Salidas a la situación Chopped. Urge formar personas.
"¿Quién me va a entender a mí si yo mismo no me entiendo?" dice la copla. El hombre tiene muy complicado conocerse a sí mismo, saber de las reacciones de su persona y de las consecuencias de sus decisiones y actos. Puede que los tiempos actuales ayuden. El hombre del siglo XX desembarca en el siglo XXI como Colón lo hizo en América. Con un montón de buenas posibilidades pero sin saber qué tierra tocaba. En el orbe occidental el malestar vital creciente y una crisis sistémica financiera están marcando el compás de inicio de esta nueva era.
La angustia fruto del ansia, el miedo a perder el confort adquirido o las cada vez más frecuentes enfermedades mentales, nos ponen sobre la pista de que el modelo de sociedad en el que vivimos tiene su lado oscuro. El sistema puede cubrir todas nuestras necesidades básicas materiales pero lo utilizamos para dotarnos de un montón de productos y servicios esencialmente innecesarios. Los recursos son escasos por definición y así lo entendían nuestros ancestros cazadores. Si se cobraban una presa comían todo lo posible para crear reservas, como hacen los animales en un entorno silvestre. Con la llegada de los asentamientos neolíticos el hombre se aseguraba una continuidad en los recursos alimenticios necesarios y desarrolla métodos de conservación. No era necesario atiborrarse, nace el ahorro. Guardaban los excedentes de un año para el siguiente por si la situación pudiera ser más adversa. Esta estrategia nos permitió prosperar.
La situación actual es otra, todo en abundancia a cambio de un mínimo esfuerzo desligado de la capacidad real del que lo adquiere que aporta a cambio un esfuerzo irreal a la sociedad en una compleja malla de interrelaciones. Lo material se impone, por todas partes ofertas de productos y servicios. ¿Entonces por qué esa angustia por adquirir objetos innecesarios a costa de nuestro esfuerzo? Joan Cunnane, una mujer de 77 años adicta a las compras murió en su casa del norte de Inglaterra tras quedar atrapada en una montaña de maletas que contenían miles de los productos que compró compulsivamente. Esta noticia aparecida en prensa en enero de 2009 y cuyos detalles disponibles no nos permiten saber si dichas compras se realizaron a crédito, indujeron a la ruina económica o no en la persona de Joanson son una clara consecuencia de la oniomaniaca actitud contemporánea surgida de lo más recóndito del campo de las emociones. Rastro del largo periodo de escasez vivido a lo largo de nuestra historia y cuyo legado aún tenemos activo. Acaparo por si mañana no hay disponible y una vez sobrecubierta una necesidad, esa misma emoción de incertidumbre llegará a crearse una nueva necesidad material que cubrir o una carencia emocional sustituida por el objeto o servicio adquirido. Extrapolado este comportamiento a toda una civilización la consecuencia ha sido el colapso financiero actual y la degradación medioambiental creciente, asumidas pero no corregidas. Conocida como situación Chopped.
La tecnología, aséptica en su función y perversa en su uso, ha acelerado esa capacidad de transformación con los nuevos medios de la sociedad de la información y el acceso masivo a la chapa. Las capacidades tecnológicas asociadas a la naturaleza posibilitan el que podamos disponer todos de bienes cercanos a la excelencia y de la misma manera facultan al hombre para el desarrollo de la virtualidad. Llevado al terreno económico, de una parte la economía real y de la otra la financiera. Cuando la deuda deja de estar en la cabeza de las personas o sobre papel y la chapa permite la contratación y generación de derivados financieros, el sistema financiero tiende a la exhuberancia.
