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ANÁLISIS GRÁFICOS

Análisis gráficos

Incendios forestales

 

Los incendios forestales son aquellos en los que el fuego se propaga sin control quemando todo el material combustible disponible, la vegetación, en el caso de este tipo de incendios. Son especialmente ocurrentes en la época estival, ya que el clima mediterráneo se caracteriza por unos prolongados veranos sin lluvia, con lo que la vegetación, el suelo y los residuos vegetales que se acumulan en su superficie, suelen estar extremadamente secos convirtiéndose en un excelente combustible en caso de incendio. Los diferentes vientos que azotan la península durante esta estación son también bastante influyentes y pueden determinar la gravedad de un incendio, en caso de presencia o ausencia de los mismos.

Este fenómeno está tristemente ligado a la historia de nuestro país. Su origen y causas son en la mayoría de las ocasiones antropogénicas o con intencionalidad, tanto como un 98 por ciento de los incendios. Se trata de prácticas como la quema de barbecho a finales de verano, el abandono de terrenos agrícolas, fogatas mal apagadas o la pérdida de control sobre ellas, el hecho de tirar colillas el bosque o en las cunetas de carreteras forestales, el efecto lupa de vidrios abandonados en el campo, o sencillamente, en algunas situaciones se trata de algún interés económico escondido, como por ejemplo, el hecho de arrasar con el valor ecológico de un cierto enclave con el propósito de urbanizar. Los incendios atribuidos a causas naturales, por su parte, son una minoría y pueden deberse a fenómenos meteorológicos como la acción de los rayos.

Consecuencia inmediata de un incendio son pérdidas medioambientales, económicas y en determinadas situaciones incluso de vidas. Asimismo, los incendios producen gran contaminación atmosférica destruyendo los sumideros naturales de dióxido de carbono, además de pérdida de suelo con respecto a nutrientes y microorganismos. Lo más evidente y desolador es contemplar el paisaje arrasado después de un incendio, con la pérdida de vegetación, y consecuentemente la pérdida de fauna. Otras consecuencias secundarias serían pérdidas materiales o la disminución del turismo en la zona arrasada. Las secuelas a medio y largo plazo serían erosión y desertificación del terreno quemado en caso de que no se aplicaran medidas de recuperación.

La larga tradición de los incendios ha influido mucho en la composición de nuestros bosques, es decir, los bosques mediterráneos están formados por especies relativamente adaptadas a los incendios, e incluso, algunas, necesitan el fuego para reproducirse. Ejemplos de ellas son los pinos, con cortezas relativamente resistentes al fuego, estas especies además de algunas jaras, producen semillas de cubierta muy dura y que necesita del fuego para poder germinar, incluso los pinos sintetizan resinas y aceites esenciales altamente inflamables. Otras especies muy comunes son las encinas, estas han desarrollado un mecanismo de yemas durmientes, es decir, en caso de dañarse la parte aérea de la planta a consecuencia del fuego estas yemas aseguran rebrotes nuevos para el siguiente año.

Los datos sobre incendios en el país en lo que va de año son ligeramente más esperanzadores que el año anterior, pero los la superficie quemada sigue siendo alarmante, con un total de 36.820,97 hectáreas [superficie similar a 37.000 campos de fútbol], según datos del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM). Concretamente, en 2010 se han registrado nueve grandes incendios (más de 500 hectáreas). En total se han producido 9.264 incendios, de los que 6.131 fueron conatos (menos de una hectárea) y 3.133 incendios (más de una hectárea).

La mejor manera de luchar contra los incendios es la prevención, consistente en una serie de actuaciones que podemos agrupar en tres categorías: l

  • la primera se trata de la concienciación de la población respecto al uso responsable del fuego, evitando de este modo escenarios de riesgo;
  • la segunda es el mantenimiento y desbroce de los bosques y quemas controladas durante las épocas de menos riesgo, ralentizando así, la propagación de fuego en caso de incendio; y
  • la tercera son el establecimiento de políticas, leyes, medidas de vigilancia tanto in situ y como por satélite, además de detección precoz para que los conatos no finalicen en incendio, para ello existen brigadas especializadas preventivas y de prevención integral, como también equipos especializados en extinción.

La tendencia general, gracias a las medidas anteriormente mencionadas, es una ligera disminución en número y extensión de incendios, pero todos los años se pierden miles de hectáreas. Por ello es necesario mantener y mejorar las actuaciones respecto a nuevas tecnologías y mejor capacitación del personal de lucha contra incendios, además de lanzar campañas de sensibilización para que un problema de alta gravedad no caiga en el olvido de las conciencias de todos los ciudadanos.