De lo “Plastigital”
El germen de esta nueva era se remonta a finales del siglo XIX. Por 1871 Antonio Meucci inventó el teléfono en Estados Unidos y lo llamó “teletrófono” aunque no pudo patentarlo por dificultades económicas. Un siglo después, hacia la década de 1980, las tecnologías que reconoceríamos como las bases de la moderna Internet, empezaron a expandirse por todo el mundo. El primer plástico es coetáneo del teletrófono. John Hyatt inventó en 1860 un tipo de plástico al que llamó celuloide fabricado también en los Estados Unidos como sustituto del marfil (cuyas reservas se agotaban) para la fabricación de bolas de billar. Ese mismo celuloide que permitió iniciar la industria cinematográfica, verdadero antecedente de la realidad virtualizada o recreación paralela de la realidad daría lugar a nuevos materiales dispersados de manera artificial por todo el planeta. Y la primera gran crisis económica mundial cabe fecharla en 1873 con la epidemia de la gripe equina en los Estados Unidos y su afectación sobre la tracción animal que obligó a poner pie en tierra al mismísimo séptimo de caballería y al desarrollo de la automoción.
De la misma manera que a través de la automoción y la robotización, el hombre ha delegado parte de las capacidades motrices, con los dispositivos digitales el ser humano cede sus capacidades mentales y las exonera. El caso más evidente es el de la memoria y la capacidad de recordar información o encontrar algo que necesitamos. En los noventa se introdujo la World Wide Web (WWW) y aún hoy casi 5.000 millones de seres humanos no han navegado jamás por Internet. Las cosas llevan su tiempo.
La digitalización ha conseguido acercarnos lo lejano, alejándonos de lo cercano y consiguiendo en su última etapa de difusión masiva de dispositivos y cobertura continua que la realidad física pase a un segundo plano, dando una mayor relevancia a la realidad virtual. Ha sido el triunfo del efímero bit sobre la materia física. Lo intangible sobre lo tangible y con ello la desnaturalización orgánica. La era digital entendida como la posibilidad inmediata de compartir y acceder a la información es ya fenómeno masivo pero no mundial. Si queremos identificar algún fenómeno derivado del desarrollo tecnológico de carácter verdaderamente mundial hablaremos del fenómeno de plastificación o difusión masiva del plástico que acompaña a la sociedad de consumo.
En una nueva fase de evolución tecnológica, de vuelta a la realidad física ya digitalizada, el reto digital consiste ahora en acercarnos tangiblemente lo remoto, transformar el bit en átomo e incorporar el bit como instrucción de comportamiento a la materia. La realidad virtual va a disolverse en la realidad física en forma de materia estática inteligente. Las máquinas capaces de transformar bits en átomos nos van a permitir fabricar cosas en casa o recibirlas por la línea de comunicación. Sin llegar al tele trasporte, facilitarán la replicación.
La revolución digital finalmente consistirá en la capacidad generadora por parte de los ordenadores de cosas y seres inteligentes de naturaleza sintética así como el poder enviarlos de un lugar a otro a la velocidad de la luz. Mientras los bits colman las redes y los polímeros plásticos se prodigan por el planeta tierra la perturbación radioeléctrica modifica la atmósfera y la señal de cobertura de red es cada vez más cercana al cuerpo humano. Comenzamos conectándonos a través del cable que nos obligaba a tener que estar fijos en un lugar para tener cobertura y ahora la cobertura se ha vuelto persuasiva y nos acompaña a todos partes en los dispositivos móviles. Y ese acercamiento de una radiación artificial no es lo único que se nos aproxima. El plástico como material sintético obtenido mediante fenómenos de polimerización o multiplicación semi-natural ha colonizado el planeta y empieza a hacerlo con nuestros organismos. Este es el verdadero fenómeno de alcance planetario, el contacto irreversible de cualquier hombre con el plástico. El como estas dos naturalezas van uniéndose en lo que ha de conformar la nueva bioquímica prevalente, simbiosis de lo orgánico y lo inorgánico, es lo que nos ha de permitir una nueva adaptación a un medio cada vez más tóxico para nuestra aún no abandonada naturaleza orgánica o la definitiva extinción por envenenamiento irreversible de nuestra especie. Estamos condenados a convivir con el plástico y compatibilizarlo con nuestra propia naturaleza.