En el marco de la transformación social la herencia del siglo de las bombas lega el marxismo como fuerza transformadora de la historia, la conciencia de la historia y el relativismo. Conocemos nuestra historia, tenemos la capacidad para transformarla pero no sabemos como. Nos conocemos pero somos incapaces de gobernarnos en conjunto. La búsqueda del interés particular en forma de un egocentrismo egoísta no nos está permitiendo ser persona. El hombre consciente de su historia puede llegar a entender las consecuencias de sus decisiones, cuando olvida su pasado o se enfrenta a situaciones sin una experiencia colectiva adecuada cada nueva decisión puede inducirle a calamidades que cree fortuitas. Fruto de la mala suerte o responsabilidad de los otros. Pero, ¿quiénes son los otros? Si el hombre actual llega a hacerse esta pregunta se dará cuenta de que los otros también son uno mismo y que la tierra patria es un proyecto común y global. Los seres humanos buscan la felicidad propia que se encuentra en la felicidad de los otros. Y ya hemos visto que los otros son también yo. Las situaciones por las que pasan los otros pueden ser nuestra realidad mañana lo que aumenta la sensibilidad hacia lo que le ocurre al otro. Mi felicidad depende de la de mi vecino y trabajando colaborativamente puedo mejorar y alcanzarla. Resulta esperanzador saber que el hombre contemporáneo puede saber de donde viene, tiene conciencia de la historia y empieza a ser consciente de las consecuencias de sus actos. ¿O no? La población adulta no está asumiendo su responsabilidad sobre los desajustes que provocan sus actos cotidianos. Así que solo un cambio emocional inducido posibilitará evolucionar este modelo de intercambio. Sabemos a lo que nos hemos expuesto pero no como remediarlo. Me conozco pero no me gobierno.
Esa conciencia de lo que uno es y como ha discurrido la historia reside en la memoria. La misma que genera las finanzas. De la misma manera que uno recuerda la sucesión de acontecimientos que le suceden en su vida, la memoria es el medio en el que el hombre conceptualiza la deuda debida o cedida. Deuda que en ocasiones no puede ser satisfecha con dinero y a la que en ocasiones el responsable de adquirirla no puede restituir. Cuando esto acontece, el deudor pierde su credibilidad lo que le impide acceder a nuevos recursos crediticios. Cuando el crédito es empleado en gasto corriente o de consumo, se convierte en una ventaja temporal recibida a cambios de una capacidad para reponerla. Perdido el crédito toda una sociedad pierde la capacidad de regeneración y con ella la del sistema para seguir proveyendo los bienes y servicios demandados. Se trata de situaciones de opulencia que desembocan en episodios de escasez.
Los hijos de la abundancia conscientes de la situación actual, asumida la capacidad para transformar y ajustar el sistema al aprovechamiento del sustento y la felicidad frugal de todos los seres humanos, son los depositarios de una nueva emoción que lograría adaptar el modelo económico al hombre y no el hombre a este modelo económico voraz e ininterrumpido pero no sostenible. Alcanzados los niveles de prosperidad actuales el reto está en darles continuidad y garantía de perfeccionamiento. El mecanismo está claro, las nuevas generaciones deben hacer evolucionar el sistema hacia una economía de personas y no de las cosas. La revolución en los planes de formación orientados a formar personas es la reforma más urgente de todas las que se están poniendo sobre la mesa.
Urge formar personas e incorporarlas sin perder esa cualidad a la sociedad activa. El miedo al otro es el miedo a si mismo, herencia de la escasez natural. El tiempo apremia, en los próximos 10 años empezarán a superar los 65 años los hijos del baby boom español. Equivocadamente se quiere hacer trabajar a los padres de esta generación más años mientras los jóvenes se enfrentan a un sinfuturo donde no encuentran su sitio como agentes activos de la sociedad. Criados en la abundancia sabrán aportar nuevos valores que corrijan los errores de la generación anterior. La inteligencia se ha comunizado, las formas de desarrollar nuevas ideas no parte de individualidades es el momento del grupo. Las tecnologías de la información están ayudando en este cambio.
Nos encontramos en la encrucijada, toda la dificultad presente es resultado de la nueva situación demográfica que exige tomar una de las dos alternativas posibles: renunciar a la sociedad del bienestar parcialmente (pagando la deuda contraída) o evolucionar en el modelo de relación entre las personas (aprovechamos el año jubilar para extinguir deudas vencidas y no cobradas, practicada por los judíos hasta Babilonia 4.000 a.C.). Ambas no convencen a los poderes fácticos, así que iremos recortando, recortando, recortando hasta que surja el imprevisto de siempre y lo encamine. ¿Chernobil Informático o el cambio generacional (en 8 años) que posibilite una nueva realidad?
Al fin y al cabo por encima del orden financiero actual nos jugamos el nuevo por venir de Occidente. La visión historicista confirma la certeza de que adoptando ciertas decisiones se puede transformar la realidad incluso a mejor. ‘Yo sé quién soy’: Don Quixote.





