada diez africanos vivirá y trabajará fuera de su país de origen.
La inseguridad alimentaria e hídrica que pesa sobre numerosas poblaciones africanas. pronunciada por los cambios climáticos, afecta particularmente al África subsahariana que, con sus 239 millones de personas subnutridas es la segunda región mundial afectada por la subnutrición, tras la región Asia – Pacífico. El 30% de la población subsahariana, por lo tanto, sufre hambruna, situándose a la cabeza de dicha inseguridad humana la República Democrática del Congo, donde los últimos datos no sólo no perciben una mejora cualitativa hacia los Objetivos del Milenio, sino que ven empeorar la situación de sus poblaciones: la proporción de personas subnutridas en 2010 es del 69%, frente al 26% registrado en el período 1990-92. Pero no es el único.
La lista mundial de veintidós países que se encuentran en situación de crisis prolongada además de a la república congoleña incluye a otros dieciséis países africanos: Angola, Burundi, Chad, Congo, Côte d’Ivoire, Eritrea, Etiopía, Guinea, Kenya, Liberia, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Uganda y Zimbabwe. Estos países coinciden , pues, en haber sufrido crisis alimentaria durante ocho o más años entre 2001 y 2010, recibir más del diez por ciento de la ayuda extranjera en forma de asistencia humanitaria, contar con bajos ingresos y déficit de alimentos. Son lugares de emigración: en estos países las remesas se alzan como un importante medio de subsistencia para sus poblaciones, incluso durante los conflictos, ya que frente al cierre de fronteras, las nuevas tecnologías (como los móviles) ofrecen nuevas vías para realizar transferencias de dinero.
Aunque sin olvidar el coste económico de un proyecto migratorio, inalcanzable para las familias (vs. comunidades) más pobres –no hay que olvidar que las personas que sufren mayor precariedad socieconómica no tienen posibilidades de viajar-, lo cierto es que la pobreza y el desempleo son uno de los principales factores de expulsión de las migraciones; consecuencia, al mismo tiempo, del crecimiento demográfico acelerado y, por ende, de mano de obra, que no encuentra salida en unos mercados orquestados por economías en desaceleración y débiles democracias.
El constante crecimiento demográfico en un continente que podría alcanzar los 2.000 millones de habitantes en 2050, la inestabilidad del panorama político que mantiene a numerosos países africanos con un alto índice de fragmentación estatal, la intensificación de los conflictos étnicos, el declive económico mundial, el avance de la pobreza y el deterioro de las condiciones ecológicas son, por lo tanto, determinantes en las tendencias y las pautas de migración internacional en la región. Sin embargo, en su cuantificación los datos no ayudan: fragmentarios e incompletos, existen graves problemas para identificar los principales flujos migratorios con origen (e incluso destino) África, que no sean aquellos que, por vía regular (los flujos irregulares tampoco podemos cuantificarlos), llegan a Occidente, sumándose a la denominada diáspora africana en Europa y Norteamérica.