La plastificación de lo orgánico nace de la dispersión del plástico por el planeta en forma de residuos. Su manifestación más conocida serían los vertidos de petróleo al mar pero la más plástica en todo su sentido es la Isla de Plástico del Pacífico Norte conocida como sopa de basura. Se trata de una zona del océano Pacífico Norte, entre las coordenadas 135° a 155° O y 35° a 42° N con un tamaño aproximado de 2 veces el estado de Texas o lo que es lo mismo 172 veces la superficie de la comunidad de Madrid. La superficie de la tierra supone 735 veces Texas lo que viene a suponer que un 0.14% de la superficie del planeta tierra se encuentra intensivamente plastificada. Esta sopa tiene concentraciones excepcionalmente altas de plástico suspendido y otros desechos. Con certeza el pescado que comemos lleva ya en sus entrañas los polímeros plásticos mezclados con el plancton del que se alimentan. Esta no es la única vía por la que acabaremos comiéndonos el plástico, algunos alimentos tienen ya apariencia realmente plástica, desde luego el chopped así lo parece. El polímero avanza a través del alimento. Los primitivos embutidos ibéricos dejaron de ser lo que eran en el momento de ser embuchados en plástico en lugar de sobre la propia tripa del animal que proporcionaba la carne. Esa ha sido la vía directa de entrada del plástico en nuestro ser.
“Envolvidos” en las señales radioeléctricas, el dilema es si nuestra materia es capaz de dar una lectura de la señal on-line como el hombre ha sido capaz de hacerlo ya sobre una estructura celular. La primera criatura viva de un computador en forma de bacteria artificial y de nombre de Mycoplasma Mycoides JCVI-syn versión 1.0 ha nacido. Sobre una estructura celular de un organismo natural vivo se ha inoculado la carga genética sintética, el conjunto de instrucciones de su desarrollo ha sido escrito en un computador. Este ser tendrá descendencia que podrá ser considerada ya completamente sintética. Cuando estas instrucciones puedan ser incorporadas a la materia estática estaremos ante nueva materia inteligente e inorgánica sin posibilidad de bioerror que dará origen a una nueva forma de evolución no orgánica resultado de la propia evolución natural de la que formamos parte. El hombre ha sido utilizado como catalizador que funde sus desarrollos tecnológicos más recientes: las tecnologías de la información, la biogenética y la materia plástica generada para dar lugar a nuevas formas de vida híbridas entre lo orgánicas y lo sintético.
Esta nueva realidad se caracteriza por una presencia creciente de materia sintética artificial y estática en el entorno y dentro de nuestro propio organismo en forma de prótesis. La cesión de terreno a lo intangible en la realidad física puede llevarnos al extremo de la pérdida de soberanía sobre nuestras vidas una vez esta sea totalmente plastigitalizada. Desde el desarrollo de los primeros polímeros sintéticos hasta su simbiosis con lo orgánico han tenido que pasar más de un siglo si bien ahora es ya una realidad. Por todo lo anterior el planeta tierra tiene ahora sentadas las bases de una nueva era de evolución en la senda de la plastificación que ayudada ahora por la tecnología digital para su difusión y encarnación con la materia orgánica ha de dar lugar a tal vez la primera era de cambio drástico en la fisonomía del planeta no asociado a un cambio geológico si no lo impide antes un fenómeno de esta naturaleza como el posible cambio de polaridad. Bienvenida la Plastigitalización que nos hará “inperennes” que no inmortales siempre y cuando la hibridación con el hombre sea viable y llevadera por nuestra parte.





